domingo, 3 de octubre de 2010

La rareza de ser amable


Un amigo mío iba a pagar el billete del metro.

Apenas había dejado su moneda de cien pesetas sobre el cajetín de los pagos, le llegó desde el otro lado del cristal la sonrisa de la taquillera, que le decía: “Hoy no tiene que pagarme.”

El asombro circuló por el rostro de mi amigo. “¿Qué ocurre, es gratis hoy?”

“No-dijo la taquillera-, es que ayer se fue usted sin recoger la vuelta.”

“¿Y cómo me ha reconocido usted? ¿Se acuerda de mi cara?”

“No, no-aclaró la taquillera-. Además, ayer no estuve yo aquí.”
“¿Y entonces?” El asombro de mi amigo crecía.

“Verá-aclaró ella-. Mi compañera me dijo: 'Dale el cambio a ese señor que todos los días dice: '¡Buenos días!' Era inconfundible, porque es usted el único.”

Se trata de una anécdota publicada hace años por José Luis Martín Descalzo.

12 comentarios:

Caminar dijo...

Sencillo y espléndido. Así deberíamos ser amables y delicados en todo momento, ¡cuesta tan poco y puede hacer tanto bien!
¿No se dice de Jesús, simplemente que "pasó haciendo el bien"?
Gracias por la entrada.
En Cristo

Ana Belén dijo...

La amabilidad siempre es una buena tarjeta de presentación. Me ha gustado.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Claro, y para evitar esto, el socialismo ha inventado la asignatura de educación para la ciudadanía........

Juanjo dijo...

Y habrá cada vez menos amabilidad. La gente es cada vez mas individualista y centrada en sí misma. A lo cual no ayuda nada la cultura de pantallas en la que estamos. Interactuamos mas con una pantalla que con personas.

Gran Visigoda dijo...

Hoy nos sorprendemos cuando alguien nos trata amablemente en una tienda, en el autobus, o simplemente por la calle cuando eso debería de ser lo habitual...
EL hombre cada vez vive más para si mismo.
Un abrazo!

Aquiles dijo...

Me gustaba leer las columnas de Martín Descalzo. Un bonito homenaje.

Miriam dijo...

Genial y muy muy real. No conocía la anécdota.
Cuesta poco, pero se olvida, se me olvida mucho, cuando voy pensando en cien mil cosas.
El buenos días, por favor, gracias...
Gracias por la entrada ;O)

Miriam dijo...

Genial y muy muy real. No conocía la anécdota.
Cuesta poco, pero se olvida, se me olvida mucho, cuando voy pensando en cien mil cosas.
El buenos días, por favor, gracias...
Gracias por la entrada ;O)

Bruce dijo...

Amabilidad ¿eso que es?.
Lo que enseñan ahora en los colegios en esa asignatura de educación para la masonería.

-"¿Señorita enfermera es usted tan amable de pasarme la aspiradora para sacar este feto abortado del útero de su madre?

-Por supuesto, como no! señor doctor, es usted todo un encanto".

Prefiero la gente como el padre Pio, más bruta, pero más buena.

mar dijo...

Gracias, por favor, disculpe usted, pase primero, es un placer... palabra olvidadas ya de nuestra vida cotidiana.
Que pena!
Feliz tarde a todos.
Saluditos MAr

Oceanida dijo...

Siempre, siempre ponerlo en practica. No cuesta y es reconfortante.

Abrazos!

Oceanida dijo...

Yo sigo pensando que hay gente amable...al menos me la sigo encontrando....

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).