martes, 9 de febrero de 2010

Dignidad para recibir la Santa Comunión


Presentarse para recibir la Sagrada Comunión debería ser una decisión consciente, basada en un juicio razonado respecto de la propia dignidad para hacerlo, según los criterios objetivos de la Iglesia, haciéndose preguntas como: «¿Estoy en plena comunión con la Iglesia católica? ¿Soy culpable de algún pecado grave? ¿He incurrido en una pena (por ejemplo, la excomunión, el entredicho) que prohíbe que reciba la Sagrada Comunión? ¿Me he preparado ayunando por lo menos una hora antes?»

La práctica de presentarse indiscriminadamente a recibir la Sagrada Comunión, simplemente como consecuencia de estar presente en la Misa, es un abuso que debe ser corregido (véase Instrucción Redemptionis Sacramentum, nn. 81, 83).

La Iglesia enseña que el aborto o la eutanasia son pecado grave. La encíclica Evangelium vitae, respecto de decisiones judiciales o leyes civiles que autorizan o promueven el aborto o la eutanasia, declara que existe «una grave y clara obligación de oponerse por la objeción de conciencia. En el caso de una ley intrínsecamente injusta, como una ley que permite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito por tanto obedecerla, o participar en una campaña de propaganda a favor de tal ley o votar por ella».

Los cristianos tienen «una grave obligación de conciencia de no cooperar formalmente en prácticas que, aun permitidas por la legislación civil, son contrarias a la ley de Dios. En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente con el mal. Tal cooperación nunca puede ser justificada invocando el respeto a la libertad de otros, o apelando al hecho de que la ley civil lo permite o lo requiere».

Aparte del juicio de un individuo respecto de su propia dignidad para presentarse a recibir la Santa Eucaristía, el ministro de la Sagrada Comunión se puede encontrar en la situación en la que debe rechazar distribuir la Sagrada Comunión a alguien, como en el caso de un excomulgado declarado, un declarado en entredicho, o una persistencia obstinada en pecado grave manifiesto (véase canon 915).

Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación formal de una persona es manifiesta -entendida, en el caso de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia-, su párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que termine con la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía.

Cuando «estas medidas preventivas no han tenido su efecto, o cuando no han sido posibles», y la persona en cuestión, con obstinada persistencia, aún se presenta a recibir la Sagrada Comunión, «el ministro de la Sagrada Comunión debe negarse a distribuirla». Esta decisión, propiamente hablando, no es una sanción o una pena. Tampoco es que el ministro de la Sagrada Comunión esté realizando un juicio sobre la culpa subjetiva de la persona, sino que está reaccionando ante la indignidad pública de la persona para recibir la Sagrada Comunión debido a una situación objetiva de pecado.

Nota: Un católico sería culpable de cooperación formal en el mal, y tan indigno para presentarse a la Sagrada Comunión, si deliberadamente votara a favor de un candidato precisamente por la postura permisiva del candidato respecto del aborto y/o la eutanasia. Cuando un católico no comparte la posición a favor del aborto o la eutanasia de un candidato, pero vota a favor de ese candidato por otras razones, esto es considerado una cooperación material remota que sólo puede ser admitida ante la presencia de razones proporcionalmente graves.

De la carta: "Dignidad para recibir la Santa Comunión. Principios generales" (2004).
Autor: Joseph Ratzinger, Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

7 comentarios:

Salvador Pérez Alayón dijo...

Sólo el hecho de dudar en la decisión a elegir en caso de una posibilidad abortiva en peligro de muerte, nos debe hacer pensar a la hora de acercarnos a recibir el CUERPO y la SANGRE de CRISTO.

Debemos pensar que criterios mantenemos a la hora de decidir sobre la vida, eutanasia, eugenesia, divorcio, disponibilidad de perdonar, votar a qué partido...etc.

Podemos llevarnos también muchos disgustos y sorpresas, pues nuestro PADRE DIOS es infinitamente misericordioso, pero también infinitamente justo.

Un abrazo.

dadaista dijo...

¿Qué ha sido de centro internacional por la vida?

Gracias y Sds

PD. En cuanto a este artículo, Coincido al 100% en que recibir formalmente a Cristo en la casa del señor es algo muy serio...Tal vez sea por eso por lo que yo nunca comulgo.

Ricardo dijo...

Impresionante documento que despeja todas las dudas al respecto, si es que todavía alguien tiene dudas. Recordemos que se trata de una carta de 2004, pero de una doctrina que la Iglesia proclama desde siempre.

bate dijo...

Qué difícil es ser católico en esta época que nos toca sufrir querido/a EligelaVida.
Me ha impresinado por la claridad de ideas, el primer párrafo del Sr. Salvador Pérez Alayón.
Gracias por tu blog, hoy, más que otras veces, necesitaba saber que no estoy sólo.

Un Saludo

Juanjo dijo...

"Cuando un católico no comparte la posición a favor del aborto o la eutanasia de un candidato, pero vota a favor de ese candidato por otras razones, esto es considerado una cooperación material remota que sólo puede ser admitida ante la presencia de razones proporcionalmente graves".

¿¿Qué parte de esto no entienden los católicos votantes del PP??

DonJoan dijo...

Hola Elige: muchas gracias por colgar esta Carta, que no conocía y con la que también estoy de acuerdo. Sólo querría precisar que no se puede poner en el mismo plano al político que hace campaña del aborto o de la eutanasia y se empecina en defender esa legislación o política legislativa y el votante del partido al que pertenece ese político. Está claro que en el ámbito moral ambos tienen su grado de responsabilidad (mucho mayor por parte del político), pero eso no significa que el segundo pueda ser tratado como el primero por parte del párroco. Hay que tener cuidado porque algunos de tus comentaristas han equivocado los planos.

Un saludo

Salvador Pérez Alayón dijo...

Creo que hay un criterio firme y claro: la defensa de la vida por encima de todo.

Precisamente, en el Evangelio de hoy, JESÚS reprende a los judíos porque anulan el mandamiento de DIOS por mantener sus tradiciones.

Moisés dijo: "Honra a tu padre y madre" y "el que maldiga a su padre o madre tiene pena de muerte"; en cambio, ustedes dicen: Si uno le dice a su padre o a su madre."Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo", ya no le permites hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la Palabra de DIOS con esa tradición que se transmiten; y como estas hacen muchas...

Nuestro SEÑOR JESÚS nos pone de manifiesto que ante todo y sobre todo está la persona humana. No hay nada por encima de ella. Por eso ÉL murió en la Cruz.
Dudar o suavizar ciertas actitudes ante la defensa de la vida es atentar contra ella.

Cada cual sabe lo que sale desde dentro de su corazón... Por eso, también nos dice JESÚS, antes de acercarte al altar, vete y arréglate con tu hermano... pon tu corazón de acuerdo con la Voluntad de DIOS y entonces acércate al altar...

No hay términos medios, ni medias verdades. Claro, que cada caso debe reflexionarse y estudiarse, porque puede ser que el partido defienda una cosa y el político, perteneciente a ese partido, diga otra. Sin embargo, lo que prevalece es lo que el partido, la asociación o lo que sea tenga como objetivo, ideología o meta, y en eso la vida no tiene ninguna discusión, está por encima de todo y es un don que nadie puede tocar.

Un abrazo.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).