viernes, 9 de abril de 2010

«Mujeres: reconciliad a los hombres con la vida»


En el cambio cultural en favor de la vida las mujeres tienen un campo de pensamiento y de acción singular y sin duda determinante: les corresponde ser promotoras de un «nuevo feminismo» que, sin caer en la tentación de seguir modelos «machistas», sepa reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino en todas las manifestaciones de la convivencia ciudadana, trabajando por la superación de toda forma de discriminación, de violencia y de explotación.

Recordando las palabras del mensaje conclusivo del Concilio Vaticano II, dirijo también yo a las mujeres una llamada apremiante: «Reconciliad a los hombres con la vida».

Vosotras estáis llamadas a testimoniar el significado del amor auténtico, de aquel don de uno mismo y de la acogida del otro que se realizan de modo específico en la relación conyugal, pero que deben ser el alma de cualquier relación interpersonal.

La experiencia de la maternidad favorece en vosotras una aguda sensibilidad hacia las demás personas y, al mismo tiempo, os confiere una misión particular: «La maternidad conlleva una comunión especial con el misterio de la vida que madura en el seno de la mujer... Este modo único de contacto con el nuevo hombre que se está formando crea a su vez una actitud hacia el hombre —no sólo hacia el propio hijo, sino hacia el hombre en general—, que caracteriza profundamente toda la personalidad de la mujer».

En efecto, la madre acoge y lleva consigo a otro ser, le permite crecer en su seno, le ofrece el espacio necesario, respetándolo en su alteridad. Así, la mujer percibe y enseña que las relaciones humanas son auténticas si se abren a la acogida de la otra persona, reconocida y amada por la dignidad que tiene por el hecho de ser persona y no de otros factores, como la utilidad, la fuerza, la inteligencia, la belleza o la salud. Esta es la aportación fundamental que la Iglesia y la humanidad esperan de las mujeres. Y es la premisa insustituible para un auténtico cambio cultural.

Evangelium vitae

7 comentarios:

Teresa dijo...

Es impresionante cómo las palabras de Juan Pablo II son siempre actuales. Y que bonita invitación a extender un reinado del Amor.

Ricardo dijo...

Nuevamente, vemos que el Papa anima a las mujeres a promover un nuevo feminismo que no siga el modelo machista. La ideología de género debería estar más que superada a estas alturas...

Guerrera de la LUZ dijo...

Es cierto que la maternidad te cambia muchísimo, ves todo el mundo desde una nueva perspectiva, y hay muchas mujeres que son también madres sin haber traído niños al mundo, es que lo llevamos dentro.

Besos cielo. Gracias por acercarnos las palabras del Santo Padre, que siempre nos abrigan.

Juanjo dijo...

Es decir, volvemos a lo de siempre, al sitio de donde nunca debimos salir. Las mujeres se ocupan de los niños, y los hombres de ganar dinero, sin que ambas cosas sean excluyentes. Una mujer puede y debe aportar algo al hogar y realizarse profesionalmete.

Y un hombre tampoco le viene mal leerle algún cuento al niño.

Oceanida dijo...

Yo no tengo hijos propios, pero adoro a todos los pequenos.

El hombre a vece se pierde en sus pensamientos y su estilo de vida alejado de la familia o incluso dentro de la familia. Es nuestro deber como mujeres hacerlos volver y mostrarles el bello camino de la vida.

Que bonto posta Elige.

Un abrazo.

Yuria dijo...

Un placer volver por tu blog. Me ha encantado el post en cuanto que son cosas de nuestra competencia (mujeres).

Un beso.

Angelina de Maria dijo...

COMO SIEMPRE LO PREDICO,SEMBREMOS Y ALENTEMOS A TOMAR CON AMOR Y DEVOCION LA PROFESION DE SER MADRES.
UN ABRAZOTE AMIGA.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).