viernes, 1 de octubre de 2010

El dolor de los inocentes


Es bien sabido por qué mucha gente no quiere reconciliarse con Dios. Dicen: hay demasiados inocentes en el mundo, demasiados sufrimientos injustos. Reconciliarse con Dios supondría reconciliarse con la injusticia, aceptar el dolor de los inocentes, ¡y yo no quiero aceptarlo! No se puede creer en un Dios que permite el dolor de los inocentes (A. Camus); el sufrimiento de los inocentes es "la roca del ateísmo" (G. Büchner).

¡Pero eso es un terrible error! Esos inocentes están cantando ahora el cántico de victoria del Cordero: "Eres digno. Señor, de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación..." (Ap 5,9). Ellos siguen la "estela" del Cordero, mientras que nosotros seguimos ahí, en esa "roca" desdichada.

Sí, hay mucho dolor inocente en el mundo, tanto que ni siquiera podemos imaginárnoslo, pero ese dolor no tiene alejado de Dios al que lo sufre (es más, lo une a Él más que ninguna otra cosa), sino sólo al que escribe ensayos o discute, sentado cómodamente en su mesa, sobre el dolor de los inocentes. Los inocentes que sufren (empezando por los millones de niños a los que se mata en el seno de su madre) forman un "bloque" con el inocente Hijo de Dios. Estén o no estén bautizados, forman parte de esa Iglesia más amplia y oculta que empezó con el justo Abel y que abraza a todos los perseguidos y a todas las víctimas del pecado del mundo: la Ecclesia ab Abel. El sufrimiento es su bautismo de sangre. Al igual que los Santos Inocentes, cuya fiesta celebra la liturgia inmediatamente después de la Navidad, ellos confiesan a Cristo, no hablando sino muriendo. Ellos son la sal de la tierra. De la misma manera que la muerte de Cristo fue el mayor pecado de la humanidad, y sin embargo salvó a la humanidad, así también el sufrimiento de esos millones de víctimas del hambre, de la injusticia y de la violencia son la mayor culpa de la humanidad de nuestros días, y sin embargo contribuyen a salvar a la humanidad. Si todavía no nos hemos hundido, tal vez se lo debamos también a ellos, ¿y podemos llamar a todo eso inútil y desperdiciado? Pensamos que es un sufrimiento perdido porque ya no creemos de verdad en la recompensa eterna de los justos, en la fidelidad de Dios. No es la imposibilidad de explicar el dolor lo que hace perder la fe, sino la pérdida de la fe lo que hace inexplicable el dolor.

Extracto de la homilía: ‘Cristo, crucificado por su debilidad, vive ahora por la fuerza de Dios’.
Autor: Raniero Cantalamessa

12 comentarios:

Armando dijo...

Los que están alejados de Dios, o dicen no querer conocerlo, es la actitud negligente y opresiva que pagamos por nuestra mal entendida libertad.
Injusticias, guerras, hambre, miserias, persecuciones, violaciones, maltratos etc., son fruto de ese desconocimiento de quienes somos y para qué estamos aqui.
Un mundo que anhela cambio, puede traspasar todas esas fronteras, y para ello, debemos hacerlo cada uno de nosotros independientemente, sin esperar a que primero lo hagan los demás.
Un abrazo.

TIRSO dijo...

Esta ultima frase me recuerda el "quiero creer para comprender y no comprender para creer". Lo sinto pero no recuerdo su autor.

Saludos

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

No sabes como me gustaría borrar la palabra «DIOS PERMITE EL MAL»qué horror!!!, Dios nos ha dejado libres y no puede hacer nada contra esa libertad, se la dío al hombre y no sabe usarla, ya le tocara rindir cuantas. Entretanto, amémos a los que sufre
Con ternura
Sor.Ceclia

Seneka dijo...

Lo que dice Cantalamessa es una gran verdad, pero eso no debe ser un bálsamo para nuestras conciencias. Porque, por encima de todo, los sufrientes, los pobres, son el otro Cristo que pasa por nuestras vidas, y ante su dolor no podemos caer en la tentación de conformarnos con una visión espiritualista del tema.

El teólogo W. Cavanaugh dice algo al respecto en un artículo suyo en el que podríamos trasponer muy fácilmente el papel de los hambrientos por el de los sufrientes:

"Nuestra tentación es espiritualizar todo este discurso sobre la unión, para convertir nuestra conexión con el hambre en un acto místico de simpatía imaginativa. Podríamos entonces pensar que ya estamos en comunión con aquellos que carecen de alimentos, atendamos o no a sus necesidades. En Mateo no hay nada de esto, y se coloca la obligación de alimentar a los hambrientos en el contexto del juicio escatológico. Pablo también coloca el descuido para con los hambrientos en el contexto del juicio. En la celebración eucarística en Corinto, que incluía una comida en común, los que comen mientras otros pasan hambre "mostrais desprecio por la Iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen nada" (I Cor. 11:22). Los que así, de una "manera indigna", participan del cuerpo y la sangre de Cristo "comen y beben su propia condenación" (11:27. 29). Aquellos de nosotros que participamos en la Eucaristía, ignorando el hambre podemos comer y beber nuestra propia condenación."

Un saludo-

Angelo dijo...

La mayoria de veces, los que sufren el dolor, son los que precisamente encuentran alivio en estar cerca de Dios.Hay una pelicula: The Human experiencia, que retrata muy bien las escenas que relatas. Hablaré dentro de unos días de ella.Un abrazo

sandra dijo...

Me ha encantado el post, especialmente la última frase: "No es la imposibilidad de explicar el dolor lo que hace perder la fe, sino la pérdida de la fe lo que hace inexplicable el dolor."

Bruce dijo...

El mal ejmplo de más de un creyente hace bastante peor daño a los que no tienen fe, que el misterio de la permisión del dolor por parte de Dios.

Ana Belén dijo...

Dios nos pide que amemos incluso a nuestros enemigos. Si todos les hicieramos caso se acabaría el sufrimiento...Pero también tenemos un concepto del amor equivocado... nos cuesta aceptar y comprender el amor que Jesús nos tiene y al cual estamos llamados (desinteresado, comprensivo, tolerante, libre, generoso...)Es un amor poco corriente en nuestra sociedad, y personalmente, creo que cuesta mucho aprender a amar así, (yo por lo menos así lo siento) pero cuando te decides a dar pequeños pasitos por este camino vas sintiendo paz y alegría, que es lo que Dios quiere para todos nosotros.

Un abrazo

Miriam dijo...

Qué gran misterio el del sufrimiento.
Lo que tengo clarísimo es que sin Dios, sin Cristo, el sufrimiento es terrible, desesperante, es sufrir en completa soledad

Maria del Rayo dijo...

El sufrimiento ofrecido unido al de Jesús se transforma en oblación agradable al Señor.
Así lo entiendo.
Besos.

su chico dijo...

Sin dolor nunca reaccionaríamos a tiempo de sanar lo que enfermó
¿Mejor no saber del dolor?
Negar la enfermedad no implicará necesitar de un médico
La electricidad, como la gravedad, existe siempre; aunque nada caiga, aunque no me dé la corriente
Nuestro corazón late a impulsos eléctricos.
También nuestra alma se siente atraida por Su Gravedad

En el Amigo
Al + Mc

Oceanida dijo...

Exactamente! Con la Fe el dolor se entiende perfectamente, somos humanos y nos duele el dolor y quisieramos que no estuviera ahi, pero los creyentes nos enfrentamos a el y lo aceptamos. eso es imposible sin Fe pero mas facil tambien, porque no cuesta mirar a otro lado. Porque no hay nadie en ningun lado. Ceguera.

Un abrazo.

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