
Vivimos en nuestro siglo una gran paradoja, y es que al tiempo que desarrollamos una prosperidad y una riqueza sin precedentes gracias a los avances científicos y tecnológicos, se difunde de manera imparable la pobreza y el hambre.
Los conflictos políticos, las guerras, las catástrofes naturales, las epidemias, no favorecen la lucha contra el hambre que sigue siendo un azote para millones de seres humanos en todo el mundo.
Afortunadamente existen organizaciones internacionales dedicadas al noble objetivo de erradicar esta plaga promoviendo la agricultura en los países más desfavorecidos y todo tipo de voluntariado empeñado en ayudar. Pienso que el primer paso que deberíamos dar todos, siguiendo a estas personas, es el de reconocer que existe un derecho fundamental del ser humano que hay que atender y respetar: el derecho a vivir "libre del hambre". Del hambre física y del hambre espiritual. Porque a la carencia de pan, es decir, de lo más básico, acompaña un abandono, un desprecio a la persona, una pérdida de dignidad que hay que solucionar con mucha generosidad y entrega. Así lo enseñó la Madre Teresa de Calcuta y así lo viven miles de personas que un día se sienten llamadas a alimentar a sus hermanos y, en seguida, comprenden que este alimento debe ir unido al reconocimiento de la dignidad de la persona que sufre y carece de él.
Los conflictos políticos, las guerras, las catástrofes naturales, las epidemias, no favorecen la lucha contra el hambre que sigue siendo un azote para millones de seres humanos en todo el mundo.
Afortunadamente existen organizaciones internacionales dedicadas al noble objetivo de erradicar esta plaga promoviendo la agricultura en los países más desfavorecidos y todo tipo de voluntariado empeñado en ayudar. Pienso que el primer paso que deberíamos dar todos, siguiendo a estas personas, es el de reconocer que existe un derecho fundamental del ser humano que hay que atender y respetar: el derecho a vivir "libre del hambre". Del hambre física y del hambre espiritual. Porque a la carencia de pan, es decir, de lo más básico, acompaña un abandono, un desprecio a la persona, una pérdida de dignidad que hay que solucionar con mucha generosidad y entrega. Así lo enseñó la Madre Teresa de Calcuta y así lo viven miles de personas que un día se sienten llamadas a alimentar a sus hermanos y, en seguida, comprenden que este alimento debe ir unido al reconocimiento de la dignidad de la persona que sufre y carece de él.
Así lo relata el protagonista de esta historia, Narayanan Krishnan, que he encontrado en el blog ‘Noche oscura del alma’, y que explica cómo ha hallado el sentido de su vida en una palabra: "dar".

7 comentarios:
He visto el video, no he entendido nada pero creo que he captado la idea. Como decía la Madre Teresa, los pobres tienen hambre de pan y de amor
Que este Adviento nos recuerde la carencia de pan y de amor de tantos millones de personas. Un abrazo!
Hola Eligelavida: Muchos se extrañan cuando hablan de hambre, guerras, etc. que salga siempre con lo mismo: Dignidad y Justicia. Primero dentro, luego en el barrio, luego la ciudad, la nación, el continente, el globo, sólo en ese orden podemos hacer algo perdurable, reparador.Muy buena entrada, un tipo ejemplar.
Todas las convenciones y encuentros que realizan para abordar el tema de la hambre, debería exigir el conocimiento in situ de cada uno de los asistentes. Tal vez así podrían dejar aparcadas tantas teorias y tanto papel escrito. No hay excusa para nadie. Hay recursos suficientes para que el hambre sea erradicada. No se hace,porque el egoísmo tiene esclavizado a este mundo.
Este tema me sobrepasa.
Aquí se dan citas tantas y tantas manifestaciones de falta de amor que no tengo nada más que pedirle ayuda al Señor y...que seamos siempre conscientes de ello.
Coincido con Angelo, el dinero es el que manda...
ese poder no se quiere soltar.
un abrazo
Hola Elige: Muy bonita entrada. Esperemos y estemos preparados en este tiempo de adviento para recibir a Jesús verdaderamente en nuestro corazón, y así seremos más humanos con los demás hermanos. Saludos y Bendiciones
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