lunes, 31 de agosto de 2009

¿Existe el "amor matrimonial"?


Anoche estuve en El Escorial, tomando unas tapas con un grupo de amigos de edades muy variadas. Entre ellos, Carmen y Ricar, una pareja de novios en los treinta que se casará el próximo septiembre. En el curso de la conversación, a uno de los “vejestorios” de 55 años, se le ocurrió mencionar el “amor matrimonial”, así, como suena, y ¡no sabéis la que se armó entre los más jóvenes!

Que si el amor es el amor y no necesita papeles, que si se casa quien quiere y eso “se respeta”, ¡faltaría más!, pero ni falta que hace para experimentar el amor. Y ya podéis figuraros lo que significa para los jóvenes eso de “experimentar” el amor.

Uno de los más firmes defensores del amor libre, como siempre, Alfonso, hijo de unos amigos. Para que os hagáis una idea, os diré que Alfonso es guapo, inteligente, de familia “con posibles”, que se decía antiguamente, 24 años y a punto de terminar medicina. Su opinión de los que se casan es muy gráfica, simplemente, “están como cabras”. Nos dice:

El matrimonio hoy por hoy ya no tiene razón de ser. Antes... sí, porque la mujer vivía muy desprotegida socialmente, y necesitaba el apoyo del hombre, que era el que recibía educación, el que manejaba el dinero y el que tomaba las decisiones. Pero hoy, que las mujeres estudian y tienen los mismos derechos que el varón, ¿qué sentido tiene esclavizarse en el matrimonio? Hoy, por fortuna, podemos disfrutar de los placeres del matrimonio, sin tener que cargar con los fardos que nuestros padres llevaban al cuello. La mujer, los hijos, el jefe, los médicos de los niños, los colegios... Y total, ¿para qué?”

Le pregunto si cree en el amor.

“Bueno- duda – es que en esto que llamamos amor hay mucha mentira. Todo el mundo sabe que a una chica le gusta un hombre porque reúne ciertas condiciones. Vamos, que es algo así como un casting, y no esa trola del sentimiento profundo y bla, bla, bla, que nos cuentan nuestros abuelos”.

Marga, que fue a su mismo instituto y hoy es novia de un amigo le apoya diciendo que las chicas también hacemos nuestros castings:

“Cuando vamos a discotecas o a fiestas donde sabemos que podemos conocer chicos, vestimos de una forma determinada. Procuramos estar guapas para atraerles, pero no demasiado provocativas, para que no se echen atrás. Porque a los hombres les encanta “ligar” con mujeres fáciles, pero en el fondo las desprecian. Así que tenemos que mantenernos en un término medio. Y por cierto, aunque a las chicas nos gusta mucho hablar, somos capaces de escuchar durante horas las batallitas del machito de turno y fingir que estamos muy interesadas, y...”

Yo, entre tanto, muda, interesadísima y preguntándome si cuando yo tenía veinte años, también pensábamos así. Por fin, Víctor, el sensato del grupo, se anima a hablar y explica que el matrimonio no es solo un contrato. Es algo mucho más profundo, dice, una institución natural, es decir, una institución basada en la ley natural, que es aquella que deriva de la ley eterna de Dios. La respuesta de Alfonso es inmediata:

“¡Venga hombre, eso lo dices tú y cuatro curas!”

viernes, 28 de agosto de 2009

Cómo ser joven y no morir en el intento


Según un documento publicado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), los jóvenes españoles «tienen una alta percepción» del riesgo que suponen las drogas pero optan por consumirlas por los «beneficios sociales» que esperan obtener de ellas: la desinhibición, la euforia, el aguante, la relajación y, sobre todo, el no sentirse «raros».

Al parecer, para la mayoría de nuestra juventud es válido el axioma de que «para ser joven hay que consumir drogas». Tan sólo un 29% de los jóvenes se oponen claramente a su consumo.

Si los jóvenes no son idiotas, y yo creo que no lo son, saben que las drogas van asociadas al crimen, a la transmisión de enfermedades infecciosas, a la pérdida de trabajo, al descenso de niveles académicos, a daños cerebrales y a todo tipo de violencia y desórdenes familiares y sociales. Entonces, ¿por qué consumen?

Vivimos en una sociedad que fomenta el hedonismo e incita a los jóvenes a buscar el placer inmediato; la formación en valores brilla por su ausencia; el estudio y el trabajo requieren esfuerzo y hemos educado a una generación que tiembla ante esta palabra, que llora si no tiene la Wii, que no es feliz si no puede comprarse el i Phone de última generación, que no sabe divertirse si no se emborracha; tenemos una juventud que consume para superar el aburrimiento; chicos y chicas que, carentes de personalidad, se sienten agobiados si son diferentes y no saben decir NO al botellón.

En resumen, hemos creado una sociedad enferma, carente de valores, donde existe una gran tolerancia social hacia el consumo y una oferta de estupefacientes fáciles de adquirir.

Naturalmente que existe otra juventud que no se asusta ante la responsabilidad, que quiere prepararse para el futuro y a la que no le da miedo nadar contra corriente. Pero admitámoslo, son los menos.

En el centro de Madrid hay una discoteca de moda que abre sus puertas muy temprano por la tarde, para que los adolescentes entren “en teoría” a bailar. Al lado, hay un comedor de indigentes. Delante de la discoteca se forman grandes colas todas las tardes. Dentro del comedor, un pequeño grupo de voluntarios sirve las comidas a los sin techo. El día que la cola de jóvenes se forme ante ésta última puerta, sabremos que nuestra sociedad ha comenzado a reaccionar.

miércoles, 26 de agosto de 2009

La guerra al Crucifijo


Una de las “perlas” del verano del ministro de Justicia, Francisco Caamaño, ha sido el anuncio de que el Gobierno español pretende prohibir los símbolos religiosos en los centros educativos públicos a partir del próximo otoño.

Impulsada por la revista Ecclesia, ha surgido una iniciativa en Facebook: la creación del grupo "Sí al crucifijo".

Frente a ellos, los medios de comunicación laicistas. Ayer, el diario “El País”, lanzaba una editorial apoyando el propósito del Gobierno de suprimir los símbolos religiosos de los lugares públicos, argumentando que la libertad religiosa exige que el espacio institucional esté libre de símbolos.

Es curioso como todos estos que dicen defender la tolerancia y la libertad, apoyan la eliminación de los símbolos cristianos, al tiempo que extienden supersticiones. Porque, ¿cuántos ateos o agnósticos conocéis? Yo, muy pocos. La mayoría de ateos que conozco son en realidad, militantes anti-católicos. A estos defensores de la libertad no les he oído una sola palabra en defensa de la mujer musulmana condenada a ser azotada por beber una cerveza. Su preocupación se centra siempre en atacar a la Iglesia católica. Las injusticias del mundo, en realidad, les traen al fresco.

Sólo aquellos que veneran al Estado como a un dios, se sienten ofendidos ante el crucifijo e imponen su tiranía. El Estado manda y dice lo que los ciudadanos deben pensar. Si opinas que dos hombres no pueden formar matrimonio, ofendes al Estado y eso es grave. Si crees que no se debe pactar con terroristas, eres poco tolerante con los “accidentes”. Si piensas que no se debe matar a los bebés en el seno de sus madres, eres antifeminista y no piensas en las mujeres.

Francamente, no comprendo el rechazo generalizado de nuestra sociedad laicista hacia los símbolos cristianos y la aversión concreta hacia el crucifijo. Se trata de un ataque contra la Iglesia donde caben declaraciones, tiranías y profanaciones a los símbolos más sagrados de nuestra fe. Y esto no es algo nuevo. En España, durante el otoño pasado, asistimos a una guerra abierta en contra de la Iglesia en general, y del crucifijo y el Rosario, en particular.

Sólo me queda decir lo que ya dije entonces en la web “eligelavida”: a los anti-Dios les molesta contemplar un crucifijo, signo del dolor humano, del perdón y la redención, y parte de la historia del mundo. Sin embargo, es difícil encontrar otro signo que exprese con tanta fuerza el destino humano. Destino que abarca asimismo a los que quieren matar a Dios, pues por ellos murió también Cristo.

jueves, 20 de agosto de 2009

La RU-486 o la trivialización del aborto


La ética médica -desde el juramento hipocrático a la Declaración de Ginebra- impone el máximo respeto a la vida humana, a todo ser humano sin discriminación. El rechazo de la RU cobra particular energía, no porque sea simplemente abortiva, sino porque, en su diseño ideológico, que no en su práctica, pretende trivializar el aborto, reducirlo a una rutina, sin dimensión psicológica ni responsabilidad ética.

Tal trivialización del aborto por la RU-486 se da, para empezar, al nivel biológico. La RU, en su condición de antihormona, tergiversa el lenguaje molecular que es necesario para mantener el embarazo, va separando poco a poco, pero de modo muy preciso, al embrión de la madre, y lo mata, lenta e inexorablemente, a lo largo de uno o dos días. Muerto el embrión, sus restos son eliminados gracias al efecto de una prostaglandina. El acto mismo del aborto no es muy diferente de un menstruo algo más abundante y fastidioso de lo normal.

Desde el punto de vista humano, estamos ante una variante, más prosaica y vulgar, de aborto, carente del dramatismo y la tensión del aborto quirúrgico, que aspira a convertir ese drama humano en algo irrelevante, en algo parecido a tratar con un vermífugo, un parásito intestinal: todo consiste en ingerir un preparado y esperar sus efectos.

La RU está diseñada justamente para eso: para desdramatizar el aborto, para blanquearlo, para que todos nos olvidemos de él, para que nadie sienta remordimientos por la vida engendrada y selectivamente destruida.

Lo demoledor de la RU-486 consiste en desproblematizar afectiva y racionalmente el aborto, en extinguir lo poco de humano que le queda todavía ligado al inevitable trauma de sentir que la criatura está siendo aspirada o reducida a fragmentos. Que el aborto siga siendo problema es un bien social y personal. No cabe aquí un peace process. Es preferible reconocer a cara descubierta las flaquezas humanas y vivir en la agonía y precariedad moral, que instalarse confortablemente en una sociedad que ignora que vive en la mentira pactada y que, para eliminar el pecado, no duda en colocar a lo perverso la etiqueta de bueno y avanzado.

Extracto de “RU-486 y la ética social”
Autor: Gonzalo Herranz Rodríguez
Publicado en El Mundo, el 1-XI-98

martes, 18 de agosto de 2009

¡No matarás!



«Pediré cuentas de la vida del hombre al hombre» (Gn 9, 5): la vida humana es sagrada e inviolable.

«La vida humana es sagrada porque desde su inicio comporta "la acción creadora de Dios" y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término: nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente».

Con estas palabras la Instrucción Donum vitae expone el contenido central de la revelación de Dios sobre el carácter sagrado e inviolable de la vida humana.

En efecto, la Sagrada Escritura impone al hombre el precepto «no matarás» como mandamiento divino (Ex 20, 13; Dt 5, 17). Este precepto se encuentra en el Decálogo, en el núcleo de la Alianza que el Señor establece con el pueblo elegido; pero estaba ya incluido en la alianza originaria de Dios con la humanidad después del castigo purificador del diluvio, provocado por la propagación del pecado y de la violencia (Gn 9, 5-6).

Dios se proclama Señor absoluto de la vida del hombre, creado a su imagen y semejanza (Gn 1, 26-28).

Por tanto, la vida humana tiene un carácter sagrado e inviolable, en el que se refleja la inviolabilidad misma del Creador. Precisamente por esto, Dios se hace juez severo de toda violación del mandamiento «no matarás», que está en la base de la convivencia social.

Dios es el defensor del inocente (Gn 4, 9-15; Is 41, 14; Jr 50, 34; Sal 19 18, 15). También de este modo, Dios demuestra que «no se recrea en la destrucción de los vivientes» (Sb 1, 13). Sólo Satanás puede gozar con ella: por su envidia la muerte entró en el mundo (Sb 2, 24). Satanás, que es «homicida desde el principio», y también «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8, 44), engañando al hombre, lo conduce a los confines del pecado y de la muerte, presentados como logros o frutos de vida.

Explícitamente, el precepto «no matarás» tiene un fuerte contenido negativo: indica el límite que nunca puede ser transgredido.

Implícitamente, sin embargo, conduce a una actitud positiva de respeto absoluto por la vida, ayudando a promoverla y a progresar por el camino del amor que se da, acoge y sirve. El pueblo de la Alianza, aun con lentitud y contradicciones, fue madurando progresivamente en esta dirección, preparándose así al gran anuncio de Jesús: el amor al prójimo es un mandamiento semejante al del amor a Dios; «de estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas» (Mt 22, 36-40).

«Lo de... no matarás... y todos los demás preceptos —señala san Pablo— se resumen en esta fórmula: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo"» (Rm 13, 9; cf. Ga 5, 14).


El precepto «no matarás», asumido y llevado a plenitud en la Nueva Ley, es condición irrenunciable para poder «entrar en la vida» (Mt 19, 16-19).

Desde sus inicios, la Tradición viva de la Iglesia —como atestigua la Didaché, el más antiguo escrito cristiano no bíblico— repite de forma categórica el mandamiento «no matarás»: «Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos... Segundo mandamiento de la doctrina: No matarás... no matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido... Mas el camino de la muerte es éste:... que no se compadecen del pobre, no sufren por el atribulado, no conocen a su Criador, matadores de sus hijos, corruptores de la imagen de Dios; los que rechazan al necesitado, oprimen al atribulado, abogados de los ricos, jueces injustos de los pobres, pecadores en todo. ¡Ojalá os veáis libres, hijos, de todos estos pecados!».

No debe sorprendernos: matar un ser humano, en el que está presente la imagen de Dios, es un pecado particularmente grave. ¡Sólo Dios es dueño de la vida!

Evangelium vitae

sábado, 15 de agosto de 2009

El holocausto nazi y su relación con el aborto


El Dr. Josef Mengele fue el más activo de los doctores de la SS en Auschwitz, el infame campo de concentración nazi. Su nombre era conocido y muy temido a través del campo de concentración. Muchos supervivientes describen a Mengele asesinando despiadadamente, pero a la manera médica, “como si estuviera llevando a cabo cirugías, de manera regular..., sin demostrar emoción alguna”.

Hoy, el aborto es justificado al afirmar que la matanza de bebés es "segura y legal". El doctor Michel Jackson, abortista y propietario de una clínica afirma: "solamente sigo lo que los tribunales dicen. Sólo hago lo que es legal". Éstas eran las mismas justificaciones usadas por los doctores que participaron en la matanza de millones de personas en los campos de concentraciones nazi como Auschwitz, que veían el zyklon-b, gas tóxico con el que mataban a judíos, gitanos y a otros, como una ayuda para aliviar el sufrimiento y permitir que "la matanza fuera más humana".

En el juicio de Nuremberg, numerosos doctores nazis y asesinos dijeron que ellos eran inocentes porque no habían violado ninguna ley. "Los juristas en Berlín nos dijeron que esto era un asunto legal", afirma en su testimonio Walter Schmidt. Según un experto sobre Auschwitz, "los nazis no cometieron ningún crimen en Auschwitz, puesto que ninguna ley u orden político protegió a los que fueron condenados".

Los eufemismos usados por los Nazis y ahora por los proponentes del aborto son escalofriantemente similares. A los campos de exterminio en la Alemania nazi y en la Europa ocupada por los nazis los llamaban "centros de reubicación". En la actualidad, en los Estados Unidos, a los campos de exterminio de bebés se les llama "centros de salud reproductiva". A los judíos, Hitler los describía como "una raza parásita”, mientras que al niño, o niña, no deseado, Planificación Familiar los describe como "un mero parásito". En el tiempo de los nazis, el resultado final era "la terminación" de los judíos y el resultado final ahora es la "terminación del embarazo”.

Prestemos atención al lenguaje tan similar entre las posiciones nazis y las reclamaciones de los abortistas y partidarios "a favor de la elección" de hoy. En la Alemania nazi, la matanza de judíos no era ilegal, los centros de matanza eran "centros médicos", los asesinos eran "doctores" y la matanza fue hecha en nombre de la promoción "de la salud". En Estados Unidos, y ahora en el D.F., México, se está a favor de la elección, la matanza de bebés no es ilegal, la matanza se hace en "clínicas médicas", los asesinos son "doctores” y al aborto/asesinato lo califican como una cuestión "de salud" de la mujer.

En los campos de exterminio de los Estados Unidos, y ahora en México, por lo general a la víctima la llaman "feto", pero también, en Estados Unidos las han llamado "infecciones no vistas", "una enfermedad de transmisión sexual" y "un crecimiento canceroso”. Los partidarios del aborto han declarado que el aborto es "el tratamiento preferido" para el embarazo no deseado: "la enfermedad de transmisión sexual número dos". También afirman que "un bebé abortado es solamente basura".

Extracto del artículo “El holocausto nazi y su relación con el aborto” publicado en “Cultural Legacy”.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Objeción de conciencia o desobediencia civil


"En nuestro país no hay más objeción de conciencia que aquélla que está expresamente establecida en la Constitución o por el legislador en las Cortes Generales. Todos estamos sometidos a la ley. Las ideas personales no pueden excusarnos del cumplimiento de la ley porque, si no, nos llevaría en muchísimos temas, en éste y en otros muchos, a la desobediencia civil". Son palabras del ministro de Justicia, Francisco Caamaño.

De manera que ya lo sabéis. Los médicos, enfermeros y personal sanitario que se nieguen a matar bebés en el seno de sus madres no podrán recurrir a la objeción de conciencia, pero aún les queda un camino: la desobediencia civil. Y será el camino a escoger si este gobierno tiránico nos obliga a actuar en contra de nuestras conciencias.

Con el pretexto del progreso y de modernidad, la sociedad está destruyendo los principios básicos, convirtiéndose cada vez más en una dictadura “progre” que pretende obligarnos a matar a los enfermos y discapacitados, a mirar para otro lado ante las prácticas eugenésicas, a apoyar la selección de seres humanos al más puro estilo nazi, a aceptar como matrimonio lo que es una unión carnal aberrante, a destruir la familia en aras de lo políticamente correcto.

«El hombre de hoy vive como si Dios no existiese y por ello se coloca a sí mismo en el puesto de Dios, y se apodera del derecho del Creador de interferir en el misterio de la vida humana», decía Juan Pablo II denunciando estos hechos. Pues bien, sólo queda recordar que no hay porqué seguir esta estela. Todavía hay muchos que viven heroicamente y luchan por educar a sus hijos en una serie de principios y valores que les asegure una sociedad más justa y digna. No les dejemos solos.

domingo, 9 de agosto de 2009

¿Es lícita la investigación con embriones?


“La matanza de criaturas humanas inocentes, incluso si se lleva a cabo para ayudar a los demás, constituye un acto absolutamente inaceptable” (Juan Pablo II, Evangelium vitae).

El ser humano ha de ser respetado "como persona "desde el primer instante de su existencia.

Los procedimientos de fecundación artificial han hecho posible intervenir sobre los embriones y los fetos humanos con modalidades y fines de diverso género: diagnósticos y terapéuticos, científicos y comerciales. De todo ello surgen graves problemas (Instrucción Donum Vitae: sobre el respeto de la vida humana naciente).

El fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir desde la constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual.

El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida (Instrucción Donum Vitae: sobre el respeto de la vida humana naciente).

Ninguna finalidad, aunque fuese en sí misma noble, como la previsión de una utilidad para la ciencia, para otros seres humanos o para la sociedad, puede justificar de algún modo las experiencias sobre embriones o fetos humanos vivos, viables o no, dentro del seno materno o fuera de él (Instrucción Donum Vitae: sobre el respeto de la vida humana naciente).

miércoles, 5 de agosto de 2009

Un testimonio real


Bosco Gutierrez

Un gran video. Largo, dura más de una hora, pero merece la pena ponerlo, sobre todo en colegios o catequesis. Se trata del testimonio personal de un arquitecto mejicano, Bosco Gutierrez, secuestrado cuando salía de misa y encerrado durante nueve meses en un zulo de tres metros cuadrados, totalmente incomunicado y sin ver la luz del sol. Una autentica declaración sobre el valor de la vida y la dignidad de la persona.


lunes, 3 de agosto de 2009

No hay mayoría que convierta en aceptable lo que es corrupto


En las democracias, el pueblo elige a unos representantes y estos, en representación de los ciudadanos, aprueban unas leyes que no siempre son tolerables, como es el caso de la ley de despenalización del aborto.

Ya he comentado otras veces que, para mí, la defensa de la vida es un tema radical. No estamos hablando de opiniones, ideologías o formas de hacer política. Estamos hablando de la vida y de la muerte y este tema conlleva un planteamiento radical. O se acepta que una madre puede matar al hijo que ha concebido y lleva en su vientre, o no. Y si se rechaza, entonces no valen medias tintas. No es aceptable decir que el aborto es un acto intrínsecamente malo porque elimina una vida, pero que se respeta lo que los demás piensen y hagan.

La democracia es un sistema de gobierno hoy reconocido como bueno de manera casi universal. En tanto en cuanto defienda valores morales, proteja la dignidad de la persona y busque el bien común, es aceptable. Pero si en un país, por muy democrático que se denomine, la vida, la dignidad humana y la libertad son atacados, esa democracia esta corrupta, porque ha considerado superior la opinión de la mayoría a los valores morales universales que nos han sido dados por ley natural.

No me importa lo que digan los políticos en su búsqueda desaforada del poder. No hay mayoría que pueda convertir en aceptable lo que es corrupto. Cuando un pueblo pierde el sentido de lo que es bueno o malo y acepta lo inmoral, es que no está capacitado para autogobernarse. ¿No es acaso extraño que el hombre legisle contra sí mismo?

Hoy, en Europa, vemos varios ejemplos de ello en leyes que aceptan el aborto, la eutanasia, el auxilio al suicidio, la eugenesia, la selección de embriones y la experimentación humana. Cuando los regímenes totalitarios han legislado contra el ser humano, proponiendo la muerte de los débiles, de los enfermos, la esterilización de las mujeres o el exterminio de los pobres o de determinadas razas, el mundo se ha escandalizado y ha reaccionado contra estos abusos. Ahora, sin embargo, se aceptan esos mismos presupuestos y se dan por buenos porque los deciden unos legisladores votados por una mayoría. ¿Quiere eso decir que la decisión de la mayoría convierte en aceptable lo que es malo?
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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).