miércoles, 30 de septiembre de 2009

No hay asunto más importante


Ayer, a propósito de “la ministra y el bebé”, un comentarista del blog no muy amable me llamó “obseso” por hablar con tanta frecuencia del aborto.

“Ya está bien —escribía—. Ha quedado claro que no os gusta lo que hacen millones de mujeres en España (sic). ¿Pero es que no hay asuntos más importantes? Tienes que hacértelo mirar, padre Enrique. Eres un obseso.”

Rechacé el comentario por una cuestión de estilo: no me gustan los insultos, y la palabra “obseso” podría considerarse como tal. Esta mañana, sin embargo, he ido al diccionario de la Real Academia y he comprobado que “obsesión” tiene también un significado neutro y aceptable: “Idea que con tenaz persistencia asalta la mente”.

Debo pedir perdón, por tanto, a mi comentarista. Tiene razón: en este sentido, sí que soy un obseso. Desde luego no participo de algunas pesadillas políticamente correctas que proliferan por ahí. Quiero decir que no me hace perder el sueño el cambio climático ni la gripe A, por citar sólo dos de las paranoias más frecuentes; pero sí me angustia el desprecio creciente a la vida humana, que es, en mi opinión, el síntoma más terrible de la decadencia moral y de la decrepitud de nuestra civilización.

Me obsesiona tanto que ni siquiera soy capaz de bromear con este asunto. Yo, que me río del lucero del alba todos los días, no dejo de rezar —y hasta de “llorar”— cada mañana en la Santa Misa por los niños muertos, por las mujeres manipuladas, por los médicos que asesinan y por los políticos que no se atreven a ser simplemente humanos: tan humanos, por los menos, como ese muñeco de plástico al que ni siquiera pueden mirar.

Me pregunta mi amigo si “no hay asuntos más importantes”. No, no los hay.

Título: "Soy un obseso"
Autor: Enrique Monasterio, creador del blog “Pensar por libre”.

6 comentarios:

Angel dijo...

Pues vivan los obsesos que de fienden la vida. Basta mirar la obsesión del gobierno para destruirla, para comprobar que además de obsesos, chulos, e intolerantes. Bienvenidos los insultos a los que luchamos por los inocentes. estamos en el buen camino, señal de que les tocamos.
Eligelavida. Hoy recomiendo está magnifica bitácora en mi blog.
Viva D. Enrique

Guerrera de la LUZ dijo...

Ya leí a Don Enrique, es buenísimo este post.

Pues sí hijo sí, somos unos obsesos de la vida humana. Está por ver en qué se te van a ti las horas de tu vida.

Besos Eli. Tesoro.

Teresa dijo...

Un texto al que nos adherimos muchos. Un saludo.

Antecedente dijo...

Curiosa forma de denominar a aquellos que defienden la vida. Obseso por vivir y garantizar que otros tengan derecho a vivir, incluso sabiendo que cuando tengan la oportunidad de razonar, quizá piensen que su vida y las de los demás no han merecido la pena.

La indiferencia es como tierra húmeda que cubre las tumbas.

TERE dijo...

¡Qué curiosa manera de "insultar"!

Ojalá hubiéramos mas personas obsesionadas con la idea de preservar la vida de los pequeños inocentes, de los indefensos y de sus madres.
Ojalá hubiera menos indiferentes (esto sí podría ser más ofensivo) ante tanto asesinato legalizado.
Ojalá pudiéramos crear conciencia de que esto no trata de posturas políticas, ni religiosas, ni sociales. Sino de defender la vida de una persona que es igual de importante que otros de 3, 5, 20, 50 o 90 años. Todos somos igual de importantes.

Gracias por visitar mi blog. Para alguien que comienza, siempre es bueno saber que el rumbo que lleva es aceptable.
Saludos desde México.

Luis y Mª Jesús dijo...

Don Enrique es genial. A mi la verdad es que me enorgullecería que dijeran que estoy obsesionada por defender la vida, aunque reconozco que lo de "abuela obsesa" no suena nada bien.
Un beso

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).