jueves, 25 de noviembre de 2010

Relato de un carmelita

Me llega este correo:

Queridos Fedatarios de la ILP RedMadre: ¿cómo estáis? Conociendo vuestra preocupación y dedicación en defensa de la vida, se que os alentará y animará saber de vidas que se salvan!!! Os adjunto este testimonio reciente de un rescate de RedMadre, porque a todos nos puede servir para ir por la calle con esta convicción de que las personas que van a abortar pasan a nuestro lado y tenemos los medios para evitarlo. Podéis difundirlo a quienes creáis que pueden sumarse a esta labor tan gratificante…

Un cordial saludo
T. R.

Sucedió en Madrid y el Dios de la vida lo hizo

Emotivo relato de un carmelita y un milagro provida

Padre Miguel Ángel M. de D. Es el miércoles 16 de noviembre de 2010. Las doce en punto de la mañana. Me dispongo a llevar la comunión a los enfermos que viven cerca de nuestro convento. Voy al Sagrario y llevo al Señor conmigo en el porta-viático. Él es el consuelo de los enfermos en el dolor, es la medicina del alma y es mejor tener el alma sana aunque el cuerpo esté enfermo, me digo, recordando esta doctrina de Nuestra Santa Madre Teresa. Voy a la calle, recogido, con el Señor en mis manos. Es la hora del Ángelus. Está lloviendo, hace frío en Madrid y las hojas caducas de los árboles de nuestro jardín conventual han formado una alfombra al paso del Santísimo en esta otoñada que anuncia ya el cercano invierno. Salgo a la calle y llevo al señor sobre mi corazón, signo de que le quiero llevar dentro del mismo como tesoro en vasija de barro. Pienso todo esto, recogido. Los coches circulan veloces porque la hora punta pasó y ya no hay atascos en la calle Arturo Soria. La vida agitada de la gran ciudad va a su ritmo. A 20 metros del convento hay un semáforo en rojo para los peatones. Hay que esperar. Son pocos los viandantes en esta zona, más residencial que de comercios, ajardinada.

Una joven espera a mi lado a que el semáforo se ponga en verde y mientras tanto aprovecha para hacerme su pregunta:

Por favor. -¿me puede decir dónde está la clínica El Bosque?

Tiene el acento dulce, propio de los hispanoamericanos. Me quedo mirándole a los ojos unos instantes, con amor grande y no con menos grande tristeza:

Ella refleja esa tristeza en su rostro. Le contesto:

-¡No vayas, por favor, no vayas!

Ella se ha quedado perpleja ante mi respuesta. Piensa quizá que es una clínica de medicina general, y por eso me pregunta a mí, fraile con hábito, que no pasa desapercibido. Y es que esta clínica está a 200 metros de nuestro convento y es, exclusivamente, un abortorio, que lleva funcionando desde hace lustros.

El semáforo se pone en verde y comienza a caminar mientras le insisto.
-¡No vayas, por favor!: Allí matan niños. No vayas si no quieres colaborar en el asesinato de tu propio hijo, ése que llevas dentro.

Se le han llenado los ojos de lágrimas. Se ha encontrado con su propia realidad, con su soledad, con su sufrimiento.

Me dice que vive en la zona de Aluche. Ha venido hasta aquí, sin rumbo, mientras que todos los abortorios de Madrid, (que se enriquecen con la ayuda económica de la Comunidad de Madrid), están más cerca de su casa que este. La clínica del Bosque, El Bosque de la muerte, es la que más lejos está. De punta a punta.

Ella continúa caminando sin rumbo y yo a su lado y en su dirección, repitiendo lo mismo. Vamos los dos con paraguas. Está lloviendo y hace mucho frío.

-Por favor, espera -le digo-, vamos a hablar. Te vamos a ayudar, conozco gente que te puede ayudar. Por favor, no lo hagas, te arrepentirás durante toda tu vida. Espera… vamos a hablar, espera…

Si sigue caminando estoy decidido a ir a su lado, hablándole, hasta la misma puerta de esa clínica. He logrado detenerla y se ha echado a llorar:
-No lo puedo tener, me va a echar del trabajo, estoy sola, no le podré sacar adelante.

-Espera, -le digo- vamos a llamar a quienes te pueden ayudar. Hay otras alternativas.

-Tengo cita y llego tarde -me dice con ademán de marchar. Sigo caminando con ella.

-Espera. ¿Cómo te llamas?

-Mónica.

- Yo Miguel Ángel. Espera Mónica, ya estoy llamando.

Veo que el teléfono tiene muy poca batería y espero que dure. Llamo a Pilar Gutiérrez, del Movimiento Unidos por la Vida, con la que he cooperado en algún proyecto y le cuento muy brevemente la situación. Le paso el teléfono para que hable con Mónica mientras esta se seca las lágrimas con mi pañuelo.

Pilar le dice que no lo haga mientras yo lo pongo todo en las manos del Señor, al que llevo en las mías y miro al cielo encomendándolo a todos los bienaventurados, mártires y santos inocentes de todos los tiempos. Y pido la intercesión de nuestras MM. Carmelitas Descalzas para que la fecundidad espiritual de su vida se manifieste, y pienso en todos los contemplativos de la Iglesia. Mónica corta la conversación. Se defiende de Pilar como de mí. Ante la propuesta de dar a su hijo en adopción, prefiere abortar.

Mónica corta la conversación. Tiene prisa. Llega tarde a la cita en la que va a programar su crimen. Me pasa el teléfono y Pilar me da breves y claras recomendaciones. Pero no hay tiempo. Hay que actuar.

-Mónica, escúchame –le digo- hace mucho frío, ven a mi casa, que está muy cerca. Ven, por favor, vamos a hablar.

-No puedo, pierdo la cita. Ha sido mi novio, me ha dado la dirección de la clínica.

- No te preocupes, -le digo-, no tienes que ir allí para nada.

-Pero usted no me comprende, no está en mis zapatos.

-Si te comprendo –le digo- no estoy en tus zapatos, pero estoy en mis sandalias para intentar tocar la tierra. Vamos.

Desde una habitación del Hospital Anderson, Almudena de Castro observa la escena. Está cuidando a su madre, Paquita Carpeño, operada de cáncer, a la que iba a llevar la comunión. Le dice a su madre que me está viendo, en la calle, con una chica, que seguro que voy a visitarla. No. Se vuelven hacia el convento. Al día siguiente llevaré la comunión a los enfermos.

La he tomado ligeramente del brazo y recorremos despacio los pocos metros que nos separan del convento. Ella no sabe que hace un año, el 28 de diciembre, lloviendo también, nos concentramos con gente del partido Alternativa Española (AES) al lado de ese Bosque, para rezar por los nuevos santos inocentes de hoy y por sus madres, víctimas de este doble crimen que es el aborto. En este instante, mientras esto escribo, un amigo sacerdote me pone un sms diciéndome: Celebré la Santa Misa por Miguel Ángel y sus padres.

Estamos volviendo al convento, que está muy cerca. De nuevo, la alfombra de hojas recibe al Señor, a Mónica con la nueva vida en su seno y a este fraile. Entramos. Se me ocurren mil cosas que decirle y que hacer. Vamos a un ordenador, le digo que se siente y busco en Google: vídeo sobre el aborto. Me llama Pilar, me proporciona al teléfono de una institución provida y me dice que busquemos la página “No más silencio” y “Apóstoles de la vida”.

He encontrado un video precioso que vi hace tiempo y que promocionó Inter economía. Ha salido este video providencialmente. Recuerdo que es tremendo. Y Mónica me dice que ya lo conocía. Lo ve sin dejar de llorar. En este vídeo, un niño habla a su madre desde el seno materno, feliz por haber sido concebido. La mamá tiene problemas diversos y decide ir a abortar. El niño establece un monólogo con su madre, entristecido y mostrando, finalmente su terrible sufrimiento mientras está siendo víctima inocente de este asesinato. Es conmovedor.

Me dice Mónica que si no tengo nada que hacer. Le digo que no. Solo estar con ella. Busco un testimonio de una chica que cuenta su vida después de haber abortado. Mónica lo escucha atentamente. La dejo sola en la habitación. Llamo a mi buen amigo Antonio Torres, al móvil varias veces, no lo coge, llamo al fijo. Me dicen que le dirán que me llame. Llamo a Mercedes Montoro, su esposa, le cuento muy brevemente y me dice que rápido se ponen en camino o ella o Antonio. Ellos colaboran en organizaciones provida. Mercedes me dice:

-Padre, Antonio va para allá. En media hora, están en su convento. Va a Red madre a buscar a Esperanza para que vaya con él y van para allá.

Le digo a Mónica que esté tranquila, que van a venir a ayudarnos. Tiene miedo, porque teme la pérdida del trabajo por estar embarazada. Le digo que no se preocupe, que nos van a ofrecer otras alternativas. Todo esto mientras le sirvo un café y unos dulces. Me pregunta por mi vocación, por qué decidí ser sacerdote. Cuando le digo que fui al seminario con 10 años se sorprende.

Me dice que es de Bolivia y que su novio era español. Al quedarse embarazada, la ha dejado. Su madre vive en España, pero apenas se tratan. Ella vive con su hermana, con la que la relación es nefasta. Está sola. Me dice que es protestante y que, en su confesión, tampoco aprueban el aborto, que ella ha rezado esta mañana y que no cree en las casualidades. Interpreta como providencial el encuentro conmigo. Mónica está más serena. Le pido que se deje ayudar, que ame la vida que lleva dentro y que ya verá como todo sale bien.

Mónica está bautizada. Ella misma lo pidió en su juventud. Nos une el mismo bautismo en Cristo.

Llaman a la puerta. Ya están aquí Antonio y Esperanza. Han llagado en 20 minutos escasos. Antonio, como siempre que se trata de algo importante ha desplegado las alas de su coche y de su caridad. “Nos apremia el amor de Cristo”, pienso con San Pablo.

Nos reunimos los cuatro y Mónica comienza a contar toda su historia desde el principio. Ya tiene un hijo de cinco años. Ella lleva año y medio en España y se casó, muy joven con un militar en Bolivia. El niño está con su padre. Lleva dos años sin verlo. Ella tiene 25 años y el que ha sido su novio en España, 24. Este está trabajando y no quiere que ella tenga el niño, por eso la ha mandado a la clínica que él ha buscado. Ella duda del mutuo amor.

Esperanza está curtida en estas lides, por experiencia propia y por su trayectoria en Red Madre. Escucha, anima, propone, llora y ríe con las dos víctimas de este asunto, madre e hijo. Le habla de cómo ayudan a todo en Red Madre. Le habla del centro de acogida, de cómo ella puede vivir allí y seguir trabajando después de tener a su hijo. Tienen guardería para que esté cuidado mientras el tiempo de trabajo… Mónica se ha ido serenando.

Antonio, con una amabilidad sorprendente, habla a Mónica desde Dios. Ella sabe bastante de la Biblia. Tiene cultura. Recuerda nuestro encuentro a las 12 del mediodía y dice que, al saber mi nombre, se acordó del pasaje de la Anunciación. Dice que no hay casualidades y que esto ha sido para ella un signo de Dios.
Antonio le dice que la vida que lleva dentro no es de ella, que es un regalo de Dios para ella. Todo con una delicadeza genial. Mónica escucha con atención.

También, en la conversación, han surgido algunas bromas y hemos reído. Yo he escuchado con atención. He intervenido, brevemente, alguna vez. Hemos escuchado atentamente. Hemos hablado despacio. He pedido a Mónica su teléfono, email, correo postal. Todo. Antonio le pregunta que si es niño, cómo se llamará. Ella afirma sin titubeos: Se llamará Miguel Ángel.

Esperanza llama a un médico ginecólogo para que la pueda recibir. Tienen cita hoy mismo a las 15 horas en la clínica Moncloa. Son las 14,30.

Todo el tiempo ha estado el Señor con nosotros en el porta- viático, bajo la humilde apariencia de pan. Mónica no se cree aún lo que le ha sucedido. Le parece un sueño. Confiesa que rezó por la mañana antes de salir de casa.

Hay que ser puntuales y a las 14,45 hay que salir. Vamos hacia el coche de Antonio. Esperanza, Mónica y Antonio van a Moncloa. Yo me quedo en el convento con el cansancio de quien regresa de una terrible batalla y con la confianza en el Señor. Esperanza y Mónica se quedan en la Clínica Moncloa. El médico es extraordinario.
Sigo en comunicación con Mónica por teléfono y e-mail. Está con paz. Esperanza se encargará de lo psicológico y material, yo de lo espiritual, que también es importante. Ya he encontrado amigos que me ofrecen ayuda económica para ella y que tiene preparado un buen ajuar para cuando nazca el niño.

Esperamos que esta nueva vida sea para gloria de Dios.

Ayer jueves 18 de noviembre me regaló mi amiga María del Mar Núñez un niñito de cerámica, precioso, durmiendo plácidamente y protegido por las alas de un ángel, el Ángel de Dios. He llevado este detalle a correos y le llegará a Mónica.

Qué terrible la soledad y el sufrimiento de estas chicas.

Sucedió en Madrid y Dios lo hizo.
Dios te guarde. +

Padre Miguel Ángel M. de D.

27 comentarios:

Marta dijo...

Me ha emocionado por su sencillez. Así es como se salvan vidas, decía la Madre Teresa, una a una.

Gracias

Carlos dijo...

El hijo de Mónica se salva porque encuentra a varias personas disponibles que ayudan a su madre y toda una organización detrás. Pero como dice don Miguel Angel, Dios lo ha hecho.

Linda historia. Quiera Dios que se repita muchas veces. Saludos.

Kara dijo...

Que grandeza de testimonio. Ojalá todas las mujeres que han pasado por algo tan terrible hubieran tenido un encuentro como ése. Ojalá Dios las perdone a todas y las ayude. Un beso ¡¡

AleMamá dijo...

Maravilloso encuentro con final feliz. Que Miguel Ángel sea la felicidad de su madre y de cuantos lo conozcan.

Francisco Javier Alba Gomez de Zamora dijo...

Es un testimonio impresionante, y sobre todo como el Señor se vale de mensajeros para actuar: "la mies es grande y los obreros pocos, pedid al dueño de la mies que envie obreros a su mies". Dios los bendiga.

Interruptor dijo...

Me llegó por correo el lunes. Precisamente ayer estuve pensando en postearlo.

Juanjo dijo...

¡Impresionante! Dios lo hizo con la providencia de poner a toda esta buena gente en el camino de Mónica y de su hijo. Un gran testimonio.

LAHDDEC dijo...

Bendito sea el Señor! me he emocionado...

Rafa Monterde dijo...

Bien. Gracias. Rece por mí. In Deo, Rafa.

Rafa Monterde dijo...

Si concéis al Padre Carmelita, claro.

Teresa dijo...

Muy emocionante. Gracias por difundir este testimonio. Un abrazo.

Gran Visigoda dijo...

Lo leí hace unos días, solo puedo dar gracias a Dios porque el hijo de esta mujer fue salvado.Sin duda Dios lo ha hecho. Un abrazo

Interruptor dijo...

Otro testimonio digno de leerse y muy relacionado con este:

http://seniorquecosas.blogspot.com/2010/11/recibido-por-correo-desde-hli.html

Luis y Mª Jesús dijo...

Ya estoy llorando mientras imagino a Esperanza, con su fuerza y su genio, que se transforma en dulzura cuando habla con las madres.

Hace una semana nació en León un niño preciosísimo de una chica que estaba en la calle, abandonada. Está feliz con su niño. Son muchos los testimonios que se podrían contar.

Totalmente de acuerdo contigo en lo de los Reyes.
No tengo ni idea de que hacer para que se actualice el blog, intentaré que me lo configure alguna de esas "joyas" de programadores que tengo en casa pero que siempre tienen mucho que hacer.

Un abrazo

lourdes dijo...

Gracias mil gracias

Xhonane Olivas dijo...

Gracias por compartir este hermoso testimonio! ¡Gloria a Dios por este milagro!

Miriam dijo...

Gracias. Me encanta como Dios salva una vida de un bebe, permitiendonos colaborar, si Le dejamos
Y el 27 vigilia por la vida¡¡

De Zenit:
" El próximo sábado 27 de noviembre, el Papa Benedicto XVI presidirá en la Basílica de San Pedro las Primeras Vísperas de Adviento, y una vigilia de oración por la vida naciente.

Así lo anunció el propio Papa hoy, después del rezo del Ángelus, durante los saludos en los diversos idiomas de los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

Esta iniciativa, explicó el Pontífice, “está en común con las Iglesias particulares de todo el mundo”, y se ha recomendado su desarrollo “también en las parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos”.

“El tiempo de preparación a la Santa Navidad es un momento propicio para invocar la protección divina sobre todo ser humano llamado a la existencia, también como agradecimiento a Dios por el don de la vida recibido de nuestros padres”, afirmó.

Seneka dijo...

¡¡Qué Grande es el Señor!!

LAUDETUR IESUS CHRISTUS!!!

♥Alicia dijo...

¡Gloria a Dios!
Me emocionó este testimonio.
Un abrazo.

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

Gracias Elegida por ese testimonio de nuestro amigo carmelita.
De verdad que hay días que es desesperanzador cuando me lo encuentro en mi correo o en el chat , muchachas desorientadas y empujadas por sus propios parejas a abortar. Algunas desiten o tras por desgracia no.
Recibe mi ternura
Sor.Cecilia

José Miguel dijo...

Impresionante y emotivo testimonio.
Muchas gracias.

Santisiembra dijo...

Que testimonio, con seguridad Miguel Angel sera una Bendición para su Madre y admirable la valentía del Monje carmelita, que esa misma perseverancia e insistencia tengamos cuando se nos cruce una Monica en el camino.

Rafael dijo...

Éligelavida, eres por lo menos tan "lianta" como el tal padre Miguel Ángel. Cuando vi ayer esta entrada, me dije, "se ha pasado, es demasiado larga. No la leo". Esta mañana veo que sigue aquí. "No, no tengo tiempo. Es demasiado larga. Haré una lectura transversal sólo para ver de qué va." ¿Transversal? He empezado y ya no me he desenganchado. Es un testimonio precioso. Te agradezco de corazón que lo hayas compartido. Me ha hecho mucho bien.

¡Sigue así!

mrswells dijo...

Bravo! Bravo!
Que Buen relato para el Adviento y la Navidad

Y no es un cuento.

Elige, debes un dia poner que tipo de ayuda podemos aportar a estas organiozaciones, los nombres de estas, direcciones etc

Capuchino de Silos dijo...

¡Madre mía!
No hay casualidades. Es la Providencia divina.
¡Qué alegría!

Gracias a Dios

NIP dijo...

Sencillamente precioso Elige, en verdad se notaba que "Todo el tiempo ha estado el Señor con nosotros en el porta- viático", necesita nuestras manos, nuestra garganta, nuestra vida coherente. El aborto hay que erradicarlo de nuestra patria.

Ricardo dijo...

Un maravilloso testimonio. Me llegó por correo y me emocionó. Es importante que la gente vea la labor que se hace. Si este religioso no hubiera tenido adonde acudir, las cosas hubieran sido mucho más complicdas. Saludos.

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