
Todos reconocen las malas prácticas llevadas a cabo en los abortorios, y relatan cómo se induce e incluso de coacciona a las mujeres para “venderles” el aborto y sacarles el dinero.


Quisiera recordar aquí unas palabras de Juan Pablo II que niegan precisamente estas afirmaciones:
“Desde esa existencia embrionaria, hasta la plena madurez física y espiritual, se produce un desarrollo continuo y orgánico. Esta evidente proyección del embrión hacia su futuro impide que se le trate como pura materia biológica ya que, en el plan divino sobre el hombre la precisa «individualidad» biológica, acogida en el seno materno, es acogida también por el amor omnipotente de Dios, que interviene para dotarla de un alma inmortal. Ésta última en efecto, como principio de la persona, es creada inmediatamente por Dios (cf. Pío XII, Humani generis; Dz-Sch., 3.896). De ahí se sigue que al ser humano, incluso al más frágil, protegido a la vez por el calor del seno materno y por el amor creador de Dios, se le debe brindar el respeto debido a toda persona humana” (Juan Pablo II, Ángelus, Domingo 19 de diciembre de 1993).
El artículo de Masiá me recuerda a otro publicado por el jesuita González Faus titulado “No existe el derecho al aborto”. En este artículo, el autor comienza reconociendo que no existe un derecho al aborto y que nadie tiene derecho a eliminar una vida que está ya humanamente programada. Pero acto seguido reduce, en los últimos párrafos, la vida moral a la subjetividad de cada cual, es decir, al relativismo, al tiempo que niega que lo legal tenga relación con lo moral. En otras palabras, al igual que Masiá, da una de cal y otra de arena, produciendo una confusión peligrosa.
No sé si sabes, Guerrera, que recientemente unas 300 personas han firmado un manifiesto impulsado por la Iglesia de Base de Madrid, en el que se comenta negativamente la actitud de los obispos españoles ante la reforma de la ley del aborto. Entre los firmantes se encuentra José Ignacio González Faus. Entre otras cosas, el manifiesto dice:
"Se debería respetar la distinción entre los planos jurídico y ético, científico y religioso. El aborto no es un tema exclusivamente cristiano. Para regularlo debe primar la ética cívica, común a todos los ciudadanos, sobre la moral religiosa, específica de cada creencia. Nadie debería hacer bandera política ni religiosa de este tema tan profundamente humano y por nadie deseado. Nos oponemos decididamente a la excomunión y exigimos que esa pena desaparezca del Código de Derecho Canónico".
Como verás, hay mucha ambigüedad y demagogia a la hora de rechazar el aborto en estas palabras. Está claro que el aborto no es un tema exclusivamente religioso, pero decir que para regularlo debe primar la ética cívica, común a todos los ciudadanos, es peligroso, desde el momento en que la ética cívica se decide por mayoría. Y eso es puro laicismo. Últimamente se dice mucho que el aborto no es un tema de fe, y estoy de acuerdo. Un ateo puede y debe defender la vida, pero es evidente que los creyentes tenemos argumentos sustentados por nuestra fe que son tan válidos como otros cualquiera: el ser humano es imagen de Dios y esto da a la vida humana una dignidad infinita. Además, por supuesto, están las razones científicas, entre ellas, que hay vida (y no de perro o de rata, sino vida humana) desde el momento de la concepción, tema que González Faus deja abierto, y Masiá niega, afirmando que al principio del embarazo sólo hay “materia viva de la especie humana”. Resulta grotesco.
Además, González Faus, al igual que Masiá, hace un uso constante de frases ambiguas y manipuladoras. Por ejemplo, afirma: “un cristiano deberá sentirse obligado al máximo respeto a la vida personal, y aplicarse ese principio a sí mismo, al margen de lo que la sociedad penalice o tolere. Así dará ejemplo de una fina sensibilidad humana, aunque pueda comprender que no todos acepten eso…”. En otras palabras, Pilatos. Yo no encuentro culpa en este hombre, pero haced lo que os parezca, yo me lavo las manos.
Esto entra a mi juicio en lo que el Papa Benedicto XVI denuncia constantemente como relativismo. Así, muchos cristianos dicen: "el aborto es inmoral y me aplico este principio a mí mismo, pero comprendo que no todos acepten esto y respeto por tanto lo que los demás hagan". Al fin y al cabo, según estos teólogos, la Iglesia no debe imponer su criterio. Pienso que una cosa es respetar y no juzgar al que actúa mal, y otra muy diferente es respetar que otros causen el mal. En el caso del aborto, hablamos nada menos que de la vida y de la muerte y, lo siento, pero no me parece respetable que se mate a los no nacidos. No basta que yo no lo haga. Los cristianos jamás podemos aceptar como justa una ley que no proteja la vida de todo ser humano. Y por cierto, no aceptar una ley injusta y corrupta no quiere decir que yo, ni por supuesto la Iglesia, quiera imponer mi criterio. Simplemente, tengo la obligación de dar a conocer la verdad, puesto que la salvación no es sólo para mí, sino para todos, también para los que no conocen o niegan a Cristo.
Un saludo.


Vivimos tiempos en los que hay probablemente un exceso de información. Al menos, un exceso de aquella información que desde quien ostenta el poder se nos quiere dar. Esto hace que en ocasiones nos sintamos confusos ante lo que creíamos que eran nuestros valores.

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