jueves, 30 de abril de 2009

No habrá un ataque a la vida, a la familia, a nuestras raíces cristianas y a la unidad de España que quede sin respuesta.


Estas son algunas de las declaraciones realizadas por Rafael López-Diéguez, cabeza de lista por Alternativa Española (AES) para las próximas elecciones al Parlamento Europeo, en una reciente entrevista publicada por Religión en libertad:

"Un cristiano, y en mi caso un católico, está siempre obligado a comprometerse en la vida pública de su país, pero más cuando se atacan principios fundamentales que son innegociables porque están inscritos en la propia naturaleza del hombre y en la moral objetiva universal.

Estos principios, la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la defensa del embrión, la familia acorde al orden natural, es decir, la compuesta por hombre y mujer en el seno del matrimonio y abierta a dar vida, el derecho exclusivo de los padres a educar a nuestros hijos y el bien común, no admiten componendas.

Los principios a los que he aludido no son patrimonio de una confesión determinada ni de una ideología (derechas o izquierdas). Nadie es su propietario y nosotros no nos consideramos sus únicos valedores. No representamos a la Iglesia, sino solo a nosotros mismos como cristianos de a pie. Alternativa Española (AES) pese al empeño de muchos, quiere ser y se propone como un partido transversal.

No habrá un ataque a la vida, a la familia, a nuestras raíces cristianas y a la unidad de España que quede sin respuesta.

No existe matemática electoral que nos obligue a decir que la actual ley del aborto es equilibrada y goza de consenso (Sr. Rajoy).

El aborto es un crimen y como tal debe ser penalizado en cualquier supuesto, pues se trata de la muerte de un ser humano.

Sólo reconocemos la familia acorde al orden natural, es decir, la compuesta por hombre y mujer en el seno del matrimonio y con vocación de transmitir vida. Por ello no caben ambigüedades reconociendo fórmulas como las uniones homosexuales organizadas a partir de una regulación en derecho positivo, ya sea por la vía de las parejas de hecho (PP) o por el matrimonio civil ( PSOE, UpyD, Ciudadanos…)".

Leer la entrevista completa aquí.

Noticias relacionadas: Diputados del PP reprueban al Papa. AES exige a Mariano Rajoy una desautorización inmediata de los diputados populares que han apoyado la reprobación de Su Santidad Benedicto XVI.

miércoles, 29 de abril de 2009

Premio Symbelmine. ¡Gracias!


Cris, creadora del blog Polo Positivo, que cumple estos días un año en la blogosfera, ha otorgado a “eligelavida” el premio Symbelmine, que me apresuro a compartir con los siguientes amigos:

http://perderelmiedoaequivocarse.blogspot.com/
http://luzapacible.blogspot.com/
http://luchadetitanesenlaluz.blogspot.com/
http://unpocodeto-ana.blogspot.com/
http://lafeyelamor.blogspot.com/
http://yosoycreyentecatolico.blogspot.com/
http://conlasbotas.blogspot.com/

Polo positivo es un blog muy entretenido, declaradamente provida, donde su autora reflexiona con acierto acerca de todo tipo de temas que van desde la familia a la educación, la política, los valores, la religión, en definitiva, la vida misma. ¡Gracias Cris!

Una vida por vivir (10) Vivir así, ¿es vivir sin dignidad?


Ángela, bajando la voz, murmuró. –El doctor Barbero ha insinuado que Pablo y su familia tendrían que decidir “qué hacer”.

-Ángela, por Dios, no puedo creerlo...

-Por otro lado, propone que Pablo se pase el día durmiendo. No sé, no entiendo nada... Creo que pretende evitar que Pablo le esté dando vueltas a la cabeza. Ya sabe como se pone a veces. Se siente impotente y llega a desesperarse.

Julia se apretó la sien con dos dedos, dándose un ligero masaje. El dolor palpitaba sobre el ojo derecho y la jaqueca amenazaba con volverse más fuerte.

-Pero eso es algo lógico, no hay por qué asustarse. Mira, como psicóloga te puedo decir que los pacientes graves pasan rachas de depresión en las que son capaces de pedir hasta la muerte. Para eso estamos aquí, para ayudarles a pasar ese trance. Un médico tiene la obligación de intentar curar y, si no puede, su misión es aliviar el dolor, sin caer en el encarnizamiento terapéutico. Pero en el caso de Pablo, de lo que se trata es de que viva en las mejores condiciones posibles.

Ángela contestó compungida:

-Es que como está tan desesperado...

-Tendríamos que trabajar todos juntos para aliviar el sufrimiento emocional que le produce su estado. Pero una cosa es aliviar, paliar el dolor y otra atontar al paciente.

-Pablo se ha quedado aún más hundido después de hablar con el doctor.

-No me extraña.- Julia bebió el resto de su café de un trago y dejo la taza en la encimera. -Lo que Pablo necesita no son pastillas sino una razón para vivir. Es muy difícil aceptar un sufrimiento como el suyo, si no se comprende cual es el sentido de la vida.

-¿Y qué podemos hacer?

-Desde luego, no vamos a conseguir nada sedándole. Los médicos como el doctor Barbero, basan sus actuaciones en la idea de que un cuerpo disminuido o una mente enferma quitan dignidad a la persona. A veces hemos hablado se esto y sé que cuando tiene un paciente terminal, siempre es partidario de anticipar la muerte. - Continuó con ironía - ¡Eso sí que es matar el sufrimiento de raíz! ¿eh?

-Mucha gente piensa que vivir así es vivir sin dignidad... - terció Ángela.

-Por desgracia, eso es cierto.

Mientras hablaba, la doctora se acercó a una mesa de ruedas donde se encontraba su carpeta. Sacó de un sobre una radiografía y la levantó hacia la ventana para verla a contraluz.

-Verás, ahora mismo, tengo una paciente en la segunda planta que acaba de dar a luz. Su hijo tiene síndrome de Down y presenta además una anomalía que se da con una cierta frecuencia en este síndrome.- Acercándose a Ángela le entregó la radiografía. –Mira, echa un vistazo a esto que es interesante.

Ángela miró la placa colocándola contra la ventana.

-Se trata de una fístula traqueo-esofágica, que le impide alimentarse con normalidad. Aquí, ¿lo ves?- La doctora Luna le señaló con el dedo un punto en la radiografía.

-¿Se puede hacer algo por el?- preguntó Ángela interesada.

-Desde luego. Hace muchos años que este problema se arregla con una intervención quirúrgica. No es muy costosa, y permite a los pacientes sobrevivir y llevar una vida normal. Pues bien, no te lo vas a creer, pero sus padres han insinuado que preferirían que no se hiciera nada.

Ángela preguntó:

-¿Quiere decir que los padres no desean que su hijo sea operado?

-Eso es. No quieren que el niño sea intervenido para corregir esa malformación, sabiendo que si no lo hacemos, el niño morirá. Pero dicen que si le ayudamos a pasar por ese momento sin dolor, le habremos evitado una vida de sufrimientos.

-¡Qué horror!- Ángela retrocedió como si tuviera miedo de lo que estaba escuchando.

-Sí, Ángela, ¡qué horror...! En cualquier otra circunstancia todos nos espantaríamos de un acto semejante. Estaríamos de acuerdo en que es perverso privar a alguien de su derecho a la vida. Pero te sorprenderías de la cantidad de gente que apoya ahora a estos padres: amigos, familia, una asociación que llaman “por una muerte digna” e incluso algún médico. Y ¿sabes por qué? Pues porque no consideran que la vida de este niño sea digna de ser vivida...

Ángela le devolvió la radiografía.

-Pero por fortuna, eso no va a suceder, ¿verdad? En este hospital no dejamos a los pacientes a su suerte...

(Continuará)

martes, 28 de abril de 2009

Una vida por vivir (9) La doctora Luna…


La doctora Julia Luna caminaba con prisa por el pasillo. Su andar era enérgico, aunque ella ya no parecía tan joven. Como psiquiatra había decidido no vestir la clásica bata blanca, en un intento de acercarse a los pacientes. Llevaba en la mano una carpeta cerrada que, aunque apenas pesaba, ahora se le antojaba una carga descomunal.

Había pasado la noche de guardia, y la habían llamado a urgencias en cuatro ocasiones. A Julia no dejaban de sorprenderle la cantidad de personas que aparecían de noche con ataques de ansiedad o problemas semejantes. Ahora, antes de visitar a sus pacientes ingresados, quería descansar un poco.

Se dirigió hacia una pequeña salita que los médicos utilizaban para desayunar o hacer una pequeña pausa a media mañana. Al llegar a una puerta donde lucía el cartel de “Privado”, entró sin llamar. Se alegró de no encontrar a nadie allí.

A primera hora de la mañana había notado los primeros síntomas de lo que sabía que sería una fuerte jaqueca y se sentía repentinamente cansada. Pensó en echarse un rato en el sofá, porque el dolor de cabeza había comenzado y lo notaba ya intenso, pulsátil.

La sala de médicos era relativamente pequeña, con una mesa cuadrada en el centro rodeada de sillas, un pequeño sofá y unas taquillas junto a la pared, donde los facultativos guardaban sus objetos personales mientras estaban trabajando.

Se acercó a su taquilla, la abrió y sacó un frasco de pastillas. Tomó dos, tragándolas sin agua. Luego se acercó a la cafetera para servirse un café. En ese momento alguien llamó a la puerta. La doctora no contestó, deseando que quien fuera se marchase, pero Ángela entró sin esperar respuesta.

-Doctora Luna, ¡no sabe cómo me alegro de verla!

-Buenos días, Ángela. ¿Qué tal va tu ronda?

-Regular. Vengo ahora de ver a Pablo. Roberto lo ha bajado a rayos.

Mientras revolvía el azúcar con la cuchara, la doctora Luna observó a Ángela. Sabía que era una enfermera eficaz, comprometida con su trabajo, pero hoy, también ella parecía cansada. ¡Y aún no eran las nueve de la mañana!

-¿Cómo se encuentra Pablo hoy?

-Está muy decaído. Según se acerca el momento de marcharse a casa, se deprime más y más. Hacía tiempo que no le veía tan bajo de ánimo.

-¿Sabes si han pasado ya los de neurocirugía?

-Sí. Hace un rato ha estado el doctor Barbero. Pablo le ha preguntado si todavía se puede hacer algo para mejorar su estado. El doctor le ha dejado claro que no y entonces, Pablo le ha pedido ayuda... - Ángela dudó un segundo antes de continuar –ayuda para morir... y éste ha sugerido sedarle durante el día.

-Pero, ¿es posible?- se enfadó la doctora. -Naturalmente que se puede hacer algo. Por lo pronto, la fisioterapia es fundamental. Y Pablo está avanzando mucho. Si no se negara a utilizar la silla por sí mismo...

Julia estaba disgustada. Tratar con pacientes deprimidos era habitual en un hospital donde había casos graves, muchos terminales, y no acababa de comprender a tantos compañeros que recurrían a la vía fácil.

-Además- continuó -le he dicho mil veces a Barbero que, en estas cuestiones, no interfiera con mis pacientes.

-Me ha dado un poco de miedo... – se atrevió a decir Ángela bajando la voz. -Ha insinuado que Pablo y su familia tendrían que decidir “qué hacer”.


(Continuará)

lunes, 27 de abril de 2009

Una abortista camino de los altares


Dorothy Day nació en Brooklyn en 1897 y creció en Chicago, en el seno de una familia protestante. Durante su juventud ejerció como periodista. Mujer activa y socialmente comprometida, sus causas en aquel entonces eran los derechos de la mujer, el amor libre y el control de la natalidad, siendo una declarada abortista.

Siendo muy joven quedó embarazada y abortó a su hijo.

Más tarde, en 1926, tuvo una niña. Aunque el padre de su hija era un ateo convencido, Dorothy decidió bautizarla como católica, pues ya entonces se había producido un cambio radical en su alma y su acercamiento a la Iglesia Católica era inminente.

Dorothy halló en la Iglesia un lugar donde desarrollar su compromiso social a favor de los necesitados. Aquí encontró las puertas abiertas para los débiles, los pobres y los inmigrantes.

Siguiendo este proceso de conversión, poco después, se separa de su amante y se bautiza.

Funda el periódico "The Catholic Worker", que lanzó su primer ejemplar el 1 de mayo de 1933, con informaciones sobre huelgas, paro, trabajo infantil, los salarios ínfimos de los negros, y otras causas sociales. Con el tiempo, lo que nació como un medio de comunicación, se convierte en un movimiento para ayudar a los más necesitados y es así como se comienzan a construir casas de hospitalidad para pobres e inmigrantes. Tres años después, ya se habían construido 33 casas en todo el país.

Dorothy Day murió en 1980, a los 83 años, después de una fructífera vida llena de pobreza voluntaria. El periódico "The Catholic Worker" continúa en circulación y sigue costando el mismo precio que cuando fue lanzado: un centavo de dólar.

En 1996 fue reconocida como Sierva de Dios y actualmente se lleva a cabo su proceso de beatificación.

El fallecido Arzobispo de Nueva York, Cardenal John O'Connor, declaró en una ocasión que "la beatificación de Dorothy Day podría recordar a muchas mujeres de hoy lo grande que es la misericordia de Dios, incluso cuando somos capaces de cometer un acto criminal y abominable como el aborto de un hijo. Ella supo bien lo que es estar al margen de la fe y lo que es después descubrir el camino correcto y vivir en plena coherencia con la exigencia de la fe católica".

La fotografía que ilustra esta entrada pertenece al cartel de la película “Entertaining Engels”, sobre la vida de Dorothy Day. El título de la película, hace referencia a su costumbre de tratar a todos sus huéspedes, ricos o mendigos, como si fueran ángeles.

domingo, 26 de abril de 2009

Una vida por vivir (8) "El vacío"


Pablo permaneció callado. Había intentado hablar con el médico sobre su futuro y no había obtenido respuesta. Sin embargo, en cuanto se había atrevido a hablar de acabar con todo, le ofrecían una alternativa... una opción peor que la muerte.

Se sintió superado por las circunstancias. ¿Qué hacía él, tan joven y tan vital pidiendo la muerte? ¿Era ese su verdadero deseo, o se hallaba consumido por el miedo? Le hubiera gustado pasarse las manos por la cara, como hacía antes cuando se sentía exhausto. Le pareció que sus fuerzas se agotaban, que no tendrían que ayudarle a morir después de todo, ya que la muerte estaba cerca. Porque, ¿qué es la muerte, sino la indiferencia de los demás ante la vida, ante el dolor y el sufrimiento? Dormir para no sentir, ¿no es peor que estar muerto?

-Pero doctor, en esas condiciones, no podría irse a su casa ni hacer una vida normal...

“Ángela, la luchadora”, pensó Pablo desde la lejanía. Ya prácticamente no la oía, pues se había retirado a un punto lejano de la mente. Casi le parecía que él mismo no se hallaba en la habitación. ¿Era de él de quien estaban hablando? Pero, si no estaba en la habitación, ¿quién era esa marioneta que yacía inerte en la cama?

-¿Una vida normal?- El doctor Barbero encaró las cejas, sin abandonar su sonrisa displicente. Miró a Pablo y prosiguió:

-Bueno, Pablo, si tu familia puede costearte la estancia aquí, no hay ningún problema. En otro caso, tendrías que irte y te aumentaría las dosis de somníferos y ansiolíticos. En fin, ya veremos, pero cuenta conmigo. Soluciones hay. Unas pastillas y listo.

De nuevo, lo miró esperando una respuesta, sin percibir que Pablo ya no estaba ahí. Después de un momento, estalló con impaciencia:

-Bueno, tengo que irme. Ya me dirás algo, ¿eh?- Miró a Ángela. -Te he dejado una prescripción para una radiografía en control.

Ángela asintió en silencio. Barbero abandonó bruscamente la habitación. Pablo, trastornado, sintió ganas de reír. ¡Qué ridículo que un médico huya de un paciente! “¡Eh, tú, médico!”, le gritó en su mente, “¡que aún estoy vivo! ¡Ven a hacer tu trabajo!”.

De repente, comenzó a llorar con angustia.

-Pero, ¿qué es esto? Por Dios, Pablo, ¿qué te pasa?

Ángela se acercó solícita y le acarició la cara. Luego buscó unos pañuelos en la mesilla y lo limpió. En silencio, lo dejó llorar y le enjugó las lágrimas. Pablo cerró los ojos y noto las manos de Ángela pasándole una esponja por la cara, secándole suavemente con una toalla, arreglándole el pelo con delicadeza, acariciándole con la mano la nuca. Hacía seis meses que él no podía tocar a nadie y reparó en que el dolor agudo de corazón iba desapareciendo poco a poco con las caricias de Ángela. Después de llorar un rato, Pablo se tranquilizó un poco.

-¿Te sientes mejor?- preguntó Ángela afectuosa.

-Sí, gracias.

Pablo tenía la voz ahogada y sorbió un poco por la nariz.

-Es que- dijo intentando dar una explicación -cuando ha empezado ha hablar el doctor, me ha dado miedo. Es cierto que muchas veces pienso que preferiría estar muerto, y cuando lo digo, no sé lo que espero encontrar. Quizá alivio, consuelo..., no sé, no sé lo que quiero. Pero cuando le he oído decir con tanta ligereza que podría sedarme... y listo. ¡Desapareció el problema! Por lo menos hasta que mi familia y yo decidamos “qué hacer...”

Pablo, era consciente de que se estaba exaltando de nuevo, e intentó respirar profundamente.

-Los médicos también dicen tonterías, no hagas caso –intervino Ángela.

-Pues ¿sabes lo que te digo?- preguntó exasperado -¡Que así desaparecería el problema para él, pero no para mí! ¿Es que cree que soy idiota? ¿Y qué me dices de lo que ha contado de sus pacientes terminales?

-Tranquilo, Pablo, tranquilo. No te agobies, que no va a pasar nada de eso si tú no quieres.

-Entonces, ¿qué? Estamos como al principio.

Pablo y Ángela se miraron en silencio. En ese instante se abrió la puerta y entró Roberto silbando, empujando un carrito lleno de material hospitalario. En seguida notó la tensión.

-Ángela, el doctor Barbero ha mandado una placa para Pablo, acabo de verlo en control. Así que, si te parece, lo llevo ahora mismo a rayos y luego empezamos con el aseo.

-Sí, será lo mejor. A estas horas hay poca gente en radiología.

-Entonces, manos a la obra.

Ayudó a Roberto a apartar unas sillas. Luego, sujetó la puerta mientras Roberto empujaba la cama de Pablo y lo sacaba al pasillo, saliendo a continuación.

Antes de cerrar la puerta, Ángela se dio la vuelta y echó un último vistazo a la habitación. La vio triste, vacía y sin vida, como el alma de Pablo.


(Continuará)

sábado, 25 de abril de 2009

La Constitución no protege al no nacido

Nuestra Constitución dice en su artículo 15: "Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes".

¿Es esta declaración suficiente como para pensar que el derecho a la vida está garantizado en España? La respuesta es NO.

La Constitución que los españoles “nos dimos” en 1978 está basada en principios laicistas. El laicismo no se inventó hace dos días. Hace más de treinta años, los padres de la Constitución se encargaron de que ésta no condenara de forma explícita el aborto.

En la revista Arbil nº 62, encuentro un interesante artículo escrito por José María Permuy hace ya tiempo sobre este tema, del que os copio a continuación un extracto que, como veréis, está de completa actualidad:


“Sabemos por Ricardo de la Cierva -diputado en las cortes que elaboraron el proyecto constitucional-, que los constituyentes de la UCD pactaron con el PSOE que, a cambio de que éstos aceptaran la Monarquía, la UCD admitiría una redacción de la Constitución lo suficientemente ambigua como para que -entre otras cosas- más adelante se pudiera despenalizar el aborto.

Desde el momento en que la Constitución proclama que la ley es la "expresión de la voluntad popular" sin que reconozca la existencia de ninguna norma moral objetiva que quede al margen de las decisiones de la voluntad popular, ¿cómo sorprenderse de que se despenalice el aborto, si es esa la voluntad popular manifestada por medio de sus legítimos cauces de expresión, que son, según la Constitución, los partidos políticos?

Quienes pretenden condenar el aborto salvando de responsabilidad a la Constitución, ponen "tronos a las premisas y cadalsos a las consecuencias", o como decía Guerra Campos, critican los frutos e, incoherentemente, alaban el árbol que da tales frutos.

Pocos saben que la sentencia del Tribunal Constitucional 116/1999, de 17 de junio afirma que "los no nacidos no pueden considerarse en nuestro ordenamiento constitucional como titulares del derecho fundamental a la vida".

Tanto en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como en los acuerdos internacionales sobre la materia subyace la misma filosofía que en nuestra Constitución, la filosofía del escepticismo, del consensualismo, del relativismo, -del liberalismo en una palabra”.

Leer el artículo completo aquí: El aborto y la Constitución.

viernes, 24 de abril de 2009

Una vida por vivir (7) "Una opción peor que la muerte"


Pablo intentaba dominarse:

-Sigo siendo una persona y que no quiero estar siempre expuesto como un conejillo de indias. Existe algo que se llama privacidad. Creo que tengo derecho a hablar alguna vez con mi médico a solas...

-De acuerdo, de acuerdo.

Sin perder la sonrisa, Barbero se dirigió a los estudiantes y les hizo una seña con la mano, indicándoles la puerta.

-Por favor, esperen fuera.

Los cuatro salieron murmurando y algunos incluso sonriendo con suficiencia. Ángela se quedó a la cabecera de la cama.

-Bueno, ¿qué es eso tan importante que querías hablar en privado?

Pablo hizo un esfuerzo intentando sobreponerse al enfado y tratando de hablar sin expresión dijo:

-Recuerdo que cuando llegué aquí usted me dijo que me ayudaría. Han pasado dos meses y no he evolucionado nada. ¿Hay alguna posibilidad de que mis músculos mejoren? Porque los fisioterapeutas me dicen que sí, que puedo mejorar algo la funcionalidad de los pocos músculos que aún puedo mover.

-¡Qué optimistas! Bueno, Pablo, tú eres una persona inteligente. Naturalmente que poco a poco tu cuello, a base de rehabilitación, puede fortalecerse, pero mejorar, lo que se dice mejorar... A estas alturas, la doctora Luna ya tendría que haberte advertido que tu estado es irreversible.

-Ya me lo han dicho... y muchas veces, pero no le hablo de eso.

Pablo meneó la cabeza, sintiéndose incomprendido e incapaz de expresarse mejor.

-Me refiero... - hizo una pausa para escoger las palabras –me refiero a qué avances se pueden lograr a partir de aquí... Me cuesta pensar en que de un momento a otro me van a dar el alta y me voy a tener que marchar a casa, a hacer mi vida en estas condiciones.

-Pues ya va siendo hora de que asumas que esto es lo que hay. Aunque no sé porqué tratas de este tema conmigo. Éste es un asunto para tratar con la psicóloga. Pide hablar con ella y coméntaselo, ¿eh? Yo ya he hecho todo lo que puedo hacer por ti. Si tienes miedo de irte a casa, háblalo con la doctora Luna.

-No lo entiende.- Dijo Pablo cada vez más frustrado.– Yo le hablo de mis músculos y usted me habla de la psicóloga. ¿No puede decirme si hay algo más que se pueda hacer?

Barbero extendió las manos en un gesto de impotencia.

-De donde no hay, no puede sacarse... Más vale que vayas asimilando tu situación.

Pablo comenzó a desesperarse. Cada vez se impacientaba más con los médicos. No sabía si no se enteraban o no querían enterarse. ¿Es que nadie podía comprender el desasosiego que le producía mirar al futuro?

Al principio de su rehabilitación, cualquier pequeño logro suponía para él un mundo, una nueva posibilidad de conseguir algo de autonomía. Después, cada avance era un motivo más para comprender que jamás volvería a ser el mismo. Ahora, se negaba a aceptar que tendría que vivir toda la vida sentado o tumbado, inmóvil y dependiente. “¿Es ese mi destino?”, se preguntó. “¿Estoy condenado a una vida de ataduras, a una vida sin libertad?”. Respiró profundamente y cambiando de tono dijo con sequedad:

-De acuerdo, de acuerdo. Le he comprendido. Pues entonces, tengo otra cosa que pedirle. En una ocasión me dijo que si no soportaba mi vida en estas condiciones me ayudaría para que no fuera consciente de mi propio sufrimiento. Pues bien, creo que ese momento ha llegado...

-Pablo, sabes que no es eso lo que quieres... –Ángela intervino precipitadamente.

Pablo apretó la barbilla y dijo en tono retador:

-Calla Ángela, tú no intervengas. El doctor Barbero me habló de ayudarme... Pues bien, si no tengo posibilidades de mejorar, creo que no voy a poder aguantar así ni un día más. Prefiero la muerte.

Miró a Barbero desafiante. Éste se rascó la cabeza y dio unos pasos antes de contestar.

-Sí, te hablé de ayudarte porque yo no soy partidario del sufrimiento inútil. Cuando tengo un paciente terminal, siempre procuro ayudarle para que no sea consciente de su dolor ni de su propia muerte. Para eso existe la sedación...

Ángela se sintió súbitamente asustada.

-Pero doctor..., Pablo no es un paciente terminal...

-¡Silencio, Ángela! Déjame acabar.

Barbero miró a Pablo y habló más despacio, como para asegurarse de que él le entendía bien:

-Como te decía, no soy partidario del sufrimiento inútil. Por desgracia, en este país, todavía hay mucha gente que no respeta los derechos individuales de las personas, por lo que la eutanasia aún no está admitida. Y mucho menos, se acepta el suicidio asistido médicamente. Tu caso es muy particular. En este momento no tienes un dolor físico insoportable ni eres un paciente terminal, pero es evidente que tu estado es incurable, irreversible, y comprendo que estás viviendo un gran sufrimiento psicológico. Ya sabes, porque te lo he dicho otras veces, que yo creo que no tienes por qué soportar esa angustia en la que ahora vives. Lo que puedo hacer de momento es darte un somnífero más fuerte para la noche y, si lo deseas, puedo tenerte también sedado durante el día. Así, pasarías el tiempo mucho más tranquilo. Al menos, hasta que tú y tu familia hayáis decidido... qué hacer... ¿Qué te parece?

El médico hizo una pausa esperando a que Pablo respondiera, pero éste no dijo nada.

-No sería una sedación fuerte - continuó - para que puedas seguir respirando por ti mismo, pero sí lo suficiente para que duermas la mayor parte del día. Lamentablemente, de momento, no puedo ofrecerte nada mejor.

Otra vez, miró a Pablo esperando una respuesta. Se hizo un silencio violento, pero Pablo permaneció callado. Fijó su mirada inexpresiva en un cuadro que colgaba al otro lado de la habitación. Había intentado hablar con el médico sobre su rehabilitación y no había obtenido respuesta. Sin embargo, en cuanto se había atrevido a hablar de acabar con todo, le ofrecían una alternativa... una opción peor que la muerte.

(Continuará)

jueves, 23 de abril de 2009

Un testimonio estremecedor


Hoy os traigo el testimonio estremecedor de una mujer que relata como durante su infancia vio a su madre abortar en ocho ocasiones. Siendo apenas una adolescente intentó disuadir a su madre de que abortara sin conseguirlo. Sin ser creyente, era sin embargo consciente de la maldad de este acto.

Ayer vi por primera vez este vídeo en el blog Quartier Latin. Dura apenas cuatro minutos y merece la pena escuchar a esta mujer convertida ahora en testigo del Evangelio de la Vida.

miércoles, 22 de abril de 2009

Una vida por vivir (6) "El bien del paciente"


No era esa la medicina que Álvaro deseaba ejercer. Observó a Pablo y se preguntó qué estaría pensando. Barbero continuaba al teléfono.

-Por supuesto, tendremos que comentar ese caso. Sí, ya te daré mi opinión... Mira, ahora no puedo hablar, estoy viendo pacientes... sí, luego te llamo. Hasta ahora.

Guardó el teléfono y se dirigió a los estudiantes con una sonrisa:

-Estos móviles... ¡qué esclavitud!- Se volvió mirando a Pablo. -Bueno, Pablo, ¿decías...?

Pablo permaneció callado. Su actitud pasiva obligó a Ángela a hacerse nuevamente responsable de llevar el peso de la conversación...

-Los análisis que pidió ayer ya están. Los tengo en el control de enfermeras.

-Bien, bien. Ya pasaré a verlos.

El teléfono sonó de nuevo.

-¡Vaya, hombre!- Con un gesto displicente lo cogió -Sí... no, hoy no puedo, ya he quedado para comer.- Se apartó un poco de la cama, consciente de la mirada de Pablo. -Si quieres, podemos dejarlo para el sábado... Sí... Bueno, espero a que me llames. Adiós.

Situándose nuevamente al lado de la cama y mirando a Pablo, el doctor intentó reanudar la consulta.

-¿Alguna otra cosa?

El silencio empezaba a pesar como una losa. Pablo notó la sangre hervir en su interior, allí donde teóricamente no podía sentir nada. Con una cierta objetividad, advirtió que la impotencia que le causaba su tetraplejia era más acusada cuando el médico estaba delante. ¿Lograría aguantar la enfermedad? Quizá. ¿Podría soportar la muerte? Seguramente. Pero no se sentía capaz de sufrir a este hombre ni un segundo más.

-Había pensado que hoy es un buen día para que Pablo tome el sol. No hace demasiado calor y...

Ángela continuaba intentándolo, pero Pablo era consciente de que se trataba de una misión imposible. El doctor Barbero, impaciente, la interrumpió con brusquedad.

-Bueno, me parece bien. Si no hay nada más...

Álvaro, que hasta entonces había permanecido callado, hizo ademán de intervenir, pero una mirada de advertencia del doctor Barbero le obligó a guardar silencio. A una señal del médico, todos empezaron a girarse para salir. Los estudiantes, con la misma indolencia que a su llegada, comenzaron a apartarse de la cama. De repente, Pablo habló con voz fuerte, enfadado y todos se sobresaltaron:

-Sí, hay algo más. Me gustaría saber si algún día podré hablar con mi médico a solas.

Uno de los estudiantes soltó una risita. Pablo le miró y gritó:

-¡Fuera! ¡Fuera! ¡Largo de aquí! - Respiró agitado, mirando al doctor Barbero. -En dos meses no he hablado con usted ni una sola vez en privado. ¿Cree usted que eso es tratar a un enfermo con dignidad?

El doctor Barbero le dedicó una sonrisa condescendiente. Su cara decía: “Te estás portando mal, pero, en tu situación ¿qué otra cosa puedes hacer? ¡Pobrecillo!”

-Ya sabes que los estudiantes acompañan a los médicos para aprender. No todo está en los libros. También hay que ver la parte humana, ¿verdad?

Miró a los estudiantes y algunos sonrieron. Sabían que por encima del paciente estaba el médico. Pablo insistió intentando dominarse:

-¡Pues la parte humana les dice que ya está bien! Que sigo siendo una persona y que no quiero estar siempre expuesto como un conejillo de indias. Existe algo que se llama privacidad. Creo que tengo derecho a hablar alguna vez con mi médico a solas...

(Continuará)

martes, 21 de abril de 2009

Premio “Compromiso Educativo”. ¡Gracias!


Javi, de “Así no hay quien viva” ha otorgado a eligelavida el premio "Compromiso Educativo", creado por el blog “Lo que le gusta a mis hijas” con el fin de premiar a aquellos blogs que públicamente demuestran su compromiso con la educación. Este premio quiere reconocer y dar valor:

1º.-Al Compromiso por una Educación de Calidad.
2º.-A la Apuesta por la inclusión de las Tic,s en el Aula.
3º.Al esfuerzo de padres, profesionales y centros educativos por incorporar las Tic,s al proceso educativo.
4º.-A la lucha por defender a través de la Enseñanza Valores como la solidaridad, el cariño, el respeto, el esfuerzo, y el compromiso con el futuro de nuestros hijos.
5º.-Reconocer y valorar el esfuerzo de las familias, profesionales y centros educativos por integrar de forma efectiva en los colegios y en la sociedad a los alumnos con necesidades especiales, posibilitándoles todos los recursos a nuestro alcance.

Gracias Javi por este premio que me gustaría compartir con:

Lojeda

Una vida por vivir (5) "El respeto al enfermo"


Pablo llevaba mucho rato solo en la habitación. La conversación con Ángela le había dejado mal sabor de boca, pero ahora la echaba de menos y deseó que estuviera allí. En los dos meses que hacía que la conocía, se habían llevado bastante bien, dadas las circunstancias.

Otra enfermera, había pasado a darle el desayuno. Era una chica muy joven que se sentía cohibida por el mutismo de Pablo. Éste se preguntó por qué no habría llegado aún Roberto para asearle. Se sintió desorientado porque el aseo era algo que los enfermeros siempre hacían a primera hora de la mañana. Con un esfuerzo, giró la cabeza para mirar por la ventana. Las cortinas estaban aún cerradas.

Se preguntó si el equipo médico que le atendía, estaría dispuesto a darle el alta a corto plazo. Eso significaría que lo consideraban capaz de sobrevivir fuera de los cuidados del hospital. La idea le produjo aprensión. Allí al menos, se sentía protegido. Pablo no concebía hacer su vida en otro sitio. En cualquier otro lugar estaría desamparado. Por otro lado, continuar como hasta ahora era desalentador. ¿Tenía que vivir como un recluso el resto de su vida? ¿Existía alguna esperanza para él? “¡Ah, si yo no fuera tan cobarde!”, pensó. “¡Si al menos tuviera fuerzas para vivir! ¡Si no me sintiera tan solo!”

Experimentó la intensa sensación de frustración que sólo un enfermo es capaz de sentir. Los médicos eran demasiado impacientes, los enfermeros estaban demasiado ocupados y las visitas le ponían demasiado nervioso. “Y la vida es demasiado larga y aquí hay demasiado silencio”- se dijo.

Con brusquedad, como siempre pasa en los hospitales, se abrió la puerta y entró el doctor Barbero acompañado de varias personas. El doctor llevaba una corbata mal anudada debajo de la bata y una barba de dos días. Pablo se preguntó por qué muchos médicos tendrían esa pasión por ir desaliñados. ¿Porque hacían guardias nocturnas? ¿No tenían duchas donde arreglarse? ¿O es que creían que así resultaban más interesantes?

Con el doctor Barbero entraron cuatro estudiantes, tres hombres y una mujer, todos con bata blanca. Álvaro Romero, venía muy serio entre ellos. Al cabo de unos segundos, entró también Ángela. Todos se situaron a los lados de la cama. El médico a los pies y Ángela a la cabecera.

-Buenos días... ¿Cómo va hoy el paciente?

Pablo no contestó. Sentía que el deje lánguido del doctor Barbero le daba náuseas. Todos los días lo mismo. Todos los días igual. Unos minutos, muy pocos, dedicados al paciente, siempre con prisa, siempre con público. “Ésta película tiene demasiados espectadores”, pensó.

Miró a los estudiantes que con sus batas blancas y su aire de suficiencia se situaban a su alrededor, seguros de sí mismos, indolentes, como si lo que ocurría en el escenario no fuera con ellos. Pablo, desde su cama-escenario los miraba sin expresión, consciente de cómo iba creciendo la tensión.

Ángela se sintió obligada a tomar las riendas.

–Doctor, Pablo no ha dormido bien esta noche.

-Bueno, bueno, eso tiene solución. Te aumentaremos la dosis del somnífero y listo. ¿Algo más?

Miró a Pablo esperando una respuesta, pero nuevamente, se hizo un silencio. Inesperadamente, un teléfono sonó sobresaltándolos a todos. El doctor Barbero metió la mano en el bolsillo de la bata y sacó un móvil.

-Dime... Sí... sí. Bien, pues hacemos como dijimos el otro día...

Mientras el médico hablaba, Pablo lo miraba fijamente. Lo necesitaba, era consciente de ello, pero lo despreciaba, porque se sentía despreciado por él. Veía en él a un fontanero del cuerpo, no a un médico. A un arreglador incapaz de pararse ante el dolor, pero hábil a la hora de subsanar un defecto.

Barbero siguió hablando y algunos de los estudiantes comenzaron a cuchichear entre sí.

Álvaro sentía vergüenza ajena. Le parecía que la forma que Barbero tenía de tratar a los pacientes era paternalista y bastante humillante. Por desgracia, había observado que éste comportamiento estaba muy extendido en la profesión médica. A Álvaro le parecía muy peligroso desdeñar los sentimientos de los pacientes.


(Continuará)

lunes, 20 de abril de 2009

Hijos de "buena calidad"


Hace poco más de un año fuimos testigos de un crimen que conmovió a toda Europa, pero especialmente a Italia, donde tuvo lugar. Los padres de unos futuros gemelos, al conocer que uno de ellos padecía una trisomía 21, es decir, que iba a nacer con síndrome de Down, decidieron abortarlo y quedarse sólo con el hijo sano. Llegado el momento los médicos se equivocaron a la hora de practicar el aborto, y mataron al niño sano, mientras la pequeña con síndrome de Down, huérfana ahora de su hermano, permanecía aún en el vientre de su madre.

Realmente, uno se plantea si los padres no reflexionarían acerca de su propósito fallido y del hecho de que habían hecho matar a su hijo, aunque el resultado no fuera el esperado. Sin embargo, y a pesar de esta segunda oportunidad, decidieron asesinar también a la pequeña a quien habían señalado como víctima desde un principio.

Estos padres, junto con los médicos que practicaron el aborto y la sociedad que lo toleró, aceptaban como normal, y por supuesto, legal, la decisión de matar a un no nacido por padecer un defecto genético.

En nuestra sociedad, la eugenesia es una práctica habitual que a nadie escandaliza, por mucho que después la gente se espante hipócritamente viendo en televisión películas sobre el holocausto y el Dr. Mengele. Millones de niños son eliminados antes de nacer por el deseo de sus padres de tener un hijo de buena calidad, por el deseo de la sociedad de no tener que ocuparse de los más débiles, por la voluntad de los Estados de no gastar en quien no puede producir, por el egoísmo que impide ver la humanidad, el bien y el proyecto de vida que Dios tiene para cada persona.

domingo, 19 de abril de 2009

Una vida por vivir (4) "Una enfermedad del espíritu"


Pablo se iba tranquilizando, pero al abandonar la ira, le invadía una gran tristeza, y ésta era tan profunda, tan dolorosa, que se preguntó si no le valdría más seguir eternamente encolerizado. Roberto le dijo:

-Creo que deberías hablar con la psicóloga e intentar superar este bache. Bueno, voy a buscar las cosas para asearte, que ya son casi las siete y no creo que puedas dormir más antes del desayuno.

Roberto pensaba que Pablo se sentía más tranquilo, pero ahora, al ver su mirada descompuesta, se dirigió rápidamente hacia la puerta. Al abrirla, tropezó con el doctor Barbero y un grupo de doctores que estaban hablando en el pasillo.

-Perdón- dijo -por favor, disculpen.

Se abrió paso entre ellos y salió cerrando tras de si.

Al ver que Ángela regresaba del baño, Pablo cerró los ojos con fuerza. Se dijo a sí mismo: “No hablaré más, ¿para qué? No sirve para nada. No hablaré más. Intenta dominarte, vamos, toda esta charla no tiene sentido. Controla las lágrimas”. Finalmente, a pesar de sus esfuerzos, no pudo dominarse y explotó:

-Dios mío, un bache... ¿Es así como se le llama ahora a ser un busto parlante? ¿Te das cuenta, Ángela? ¡Esto es el sufrimiento, un bache que hay que superar!

Ángela lo miró preocupada. Sabía que Pablo estaba recibiendo terapia psicológica y que tomaba ansiolíticos. Sin embargo, la medicación no parecía hacer efecto. Su desesperación no tenía cura, porque no existe tratamiento médico para la enfermedad espiritual. Ángela llevaba varias semanas atendiéndole y comenzaba a perder la esperanza de que pudiera recuperar el ánimo ya que no el cuerpo. Pablo prosiguió más calmado:

-Cuando me desperté en el hospital después del accidente, me asusté muchísimo al ver que no podía mover los brazos ni las piernas. Yo aún no sabía que ya me habían intervenido quirúrgicamente. Luego, vino el doctor y me dijo que ya nunca podría recuperar la movilidad, porque me había roto el cuello. Se me nubló la vista y sentí un dolor fortísimo en la cabeza. Así, como te lo digo, un dolor físico que me ahogaba. De esos dolores insoportables que cuando los sientes crees que te mueres... pero no te mueres. Ya ves- dijo con cinismo - por lo visto no es tan fácil morir.

-Ojalá pudiera ayudarte, Pablo. Desde que llegaste a este hospital hemos hablado mucho, pero creo que todo ha sido en vano. Tú tienes una razón poderosa para quejarte y crees que también para ser infeliz, y es como si tuvieras un muro delante y nadie lo pudiera atravesar.

Pablo miró a Ángela con atención. Por un instante, le pareció estar viendo una película que ya había visto antes. Una enfermera joven y bonita intentando convencer a una piltrafa de que la vida es bella.

-Tú sabes cómo puedes ayudarme. Han pasado casi seis meses desde el accidente y dos meses desde que estoy aquí, y he tenido tiempo para meditarlo profundamente. Solo hay una solución para mí...

Ángela le interrumpió tapándose los oídos:

-¡No, no y no! Me niego a hablar otra vez de lo mismo.

-Ángela, por Dios, ¿es que no ves que esta angustia me está destruyendo? No me reconozco a mi mismo. ¿No comprendes que para mí la muerte sería una liberación?

-¡Ojalá pudiera hacerte comprender que tu vida tiene un sentido, un valor que va mucho más allá de la salud!

-Sí, claro, tú lo que eres es una gran teórica... Pero no todos piensan como tú. Ya veras...

Ángela no le dejó terminar:

-Por favor, Pablo, no intentes enredar a Roberto con tus ideas. Es un buen enfermero y si alguna vez cediera y te ayudara, podría arrepentirse toda su vida.

-¡Qué egoísta eres! ¡Destrozar su vida! ¿Es eso lo que te preocupa? ¿Tu conciencia? ¿Los sentimientos de Roberto? El que quiere acabar con todo soy yo. ¿No tengo acaso derecho a decidir sobre mi vida?- Pablo hizo una pausa intentando reponerse y continuó más tranquilo. –Mira, hace unos años tuve que sacrificar a mi perro. Tenía un bulto que resultó ser un cáncer. Para que no sufriera lo llevé al veterinario y le pusimos una inyección. Yo quería a ese perro. Era mi amigo, mi compañero de aventuras. Venía conmigo a todas partes, pero cuando llegó su hora, no lo dudé. Lo sacrifiqué por su propio bien.

-¿Y ahora piensas que ha llegado la tuya? ¿Porque no te puedes mover?

-Porque es mi vida, óyeme bien, mi vida, y no me da la gana sufrir. Si es para vivirla así... no la quiero. Prefiero... la nada.

Ángela y Pablo se miraron con tensión, los dos conscientes del papel que por enésima vez estaban representando. Pablo, sintiéndose impotente, bajó la cabeza y no pronunció una palabra más.

Ángela entonces, comprendiendo que la conversación había terminado, abandonó preocupada la habitación.


(Continuará)

viernes, 17 de abril de 2009

Apóstoles de la Vida


Estas son palabras de Mons. José Ignacio Munilla en la homilía que dio el pasado 28 de marzo en la llamada “Vigilia por la Vida”:

La cultura de la muerte no se manifiesta exclusivamente en el aborto o en otras acciones criminales. Por muy “a favor de la vida” que nos consideremos los aquí presentes, descubrimos que en nuestra vida diaria pueden darse determinadas opciones, deudoras de los mismos antivalores que sustentan la cultura de la muerte. Me permito señalaros algunas de ellas, a modo de examen de conciencia. (¡El que esté libre de pecado que tire la primera piedra!):

1º.- ¿Me alegro de la existencia de todos, sin excepción? ¿Soy capaz de decir, de todos y cada uno: “¡Qué bueno es que existas!”?

2º.- ¿Valoro la vida, más por el “ser” que por el “tener”?

3º.- ¿Respeto la dignidad, la singularidad y la libertad del prójimo, o lo utilizo a mi servicio y capricho?

4º.- Puesto que los cristianos consideramos que la vida es un regalo del amor de Dios, ¿vivo, en consecuencia, alegre y agradecido; o, por el contrario, arrastro amarguras y tristezas?

Que nuestra existencia sea un canto de gratitud a Dios, nuestro creador, así como a nuestras madres, que tomaron a María como modelo de apertura y de acogida al don la vida. Que Ella nos conceda la gracia de ser, en este momento crucial de la historia de España, “apóstoles de la vida”, capaces de gritar ante quien quiera escucharnos: ¡Hosanna! ¡Sí a la Vida! ¡Viva la vida!

Leer el artículo entero aquí: (Homilía en la “Vigilia por la Vida”. Catedral de Palencia, 28 de marzo de 2009) Autor: Mons. José Ignacio Munilla Aguirre

jueves, 16 de abril de 2009

Una vida por vivir (3) "La ira del dolor"


Pablo, sólo sabía que, como en un truco de magia, un día, seis meses atrás, se había levantado sano y otro se había despertado en la cama de un hospital con el cuerpo muerto.

Miró a Ángela, mientras ésta le acomodaba las almohadas. En los últimos meses, se habían hecho amigos. Él la trataba con dureza, como si su enfermedad le diera derecho a maltratar a la gente, pero ella no parecía darse cuenta. Lo aceptaba y le cuidaba con profesionalidad, pero también con una cierta ternura. Se involucraba con los pacientes. Éste pensamiento cruzó como un rayo por la mente de Pablo. Sí, Ángela se involucraba, se preocupaba de veras. No veía en ella el clásico distanciamiento que los profesionales de la medicina acostumbran a mantener con los enfermos.

En los meses de hospitalización y de obligada inmovilidad, Pablo se había convertido en un gran observador, y había advertido que, en general, los médicos y los enfermeros, tendían a concentrarse en la enfermedad, más que en el sufrimiento que el mal provocaba en el paciente. Daban medicación, proponían tratamientos, pero no se paraban a valorar todas las emociones por las que habitualmente atraviesa un enfermo y que a él le producían tanto desasosiego: el miedo, la incertidumbre ante el futuro, la tristeza, la angustia, la impotencia ante la discapacidad...

Súbitamente, Pablo se dio cuenta de que para Ángela, él no era sólo un paciente al que ella estaba obligada a atender, sino una persona por la que desvelarse.

Roberto hablaba sin parar mientras incorporaba la cama poco a poco.

-Venga hombre, ánimo. Ya te queda poco para salir de aquí. Es cuestión de días.

Pablo lo miró con dureza y dijo:

-¿Y crees que eso me anima? ¿Te figuras lo que va a ser de mí cuando salga de aquí? Mis padres ya han contratado a un enfermero para que me acompañe durante el día, para que me dé de comer, me ponga los enemas, me lave, me sonde o me cambie los pañales. ¿Te imaginas? Todo lo que vosotros hacéis aquí no es algo temporal. Para mí es definitivo. Nunca más tendré intimidad para nada... Seré el muñeco de trapo de cualquiera que se rebaje a cuidarme por dinero.

-Pablo, ya hemos hablado de esto otras veces –Ángela empezó a limpiarle la cara con delicadeza. -Creo que ahora no es un buen momento para discutir. Has pasado mala noche y es lógico que tu estado de ánimo sea malo. Sé que nada te consuela, pero ya sabes que yo pienso que todo en esta vida tiene un sentido. Sí, un sentido, no pongas esa cara. La vida sigue, y tú tienes una misión en ella, lo creas o no.

-¡Ya salió la cristiana!

Pablo era consciente que ya habían tenido esta conversación en otras ocasiones, pero no podía evitar hablar de ello una y otra vez. Era como una necesidad de golpearse en la herida, la del corazón, para sentir dolor, para sentir algo al menos.

-¿Sabes que yo también fui educado en la religión católica? Pero hace mucho que dejé de practicar. Mucho antes del accidente me había apartado ya de la Iglesia. Siempre poniendo pegas para todo. Sin dejar que la juventud se divierta. Que si Dios por aquí, que si Dios por allá... Pero a la hora de la verdad, ¿puede Dios librarnos del sufrimiento? ¿Puede acaso evitar que pasen las desgracias? –Comenzó a subir la voz, excitándose de nuevo. -¿Puede hacer Dios que yo me mueva? ¿Eh? ¿Puede? ¿Puede?

Fijó la mirada en Roberto y dijo con ironía:

-¡Mira qué callado se ha quedado Roberto! Tú piensas como yo ¿verdad?

Ángela, disgustada, entró en el baño y se puso a enjuagar un vaso. Dejó la puerta abierta y desde la habitación Pablo podía oír el ruido del agua.

-Lo que yo pienso no es interesante.

Roberto se sentía incómodo, como siempre en estas situaciones. Su experiencia de enfermero no le había enseñado aún como tratar con un paciente desesperado. Le habló con sencillez:

-Sólo sé que si no superas esta depresión, nunca vas a ser feliz.

-¡Pero cómo puedes hablar de ser feliz en esta situación! ¿Acaso has conocido a alguien que lo sea?

Roberto vacilaba sin saber cual sería la respuesta adecuada.

-En fin Pablo, no lo sé, pero no seas tan duro con Ángela. Sólo pretende ayudar.

-Sí, tengo que reconocer que es una auténtica buena samaritana. Sabe pararse ante el dolor, aunque luego no sepa como solucionarlo.

Pablo se iba tranquilizando, pero al abandonar la ira, le invadía una gran tristeza, y ésta era tan profunda, tan dolorosa, que se preguntó si no le valdría más seguir eternamente encolerizado.

(Continuará)

miércoles, 15 de abril de 2009

Una vida por vivir (2) "En la soledad"


Pablo se preguntaba si no sería mejor la muerte, el vacío, algo definitivo que lo librara de aquella visión.

Echado en la cama, los brazos le colgaban a los lados del cuerpo cómo dos pesados fardos, imposibles de mover. Intentó girar un poco la cabeza y debido a la debilidad de los músculos de los hombros, ésta cayó obligándole a hundir la cara en la almohada. “Bien”, pensó con una cruel satisfacción, “así me ahogaré más fácilmente”. Pero esa triste complacencia que sienten los desesperados cuando las cosas se ponen peor, le duró apenas unos segundos. La sensación de ahogo e impotencia era tan grande que comenzó a sollozar con fuerza, con una mezcla de tristeza y rabia, de dolor y amargura. Con las últimas energías que le quedaban, logró mover el cuello y colocar la cabeza de lado sobre la almohada. Con la boca, alcanzó el cable del micrófono. Haciendo un último esfuerzo, lo conectó y grito con voz ronca:

-¡Enfermera! ¡Enfermera!

Sollozando, se imaginó a sí mismo en la cama, como un muñeco de trapo, sin vida, llorando y gimiendo, mojado en sus propias lágrimas.

-¡Enfermera! ¡Ay, ay...!, ¿es que no va a venir nadie? ¡Por Dios, me duele el cuello...! ¡Enfermera! ¡Enfermera! ¿Qué clase de seres inhumanos hay aquí?

La habitación se le antojaba cada vez más opresiva y asfixiante. Con los ojos cerrados, aspiró un olor ocre oscuro, a enfermedad, mezcla de desinfectante y mal aliento. Abrió los ojos. En la penumbra, desde su cama apenas podía vislumbrar la luz del pasillo que asomaba debajo de la puerta. Por un momento pensó: “ahí fuera, hay vida”.

La puerta se abrió de golpe.

-Tranquilo hombre, ya estoy aquí.

Con un rápido movimiento, Ángela encendió la luz.

-Ya sabes que en el control de enfermeras te escuchamos en seguida por el altavoz, pero tienes que tener paciencia.- Siempre eficaz, apagó el micrófono y lo colgó del cabecero de la cama. -¿Quieres que te cambie de postura?

A Pablo siempre le parecía que los enfermeros entraban como bombas en las habitaciones. Sin consideración hacia los enfermos, a los que atendían por un módico sueldo que seguramente apenas les daba para vivir. Muy excitado contestó con voz entrecortada:

-¿Y por qué crees que llevo llamando media hora? Hace ya dos meses que estoy en este maldito hospital... Sabes que no puedo mover un dedo, no puedo rascarme, no puedo limpiarme una lágrima, y vosotros aparecéis de vez en cuando como si me hicierais un gran favor...

-Bueno, tranquilízate, no te pongas así que ahora lo solucionamos.

-¿Que me tranquilice? ¡Qué fácil es para ti hablar! ¡Por Dios, muéveme de una vez! No soporto más estar con el cuello así.

Ángela apretó el botón del mando situado junto a la cama.

-Tranquilo, que ahora mismo viene Roberto y me ayuda.- Con delicadeza, intentó moverle el cuello y acomodarle la almohada. - ¿Mejor así?

-¡¿Mejor?! ¡¿Mejor dices?!

Pablo no conseguía dominarse. Para su vergüenza, sus sollozos eran cada vez más fuertes e intentaba acallarlos con gritos de rabia.

-Vamos, vamos, tranquilízate. No pasa nada.

Ángela le pasó la mano por la cabeza con suavidad, como quien consuela a un niño.

-¿Por qué no me pones un poco de morfina? Entonces quizá sí que me sentiría mejor...

Casi sentía ganas de reír ante la escena que estaba protagonizando. Podía imaginarse a sí mismo, tirado en la cama boca abajo, con el cuello forzado, haciendo esfuerzos para respirar y a Ángela de pié, a su lado, desconcertada e impotente para ayudarle.

En ese instante, se abrió la puerta y entró Roberto, un joven no muy alto, pero robusto, vestido de enfermero.

-Bueno, ya estoy aquí. Perdona chico, es que he tenido que ayudar a un compañero en una urgencia. ¿Qué tal has pasado la noche?

-Está muy incómodo- Ángela miró a Roberto por encima de la cama. -Deberíamos cambiarle de postura.

Roberto, fingiendo no darse cuenta del estado de desesperación en que se hallaba Pablo, contestó con voz alegre:

-Pues vamos allá. A la de tres lo giramos boca arriba. Una, dos y tres- Entre los dos lo giraron haciendo un esfuerzo. -Bueno, ¿qué tal ahora?

-Mal... pero mejor.

Ángela le arregló las sábanas, y comenzó a colocarle las manos sobre la cama, de manera que los dedos quedaran estirados.

Sonrojado y sudoroso, Pablo miró a los enfermeros, entrecerrando los ojos e intentando acostumbrarse a la luz. Respiraba agitado y sabía por experiencia que no iba a poder dominarse tan fácilmente. Recordar sus estallidos de cólera le ponía nervioso. Sabía que tenía que aprender a ser paciente, pero el dolor, el insomnio y la frustración sufridos durante la noche, habían sido demasiado para él.

Las dos últimas semanas habían resultado especialmente duras, con la rehabilitación, la visita de sus padres, las conversaciones con la psicóloga... El caso es que la psicóloga le caía bien. Hablaban mucho de cómo replantear su vida. Ella lo animaba a ser lo más autónomo posible. Le decía que debía tomar sus propias decisiones sobre todos aquellos temas que le afectaran personalmente.

Pablo comprendía que tenía razón, pero estaba desganado y, en su apatía, no lograba interesarse por nada. De vez en cuando, se atrevía a hablar del accidente que le había dejado tetrapléjico. Este tema le afectaba mucho. Irónicamente, no se acordaba de lo sucedido. Solo sabía que, como en un truco de magia, un día, seis meses atrás, se había levantado sano y otro se había despertado en la cama de un hospital con el cuerpo muerto.

(Continuará)

martes, 14 de abril de 2009

Una vida por vivir (1) "¿Cómo sería estar muerto?"


Tumbado de lado en la cama, Pablo intentaba imaginar como sería la muerte. En los últimos días pensaba continuamente en ella y no hacía nada para intentar quitarse este pensamiento de la cabeza. La muerte. ¡Qué miedo le daba esta palabra cuando era niño! Un simple fotograma en una película podía impedirle dormir toda una noche. La muerte era el fin, aquello que un niño apenas si puede imaginar. Al contrario que muchos de sus compañeros de clase, que a veces se complacían contando historias de terror, Pablo, de niño, evitaba incluso escuchar conversaciones de adultos que giraran en torno a ese tema. "¡Qué absurdo!", pensó, “entonces yo era un bebé, un chiquillo asustado que temía morir, un crío que tenía miedo de perder a su madre. Pero ahora, ¡qué injusta es la vida!, ahora que soy joven y robusto, y más sabio y más fuerte, ahora que he superado mis miedos... ahora precisamente, ¿tengo que morir?"

La injusticia de esta situación le sublevaba
. Deseó poder destrozar en un ataque de cólera todo lo que tuviera a su alcance. Porque él era fuerte y muy capaz de no dejar piedra sobre piedra. O al menos... así era antes, hace siglos, cuando aún no había llegado el dolor a su vida para convertirlo en un deshecho. Hoy, sin embargo, se sentía enfermo de abatimiento, e intentaba hacerse a la idea de que su existencia había acabado, y que la única acción digna que le quedaba por realizar era expirar. Suponía que después de la muerte vendría el vacío, ¿acaso la paz? A ratos, deseaba que así fuera. Pero en otros momentos se sentía invadido por el pánico, al pensar que toda su vida podía verse diluía en la nada, como si todo hubiera sido un simulacro, un sin sentido. ¿Cómo sería estar muerto? “Seguramente como ahora”, pensó. Al fin y al cabo, su cuerpo no podía estar más muerto de lo que estaba en este instante. ¿O sí? Porque el cuello le dolía como el demonio y donde hay dolor, hay vida.

Hasta entonces, nunca se había planteado nada parecido. La muerte, era de esas cosas que les pasa a los demás, no a uno mismo. ¡Y qué decir de la enfermedad grave! Cuantas veces se había cruzado a lo largo de su vida con personas disminuidas, sin que el pensamiento de la invalidez ocupara su mente más de dos minutos. En su vida, tan dinámica y completa, no había lugar para el sufrimiento. Y si por casualidad éste aparecía, en seguida era paliado por el convencimiento de que nada, absolutamente nada parecido al dolor, podía ser nunca definitivo... Ahora comprendía que hasta este momento, había vivido una mentira, sumido en un letargo donde muerte, soledad y sufrimiento no existían, simplemente porque él mismo se había puesto una venda en los ojos para no verlos.

Pero hoy, no le quedaba más remedio que ver lo que antes se había negado a mirar. Y así, Pablo tenía la sensación de que había dejado de ser el protagonista de su propia vida y se había convertido en un espectador de sí mismo. Un espectador asustado de lo que veía, temeroso del futuro, acobardado ante los acontecimientos. Tras los primeros días de lucha, de alguna manera, su mente había abandonado su cuerpo, y Pablo se contemplaba a sí mismo desde fuera, cómo si nada tuviera que ver con él. Y allí, en la lejanía, se preguntó una vez más si no sería mejor la muerte, el vacío, algo definitivo que lo librara de aquella visión.

(Continuará)

lunes, 13 de abril de 2009

Una vida por vivir (Prólogo)


Para Antonio, conducir era un auténtico placer. A sus cincuenta y cinco años, llevaba más de treinta conduciendo un camión. Después de muchos años de esfuerzo y trabajo, había conseguido independizarse. Ahora, tenía su propia empresa y conducía un vehículo último modelo.

El viaje se le había hecho especialmente largo. La mercancía que llevaba era muy pesada, y muchos tramos tenía que hacerlos en tercera, subiendo puertos con carreteras que dejaban mucho que desear. A su mujer, cada día le daba más miedo verlo partir para viajes largos y el añoraba su casa como nunca le había ocurrido en su juventud.

El día había amanecido frío y nublado. Una borrasca, con rachas de viento fuertes, había molestado a los conductores durante la tarde entorpeciendo el tráfico. Ahora, la lluvia caía con más intensidad y el viento se había convertido en un auténtico vendaval, por lo que Antonio se había visto obligado a aminorar la marcha. La tormenta había llegado a un punto álgido, donde relámpagos y truenos se sucedían a gran velocidad y la visibilidad era mala. El aguacero y la grava a los lados del arcén, convertían la carretera secundaria por la que circulaba en un peligro para los conductores. Por suerte, el tráfico, muy abundante a estas horas, se había ralentizado.

Antonio, acostumbrado como estaba a viajar, sintonizó su programa favorito de radio y se dispuso a tomárselo con calma. Al salir de una curva, vio como un gran Audi último modelo que realizaba un adelantamiento irregular se abalanzaba sobre él de frente a toda velocidad. Su primera reacción fue apartarse, pero la carretera era muy estrecha y en el arcén no había sitio para el camión. Las luces del coche lo cegaron por un momento. Antonio temió la embestida, aunque en su moderno camión, sentado a gran altura y con una carrocería fuerte, era consciente de que él no corría un gran peligro. Sin embargo se dijo: “Si le doy, lo mato”. Fue sólo una fracción de segundo la que tuvo para pensar y evitar el choque. Pisó el freno con fuerza y dio un volantazo. El coche que venía de frente, terminó airoso su adelantamiento evitando al camión.

Antonio apenas si tuvo tiempo para dar un suspiro de alivio. En ese mismo instante, sintió un gran golpe en la parte trasera del vehículo. Todo ocurrió con décimas de segundo de diferencia. Asustado, levantó la vista y miró por el retrovisor. El coche que iba detrás, se había incrustado a gran velocidad en su camión.

“¡Oh, Dios mío!”, pensó. Logró estabilizar del todo el camión, giró la cabeza y vio cómo el coche que había provocado el accidente, realizando un adelantamiento prohibido y peligroso, seguía su camino, en dirección contraria, a toda velocidad y sin pararse.

Antonio bajó del camión con las piernas temblorosas. “¡Qué gran injusticia”, pensó. El conductor irresponsable, causante del accidente había salido ileso de la situación. Antonio ni siquiera había podido tomar el número de su matrícula. Mientras se acercaba al coche siniestrado, el corazón le golpeaba el pecho con fuerza. Temía encontrarse con lo peor.

La lluvia caía pesadamente. El tráfico detrás suyo estaba totalmente parado. Varios conductores abandonaron sus vehículos y se acercaron a mirar. El coche accidentado, un Ford bastante antiguo, estaba completamente empotrado en la parte trasera del camión y ofrecía un espectáculo dantesco. El morro, completamente hundido, se asemejaba a un acordeón, y restos del motor, de la carrocería y de las llantas se desperdigaban alrededor del siniestro. A pesar de todo, la cabina del conductor había quedado bastante preservada.

Otros automovilistas, testigos del accidente, corrieron bajo la lluvia deseosos de ayudar. Antonio se acercó presuroso a la puerta del conductor e intentó abrirla.

-¡Llame a una ambulancia!- gritó a un hombre que se aproximaba al lugar.

La puerta del conductor estaba totalmente bloqueada. Con la manga de la chaqueta intentó limpiar un poco la ventanilla, cosa imposible porque el vaho la cubría por dentro. Miró a través del cristal. A pesar de la mala visibilidad, pudo distinguir una figura sentada en el asiento del conductor. Un joven se hallaba inclinado sobre el salpicadero, en medio de un amasijo de cristales rotos. Su cuerpo, con el cuello totalmente doblado sobre el tronco, estaba comprimido entre el asiento y el volante del coche. Parecía inconsciente y tenía un hierro clavado en una pierna. Sangraba abundantemente y no se movía.
Sin dejar de mirarlo, Antonio quiso gritar de nuevo para pedir socorro, pero sólo le salió una voz ahogada. Golpeó varias veces la ventanilla con fuerza en un intento vano de llamar la atención del conductor.

A su lado, alguien preguntó:

-¿Está muerto?

-No lo sé.- Antonio pensaba que sí. -¡Ayúdeme a romper el cristal de la ventanilla para que pueda llegar hasta él!

Oyó las sirenas de la ambulancia, la policía y los bomberos que, a toda velocidad, se abrían paso entre los coches parados y aparcaban sus vehículos cerca del lugar del accidente. Antonio, tembloroso, se alejó unos pasos de la ventanilla dejando hacer a los demás. Entre varios hombres, enrollaron una barra de hierro en un trapo y rompieron con cuidado la última barrera que separaba al conductor de la carretera. Unos bomberos se acercaron con una gran linterna que despedía una luz potente, y con ella, Antonio pudo ver que había salpicaduras de sangre por todas partes.

-Creo que está muerto- dijo uno de ellos. –Tiene el cuello en una postura imposible.

“¡Qué injusticia!”, volvió a pensar Antonio. “¡Qué gran injusticia!”.

El médico de la ambulancia metió la mano por la ventanilla y tocó el cuello del joven buscándole el pulso. Inmediatamente comenzó a hacer señas a sus compañeros para que actuaran con rapidez y gritando dijo:

-¡Está vivo!

domingo, 12 de abril de 2009

¡La Vida triunfa sobre la muerte!



Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado que a las ovejas salva,
a Dios y a los culpables unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte en singular batalla,
y muerto el que es la Vida, triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?»

«A mi Señor glorioso, la tumba abandonada,
los ángeles testigos, sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea, allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos la gloria de la Pascua.»

Primicia de los muertos, sabemos por tu gracia
que estás resucitado; la muerte en ti no manda.

Rey vencedor apiádate de la miseria humana
y da a tus fieles parte en tu victoria santa.


¡Feliz Pascua de Resurrección!

sábado, 11 de abril de 2009

Premio "Anónimos con el Autismo" ¡Gracias!


Javi , del blog “Así no hay quien viva” me ha otorgado el premio "Anónimos con el Autismo". Se trata de un premio creado por el blog “Hasta la luna, ida y vuelta”con el fin de que todos los amigos de la bloggosfera que lo deseen, ayuden en la importante labor de difundir información sobre el Autismo.

Me gustaría compartir este premio con:

Quartier Latin


Premio Red Hispania ¡Gracias!


Martha Colmenares por una parte, y Yuria, del blog "torsiones y distorsiones" por otra, han otorgado a este blog el Premio Red Hispania “al amor a España”, que acepto con agradecimiento y que me gustaría compartir con los siguientes blogs:

La Catapulta

viernes, 10 de abril de 2009

"¡No tengáis miedo de mirarlo a Él!"


En el blog “Juan Pablo II, maestro, padre, pastor, amigo...” he encontrado estas palabras dirigidas por el Papa Juan Pablo a los jóvenes chilenos en 1987. No os perdáis el vídeo. Veréis al Papa que con voz potente y con su inmenso carisma nos repite de nuevo “¡no tengáis miedo!”, a la vez que nos insta a buscar la vida, no sólo en quien da la vida, sino en quien es la Vida misma.

¡Jóvenes chilenos: No tengáis miedo de mirarlo a Él!

¡Mirad al Señor! ¿Qué veis? ¿Es sólo un hombre sabio?

¡No! ¡Es más que eso!

¿Es un Profeta? ¡Sí! ¡Pero es más aún!

¿Es un reformador social?

¡Mucho más que un reformador, mucho más!

Mirad al Señor con ojos atentos y descubriréis en Él el rostro mismo de Dios.

Jesús es la Palabra que Dios tenía que decir al mundo.

Es Dios mismo que ha venido a compartir nuestra existencia, la de cada uno.

Al contacto de Jesús despunta la vida. Lejos de Él sólo hay oscuridad y muerte.

Vosotros tenéis sed de vida. ¡De vida eterna! ¡De vida eterna!

Buscadla y halladla en quien no sólo da la vida,

sino en quien es la Vida misma, Él.

Buscar a Cristo, llegar a Cristo, Vivir en Cristo.

Este es mi mensaje.


martes, 7 de abril de 2009

Otro milagro de Juan Pablo II


Aci digital informa del caso de un joven de Cleveland, Ohio, que la noche del pasado 21 de febrero sufrió, junto con un amigo, un atentado recibiendo una bala en la cabeza.

Su amigo murió en el acto, pero Jory llegó con vida al hospital Metro Health. Allí, los médicos advirtieron a la familia que su herida era mortal y no tenía posibilidades de sobrevivir ya que la bala había penetrado en el cerebro por detrás de la oreja izquierda alojándose en el hemisferio derecho, y dejando a su paso fragmentos óseos y balísticos.

A pesar de la gravedad, Jory se ha recuperado ante la sorpresa de los neurocirujanos y ha sido dado de alta.

El capellán del hospital, Art Snedeker, ha declarado: "El Papa Juan Pablo II me prometió que siempre iba a rezar por los pacientes de este hospital y bendijo una docena de rosarios para ellos. La noche que llegó Jory, le administré el sacramento de la unción de los enfermos, y le pedí al Papa Juan Pablo que orará y lo protegiera".

La documentación sobre este caso podría llegar al Vaticano y ser incorporada en la causa de beatificación de Juan Pablo II.


domingo, 5 de abril de 2009

Es legal, luego... ¿es ético?


El cartel dice: El coste de este discapacitado al pueblo alemán es de 60.000 marcos. Ciudadano, ése es también tu dinero. Lea “Pueblo nuevo”, la revista mensual de la Oficina de Política Racial del NSDAP (siglas del Partido Nazi).

En el famoso proceso de Nüremberg, donde un grupo de nazis fueron juzgados tras la Segunda Guerra Mundial, muchos médicos responsables de la muerte de disminuidos físicos y mentales se declararon inocentes, amparándose en el argumento de que no habían quebrantado ninguna ley, lo cual era cierto, ya que las leyes alemanas protegían la práctica de la eugenesia.

Ese es también el argumento que utilizan Rajoy y sus cómplices para defender el aborto y la selección embrionaria: que es legal. Es más, la ley lo reconoce, porque tiene un gran consenso social.

Hace unos días le preguntaron al líder del PP en televisión si haría uso de técnicas que conllevan la muerte de embriones. Respondió: “¡Si eso está en vigor, cómo no voy a aprobarlo!”
(ver vídeo).

sábado, 4 de abril de 2009

¡Se acabó el matar ratas!


CAMINEO informa que la Unión Europea podría restringir radicalmente el uso de animales en pruebas de laboratorio exigiendo que sean sustituidos por embriones humanos.

Según una nueva directiva propuesta por la Comisión Europea, sólo se permitirá practicar tests toxicológicos sobre animales una vez que se haya demostrado que la realización de los mismos con embriones animales y humanos no ha producido fruto alguno. La directiva, de ser aprobada el próximo 24 de abril, será de obligado cumplimiento para todos los miembros de la Unión.

Los políticos europeos, muy en su línea de “salvar al mundo”, han decidido que se ha acabado el matar ratas y cobayas para salvar vidas humanas. ¡Ya está bien! A partir de ahora, se sacrificarán embriones humanos, que las pobrecitas ratas dan mucha penita y, antes de asesinarlas, habrá que demostrar que se han intentado otros métodos razonablemente disponibles para la investigación, como son las células madre procedentes de embriones humanos.

viernes, 3 de abril de 2009

La vida es la vida, ¡defiéndela!


La vida es una oportunidad, aprovéchala.
La vida es belleza, admírala.
La vida es beatitud, saboréala.
La vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo.
La vida es un deber, cúmplelo.
La vida es un juego, juégalo.
La vida es preciosa, cuídala.
La vida es riqueza, consérvala.
La vida es amor, gózala.
La vida es un misterio, desvélalo.
La vida es promesa, cúmplela.
La vida es tristeza, supérala.
La vida es un himno, cántalo.
La vida es un combate, acéptalo.
La vida es una tragedia, domínala.
La vida es una aventura, disfrútala.
La vida es felicidad, merécela.
La vida es la vida, defiéndela.

Madre Teresa de Calcuta

jueves, 2 de abril de 2009

No se quieren enterar, ye, ye...

Continuamente escucho a muchos católicos quejarse de la situación moral de auténtica corrupción que sufre España. Sus quejas se encaminan a despreciar al PSOE causante, según ellos, del laicismo que padecemos. El aborto, asumido ya como un derecho, aunque aún no reconocido legalmente como tal, es el punto de partida. Después, vienen los lamentos en contra de la terrible Píldora RU-486, conocida como el pesticida humano, y el diagnostico prenatal preimplantacional. Estos dos últimos hitos del laicismo, introducidos en España por el Partido Popular.

A pesar de ello, vemos como católicos convencidos, en un alarde de vivir lo que predican, hacen verdaderas piruetas mentales para seguir justificando, no sólo su voto al PP, sino también la necesidad del Partido Popular de actuar con tanta liberalidad. Se aferran a frases hechas en las que sus líderes se declaran “defensores de la vida” y se tapan los ojos y los oídos para no enterarse de más. Son los eternos “no enteraos”, los “panolis”, los buenos que votan porque no quieren el mal y se conforman con el mal… pero menor, ¿eh? Algún “avispao”, tiene la desfachatez de hablar incluso del “bien posible”.

Y mientras tanto, Rajoy y sus cómplices siguen con la tomadura de pelo universal, esperando que les llegará la hora de volver a gobernar, total, para seguir corrompiendo esta sociedad que mata a sus hijos para “equilibrar derechos”, el de la mamá asesina y el del bebé muerto.

“No hay nada más progresista que defender a la más indefensa de todas las personas: a alguien que todavía no ha nacido”, decía Rajoy en la Razón el pasado Enero, para afirmar ese mismo mes en Intereconomía que “la actual regulación del aborto es sensata y razonable”.

Por si a los que no se quieren enterar les queda alguna duda, el lunes pasado en TVE, el líder del PP dijo muy clarito, vocalizando para que toda España le entienda: “mi posición hoy es que se debe mantener la ley que existe. Es una ley que lleva 20 años, que en mi opinión respeta el derecho a la vida”. Ya lo ven, resulta que la ley vigente, responsable de la muerte de más de 110.000 niños al año, es una ley sensata, que respeta el derecho a la vida.

Ante la pregunta de una de las participantes en el programa sobre cual sería su postura sobre la selección embrionaria en el hipotético caso de poder elegir un “niño medicamento” para curar a otro, Rajoy se jactó de que en España se puede investigar con células madre embrionarias por una decisión que tomó el PP. Gracias por la aclaración.

Mucho me temo que, a pesar de la insistencia del líder de la oposición para que su postura quede clara, los "defensores de la vida" en España, seguirán sin quererse enterar.


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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).