lunes, 1 de noviembre de 2010

Impresionante testimonio


Estremecedor testimonio de la propietaria y directora de una clínica abortista que, después de un aborto, cambia radicalmente su vida.


5 comentarios:

Ana Belén dijo...

Como dice el título de tu entrada: IMPRESIONANTE. Gracias por este testimonio. Ojalá cada vez sea más la gente que se conciencie sobre la verdadera realidad del aborto...
Un abrazo!

Gran Visigoda dijo...

Feliz ella en su desgracia que pudo darse cuenta, ojala y se ablandaran todos los coraones de piedra!

Salvador Pérez Alayón dijo...

Pero fue más mi deseo carnal, honestamente...que me empujó a abortar.

He defendido que esta es una de las causas más comúnes que originan el asesinato de los niños, y lo acabo de oír de labios de una madre que fue empujada a ello por ese motivo.

Es impresionante ver como el egoísmo mata impunemente. Pero es alentador también observar como la verdad va poniendo las cosas en su sitio.

Tenemos la esperanza que JESÚS ya pagó, con su Muerte de Cruz y Resurrección, por todos esos niños inocentes que han, mueren y morirán, pero en la serenidad y paz de que están salvados, debemos continuar la lucha serena, pacífica y en paz en emerger la verdad del valor de la vida.

Un fuerte abrazo en XTO.JESÚS.

Angelo dijo...

Ojalá cada testimonio haga desistir a muchas, de caminar hacia el lugar donde matan bebés, que logren que den media vuelta y opten por traer a sus hijos a este mundo.

Oceanida dijo...

Espero y rezo porque esto les pase a muchas personas que ahora no se dan cuenta de lo que hacen apoyando el aborto.

Fantastico testimonio.

Un abrazo querida amiga.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).