jueves, 17 de septiembre de 2009

Una vida dignísima


Les cuento algo que merece la pena conocer. Sinceramente, y me van a disculpar la presunción, no creo que existan muchas cosas realmente más importantes de la que voy a tratar a continuación. Va de la vida y la muerte, eso que entiendo a todos nos preocupa un poco.

Les cuento la historia de una niña llamada María. Nació hace tres meses. Sus padres desconocían hasta ese momento que tenía —no lo padecía, simplemente lo tenía— síndrome de Down. De haberlo sabido antes, en cualquier caso, la noticia no hubiera alterado ningún plan, porque los padres de María no valoran el derecho a vivir de las personas, y menos de sus hijos o hijas, en función de las condiciones físicas o mentales. María hubiera nacido muy querida en cualquier caso, como de hecho ocurrió.

Los médicos que la trataron, además del pesar que sintieron por no haber podido detectar a tiempo la condición especial de la pequeña, comprobaron que sufría —eso sí— unas malformaciones en el corazón que la obligarían a pasar por el quirófano en cuanto ganara un poco más de peso.

Transcurrieron las semanas y María engordó entre los cuidados de sus padres y los cariños de sus cuatro hermanos mayores. Llegó el momento de la operación, la cual no revestía, en principio, mayor dificultad de la que parece obvia en estos casos.

María quedó en manos de otros médicos que se dedicaron en cuerpo y alma durante once horas a reparar las averías congénitas de su minúsculo corazón. Mientras tanto, sus padres y familiares rezaron y pidieron rezar a todos los amigos (por eso conozco yo esta historia), que a su vez hicimos lo propio con nuestros amigos y familiares. Calculo que cientos de personas debíamos de estar unidas, muchos sin conocernos entre nosotros, en este gran empeño.

Pese a todo, la operación se complicó. El postoperatorio no dio los frutos esperados y María falleció el pasado miércoles al mediodía. El mensaje informativo que envió su padre y que todos leímos con un nudo en la garganta describió perfectamente la situación: “Ahora ya tenemos una poderosa intercesora en el Cielo”.

La esperanza, sin embargo, no borra la pena. Todos queríamos que la pequeña viviera, y no fue así. Pero la historia de María, en su inocente brevedad, imparte una lección con un contenido existencial profundo, además de periodístico. Pienso en el debate, tan actual en España, sobre qué es una vida digna.

Me parece que este concepto reviste demasiada importancia como para solventarlo con una mayoría parlamentaria. Casos como el de María aportan una luz más clarificadora para conocer la Verdad sobre la cuestión que otros argumentos intelectualmente más sofisticados. Está claro que la vida de esta niña, al igual que la de muchas otras personas que cada día mueren en circunstancias parecidas, ha sido enormemente digna.

Corta, pero dignísima. ¿Qué demonio nos lleva a dudar de la importancia de una persona por el mero hecho de que sus cualidades físicas le permitan vivir tan sólo diez meses, tres semanas o dos horas… o incluso cuando ni siquiera puede llegar a nacer? Pensar en María, en lo mucho que la he querido en la distancia aun sin haberla podido ver en este mundo, me convence todavía más de que no existen las vidas indignas, sino poco amadas, respetadas o valoradas.

Por supuesto, los gobiernos no deben ordenar la conciencia de las personas, y menos sus sentimientos, pero sí tienen la obligación de crear leyes que ayuden a valorar el bien más preciado que poseen los ciudadanos: la existencia.

Un teléfono contra el racismo o contra la violencia doméstica, o un dispensario para inmigrantes, revelan una sensibilidad pública, lo cual está muy bien. Pero es precisamente eso, sensibilidad pública, comenzando por la gubernamental, lo que necesitan tantos bebés, nacidos o no, enfermos o no, deseados o no, que no tienen la suerte de caer en un entorno como el que pudo percibir, durante tres hermosos y dignísimos meses, nuestra querida María.

Publicado en la Gaceta de los Negocios
Autor: Juan Bosco Martín Algarra

13 comentarios:

Marta dijo...

Es un emocionante testimonio. Gracias.

PEDRO dijo...

Creo que estas historias reales demuestran que son muchos los matrimonios que luchan por la familia y por sus hijos, aceptando a veces situaciones dramáticas, pero siendo conscientes de que la vida humana tiene un valor infinito siempre. Un saludo desde Málaga.

ulpiano dijo...

María siempre será parte de una familia que la aceptó y la amó. No sucede lo mismo con la mayoría de los niños con síndrome de Down que son abortados en virtud del “derecho a elegir”.

filomeno2006 dijo...

Gaceta de los Negocios, Buen Periódico

Carlos dijo...

Hola Eligelavida:

Hace poco que he descubierto tu blog y estoy impresionado por los textos que aquí aparecen. Es cierto que se trata de la vida misma. En Chile, donde vivo desde hace ya más de tres años, también se va notando un progresivo deterioro en las conciencias de la gente que aceptan con más facilidad los desastres del aborto y la eutanasia, aunque por suerte, aún no hemos llegado a la situación de España. Me parece muy triste ver como degenera tu patria.

Sancho dijo...

Al desprecio por la vida se une al desprecio por la Patria, por la familia y los valores tradicionales. Cuesta entender que alguien se atreva a matar a otro ser humano por tener Síndrome de Down o por padecer cualquier patología. No es de extrañar que después se quiera eliminar también a los ancianos y a los enfermos.

Luis y Mª Jesús dijo...

Hace poco leía las estadísticas de niños con síndrome de Down que han nacido el año pasado en España: escalofriante. Vivimos en un país de asesinos.
Me contaban el finde pasado de un caso parecido a esta niña en que la madre se sorprendió de que en cuidados prenatales solo estuviera su hija porque veía muchas mujeres en la planta pero ningún niño. La comentaron que era una cínica donde se practicaban muchos abortos y empezó a comprender el por qué se oían tantos gritos entre las parejas que estaban en las habitaciones de la planta.
Besos

Anónimo dijo...

Imagino que lo que está pasando aquí pasa también en el resto de Europa, donde cada vez nacen menos niños con malformaciones o con problmas genéticos. ¿Qué gran logro médico! Matar al enfermo y mejorar la especie.

Ignacio

Angel dijo...

Hoy me hjas hecho llorar. tengo unos amigos que esperan su tercer hijo. El segundo fué SD, ahora el tercero puede serlo también y su testimonio y aceptación hace que me den ganas de gritarles con toda mi rabia e impotencia a unas cuantas ministras y a una sociedad hedonista hasta lo vomitivo. ¿Quien calma nuestra inquietud? todas estas almas vienen para hablarnos de paz, serenidad, alegría y aceptación, Basta mirarlas para sentirnos avergonzados de nuestra chulería y prepotencia.

José Gil Llorca dijo...

Hola, eligelavida. Simplemente comentarte que hace un par de días que al intentar entrar en mi blog aparece la adevertencia de que el blog infringe las condiciones de uno y solo está abierto a los autores.

Ya me pasó en otra ocasión y ya he pedido que revisen para penerlo de nuevo activo.

¿Tú sabes si se puede hacer algo más?

Un saludo.

eligelavida dijo...

José Gil Llorca

No soy experta, pero puedes probar esto:

Ir a configuración.
En configuración, hacer clic en permisos.

Ahí hay una pregunta:

¿Quién puede ver este blog?

1. Cualquiera
2. Sólo los usuarios que yo elija
3. Únicamente autores del blog

Quizá por error esté marcada esta última opción.

Lo que no entiendo es porqué dice que el blog infringe las condiciones de uso. Espero que no te estén saboteando y que lo soluciones pronto. Un saludo.

eligelavida dijo...

Carlos, bienvenido.

Creo que tienes razón. La extensión de la cultura de la muerte está alcanzando proporciones universales. De todas formas, en España parece que siempre vamos en cabeza. Un saludo.

Rosa dijo...

Impresionante historia. Esos padres son un ejemplo a seguir.

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