viernes, 22 de mayo de 2009

Una vida por vivir (18) "¿Es malo involucrarse?"


Ángela bajó con rapidez las escaleras y entró en maternidad. La enfermera jefe había solicitado su presencia inmediata. Hacía falta preparar a un niño para una intervención quirúrgica de urgencia y faltaba personal para atender a toda las necesidades de la planta.

Se presentó en el control de enfermeras.

-Hola chicas, vuestra jefa me ha dejado un recado para que baje...

-Sí- contestó una joven enfermera- se trata de este paciente.

Le entregó un historial que tenía sobre la mesa. Ángela le echó un vistazo sorprendida. La intervención quirúrgica programada era para reparar una fístula traqueo-esofágica en un niño con Síndrome de Down. Se trataba indudablemente del mismo niño del que le había hablado la doctora Luna.

-Tiene cuatro días – prosiguió la enfermera. -Ha nacido con un problema grave que le impide recibir alimento por vía normal y va a ser intervenido en menos de una hora. Su padre está ahí.

Hizo una seña con la cabeza.

-Bien- dijo Ángela -¿Por dónde empiezo?

-Empieza por darle un baño y cambiarle el pijamita. Antes de eso, aféitale la cabeza, porque los médicos quieren extirparle unos pequeños nódulos que tiene tras las orejas y en el cuello.

Ángela entró en la sala de neonatos. Antes de atravesar la segunda puerta, se lavó las manos con un jabón antiséptico y se puso una bata de papel encima de su uniforme de enfermera.

Una vez dentro, se acercó a su pequeño paciente que, como si intuyera que algo iba a suceder, lloraba con gritos ahogados. El niño tenía un pequeño tubo introducido por la nariz y una vía cogida en un brazo.

Ángela lo tomó en sus brazos con cuidado. Lo meció suavemente y lo llevó a un cambiador situado en uno de los extremos de la sala. Lo desnudó y, sacando una pequeña maquinilla de afeitar desechable, le rasuró la cabeza con mucho cuidado, diciéndole frases cariñosas. Luego lo bañó con cariño y le puso un pequeño pañal y una camisetita. Cuando terminó, se sentó al lado de su cuna acariciándole la cara suavemente. Cada segundo que pasaba, se sentía más implicada en su bienestar.

La enfermera jefe, que la había estado observando se acercó a ella y le dijo:

-Buen trabajo, Ángela. Veo que sigues siendo muy niñera.

-¿Qué posibilidades tiene?- preguntó Ángela refiriéndose al niño.

-De momento todas. Se trata de una intervención bastante común y tiene muchas posibilidades de superarla y hacer una vida normal.

A Ángela le vino a la mente la sonrisa irónica de Barbero cuando, refiriéndose a Pablo, había dicho: “¿Una vida normal?” Pensó también en los padres del niño, que habían solicitado que no se le operara y se le dejara morir. Dirigiéndose a la enfermera dijo:

-¿Te importaría que viniera a visitarlo de vez en cuando?

-Puedes bajar a verlo si quieres, pero no me parece que sea bueno para ti. Siempre has tenido esa tendencia a involucrarte emocionalmente con los pacientes, y si al final el niño no lo supera, te vas a llevar un disgusto. Además – dijo sonriendo -recuerda que sólo le has dado un baño, no es realmente tu paciente.

(Continuará)

1 comentario:

Guerrera de la LUZ dijo...

Qué linda Angela...

Pues claro que ojalá fuese todo el personal sanitario como ella y todos se implicaran verdaderamente con los pacientes, cada vida humana vale toda la Sangre de Cristo, tiene un valor infinito.

Abrazos.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).