miércoles, 2 de septiembre de 2009

¿Amar es perder libertad?

Total, que la noche de tapas se estaba convirtiendo en “el debate del verano del Escorial”. Las voces comenzaron a subir, lo cual me gustó, que no hay nada peor que callarse cuando no se está de acuerdo. Alicia, por hablar, se llevó un par de palos. El primero de su amiga Marga:

“Tía, me sorprendes. No esperaba que nos salieras tan monjil. Todo eso no es más que una utopía. ‘Amar al otro por lo que es’, ¡pues no pides nada, no! Imagínate que dos personas se casan jóvenes. Poco a poco van madurando y en ese proceso no tienen por qué ir a la par. Cada uno evoluciona según sus circunstancias. Uno enferma, otro tiene un revés en el trabajo, otro se harta de la vida que lleva... ¿y qué? ¿Tienen que quedarse juntos como si verdaderamente estuvieran atados con unas cadenas así de gordas?” (Y hace un gesto exageradamente ostentoso con los brazos, pero ya os he dicho que Marga es exagerada para todo.)

“Eso, eso”, “estoy de acuerdo”, “¿dónde está la libertad?”

Bueno, parece que algunos se han puesto de acuerdo en algo, así que les pregunto a los otros:

“¿Qué pensáis? Alicia hablaba antes de entrega. ¿Quiere decir eso que se pierde libertad cuando se ama a alguien?

Marga, aunque la pregunta no es para ella, salta la primera: “Por supuesto. Y si te interesa esa persona, renuncias “libremente” a tu libertad. Pero si ya no te interesa... ¿Por qué sacrificar algo tan preciado?”

Julián la apoya: “Opino lo mismo. El amor comprometido significa perder libertad”.

Alfonso pone la puntilla: “Completamente de acuerdo”.

Los mudos parece que se resisten a hablar. Vuelvo al ataque y les pregunto: “¿Y vosotros qué? ¿Creéis que amar supone un sacrificio a la libertad personal?”

8 comentarios:

Sancho dijo...

En el matrimonio, como en todo, hay que aprender a amar sin miedo. Cuando se está constantemente pensando que se va a perder la libertad, es que no se ama lo suficiente.

ulpiano dijo...

Parece que siempre gritan más los que proponen soluciones fáciles. Los otros, ¿por qué se acobardan??

Teresa dijo...

Hay mucha gente que convencida de que unirse irrevocablemente a otro es perder la propia libertad. No es así. El matrimonio supone ejercitarse constantemente en la libertad.

¿Qué clase de amor es el que prefiere dejar una salida siempre abierta? La persona verdaderamente enamorada no teme perder su libertad, sino perder su amor. No hay que temer el compromiso, pues también somos libres al comprometernos.

ARCENDO dijo...

Gran historia que demuesta la negativa a la pregunta de portada...
AMAR ¡¡SIEMPRE!! ES AFIRMAR LA LIBERTAD. Saludos.

Temujin dijo...

Creo que cada uno ve el amor de diferente manera. ¿Hay en el mar dos olas iguales?, no. Todos amamos de igual manera?, no. Cada uno debe elegir su camino de acuerdo con la otra persona, creo yo...

Angelina de Maria dijo...

QUERIDA AMIGA :TE DAS CUENTA,COMO ME VA DICTANDO LAS PARABOLAS DEL NUEVO TIEMPO...
GRACIAS POR TU ALIENTO,NO DEJES DE REZAR POR MI,ESTOY TRABAJANDO MUY ARRINCONADA...
NO ME DISTE TU AUTORIZACION PARA PUBLICAR LA NOTA SOBRE MATRIMONIO...ESPERO TU SI .

TE ABRAZO ,TE QUIERO,EXITOS AMIGA.

ANGELINA DE MARIA

Yuria dijo...

Yo opino que cada uno debe de seguir teniendo su espacio personal, pero siempre tiene que existir la intersección de la relación, que a veces será muy grande y otras, menos.
Un poco sí se debe renunciar a sí mismo, pero sólo un poco, total que merece mucho la pena.

Chao y besos.

Luis y Mª Jesús dijo...

Cumplir los compromisos es signo de libertad.
Desgraciadamente cada vez son menos los jóvenes capaces de amar porque carecen de libertad, sin embargo algo está cambiando.
Muchas gracias por el link.
Un abrazo

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).