martes, 14 de julio de 2009

Los "Herodes" de nuestro tiempo


Hace unos días hablábamos de los “filántropos de la muerte”. Aquellos multimillonarios que destinan grandes cantidades de dinero a luchar contra la gran mentira de la «explosión demográfica», una especie de big bang que se produciría en la Tierra como consecuencia de la superpoblación. Entre estos, se encuentran Bill Gates, cofundador de la empresa de software Microsoft, y uno de los grandes inversores mundiales en la píldora abortiva RU-486, y Ted Turner, fundador de la CNN, que propone el aborto como solución al calentamiento global (¿?) pues, según él, somos demasiados en este planeta.

Otro de los grandes Herodes de nuestro tiempo ha sido el “filántropo” John D. Rockefeller III, que ya en los años cincuenta del siglo XX postulaba el camino de la despoblación mundial como vía para la paz. Y para conseguir este objetivo (la paz) proponía ejercitarse en la muerte. ¿De qué otra forma podemos despoblar la Tierra si no es matando? La panacea es la defensa de la “salud reproductiva”, la eutanasia y el aborto.

¿Quiénes son para estos Herodes los principales enemigos de la paz? Los niños, ya que “impiden” a las familias llevar una vida digna y en plenitud. La solución de la pobreza no depende para estos millonarios de una mejor redistribución de la riqueza, sino que pasa por tener pocos hijos; o mejor aún, no tener ninguno.

El mito de la "explosión demográfica" y el miedo a la superpoblación han sido los argumentos más utilizados por los “filántropos de la muerte” para extender la plaga del aborto y alimentar la cultura antivida que hoy padecemos.

El Papa Juan Pablo II ya nos advirtió contra estos falsos profetas alimentadores de la Cultura de la muerte. ¿A quién vamos a escuchar?

5 comentarios:

Juanjo dijo...

He descubierto esta web:

www.rafapal.com

parece un poco friki al principio, pero alerta con argumentos contra los anticristos de nuestro tiempo: el judaísmo, el capitalismo depredador, el marxismo y los intentos de crear gobiernos en la sombra.

Guerrera de la LUZ dijo...

Y todo por avaricia, para seguir haciéndose multimillonarios. En fin, ya lo pagarán.

Un beso cielo.

Sancho dijo...

Es evidente que al Papa no se le escucha. Los políticos, ya sea de derechas o de izquierdas, buscan dar al pueblo lo que el pueblo pide. Y España es abortista se la mire por donde se la mire. Un país que ha sufrido y sufre la persecución religiosa que ha habido y hay en España y encima se dedica a honrar a los que apoyaban a los asesinos, es un país con una vena masoquista y un gran desprecio a la justicia. No me sorprende que una mayoría apoye el asesinato de niños.

Juanjo dijo...

Juan Pablo II previno contra los que quieren extender la cultura de la muerte basándose en argumentos utilitaristas del ser humano. Aún así, nuestros jóvenes admiran a toda esta patraña de gente que gasta su dinero en destruir al hombre.

Ricardo dijo...

Un santo de nuestro tiempo decía que estas crisis son crisis de santos. No podemos cambiar ciertas cosas, pero si podemos cambar otras. Y no me refiero solamente a utilizar mejor nuestro voto, que también. Me refiero ante todo a la necesidad de guardar la ética cada uno desde su puesto en la sociedad. Como profesor, me incumbe especialmente el tema de la educación. Pero además, la forma en la que educo a mis hijos, el número de hijos que tengo y cómo practico la paternidad responsable, sin dejarme llevar por teorías absurdas, mi rechazo a todo lo que atente contra la vida humana, es la forma con la que personalmente, puedo colaborar en la extensión de la cultura de la vida.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).