viernes, 8 de mayo de 2009

Una vida por vivir (15) Todos somos personas


-Ya has visto cómo a veces se desprecia la vida del enfermo, valorada como poco útil. ¡Pues qué decir de la vida del embrión! ¡Es considerara como prácticamente inexistente! Solo sirve para ser utilizada en función de la voluntad de los científicos o de sus padres. Es como si no tuviera valor en sí misma.

Julia dejó la botella, se dirigió a su taquilla y la abrió. Cogió su carpeta y sacó de ella una fotografía. La contempló durante unos segundos y se la entregó a Ángela para que la viera. Era una fotografía reciente de un bebe gordito y sonriente, vestido con un gran faldón azul.

-Mira, esta fotografía me la dieron ayer en una consulta. Es de un niño que nació aquí hace tres meses.

Ángela la miró con curiosidad sonriendo.

-Es precioso...- comentó.

-Sí, lo es- dijo Julia mirando la fotografía por encima del hombro de Ángela. Luego explicó:

-Sus padres no tienen problemas para concebir, pero el padre del niño tiene una enfermedad hereditaria y no querían arriesgarse a que el niño la padeciera. Para ello recurrieron a la reproducción asistida. Ayer me decía su padre lo felices que están con su bebé. Hablaba de la “curación” de su mal para las próximas generaciones. No parecía ser consciente de lo que había hecho. Porque este precioso bebé no ha sido curado de nada. Simplemente, ha sido seleccionado para vivir. Ha sido escogido entre otros embriones que no han tenido tanta suerte.

Julia tomó de nuevo la fotografía y la guardó en la carpeta.

-Parece mentira, ¿verdad? Padres, que para que un embrión salga adelante, permiten que otros sean destruidos o congelados. Pero, mientras consigan tener un hijo sano, lo demás no les importa. Lo que te decía, para ellos, el fin justifica los medios... Y desgraciadamente, esto se hace ante la pasividad del resto de la sociedad...

Ángela no contestó. Se había quedado sin argumentos. Las palabras de la doctora Luna le habían hecho recapacitar acerca de su propia preocupación por las personas. Tenía que reconocer que muchas veces se dejaba arrastrar por un sentimentalismo absurdo que le llevaba a apoyar causas que ahora veía que eran injustas. La fotografía del precioso bebé le hizo pensar en los embriones que habían sido creados para que él pudiera ser escogido entre todos ellos y se preguntó que suerte habrían corrido. Los científicos jugaban a ser Dios. La falta de respeto del hombre por el hombre, hacía peligrar la humanidad.

La voz de la doctora Luna interrumpió sus pensamientos.

-Bueno, Ángela, me voy que se me hace tarde y aún tengo un par de reuniones antes de continuar con mis pacientes. Por favor, dile a Pablo que iré dentro de un rato a hablar con él.

-Se lo diré. Ojalá encuentre algo que le haga valorar la vida...

La doctora Luna salió presurosa de la habitación. Ángela se acercó a la cristalera de la terraza. Abrió un poco las cortinas y entró algo de luz. Pensó en los amaneceres maravillosos de primavera que había contemplado otras veces desde esa misma ventana. Hoy, sin embargo, el día se le antojaba turbio, oscuro. Apoyó la frente en la ventana y permaneció unos segundos así, pensando en la conversación que había mantenido con la doctora Luna. Decidió que entre todos estaban creando una sociedad inhóspita, donde la vida humana estaba cada vez más amenazada.

Al cabo de un rato, abrió el ventanal y salió a la terraza. Le gustaron los ruidos de la calle. Ya comenzaban los atascos en la ciudad y eso le dio una sensación de vida.

Desde donde se encontraba podía ver bien la entrada principal del hospital. Una mujer que llevaba un niño adolescente en una silla de ruedas llamó su atención. El niño iba un poco inclinado en la silla y de vez en cuando daba un manotazo al aire, como consecuencia del espasticismo que sufría. La mujer, además de empujar la silla, iba cargada con un bolso, una pequeña maleta de mano y una bolsa grande de plástico, de las que se usan para guardar radiografías. Ángela, desde su posición, la distinguía perfectamente. Observó que intentaba bajar el escalón de la acera, pero la silla le resultaba demasiado pesada. Varios peatones cruzaron apresuradamente a su lado sin dedicarle siquiera una mirada. De repente, un joven paró su coche en doble fila y se bajó corriendo para ayudarla. Algunos coches le tocaron la bocina y más de un conductor le hizo un mal gesto. El joven, sin inmutarse, llevó la silla de ruedas hasta el otro lado de la calle, subió la acera y se despidió amablemente de la mujer.

Ángela sonrió. Quizá el día no fuera tan oscuro. Quizá aún no estuviera todo perdido.


(Continuará)

6 comentarios:

Marta dijo...

Hoy por hoy nadie es capaz de “crear” un ser humano sin determinados genes. Todo consiste en crear varios y eliminar a los inservibles, es decir, a los que no responden a las expectativas. Me gusta la historia pero ¿qué ha sido de Pablo?

FOTELIAS dijo...

Querida amiga, desde hace años nos estamos adentrando en un bosque donde la amoralidad habita por doquier. Hasta en los mismos Derechos Humanos se está desnaturalizando o se intenta por todos los medios desnaturalizarlo ante el triunfalismo de un nominalismo radical.
No puede haber conocimiento de la esencia de las cosas sino a través del nombre que le asignamos.Basta ya de una vez que cambiemos el nombre de las cosas para que tales cosas que existian dejen subitamente de existir. Por ejemplo -FAMILIA-, ya no significa nada en si mismo, sino lo que nosotros queramos designar como tal. Y el ABORTO, que antes considerabamos un crimen execrable, podemos configurarlo como sacosanto derecho, si nos conviene.
Termino citando la política de ARISTOTELES -Las verdaderas formas de gobierno son aquellas en las que el individuo gobierna con la aspiración del bien común; los gobiernos que se rigen por intereses privados son perversos-.
Y pervierten todo lo que tocan, empezando por los DERECCHOS HUMANOS.
MUCHAS BENDICIONES.
FOTELIAS.

Juanjo dijo...

Me gusta el final del relato. Ese joven que se baja a ayudar compensa a los que pasan junto al necesitado sin levantar siquiera la vista. Por suerte, hay muchos de los primeros. Lo importante es que siempre pasen a la acción, en su profesión, en su familia, a la hora de votar…

Carlos dijo...

Me gusta especialmente el personaje de la enfermera. Es la típica persona que opina que cada cual debe actuar en conciencia. En principio, no le parece mal la reproducción asistida. Al contrario, la ve como un adelanto de la ciencia. Sin embargo, enfrentada a la realidad por las explicaciones de la doctora, recapacita y entiende la gravedad del problema.

Ocurre muchas veces que apoyamos causas que nos parecen justas llevados por el sentimentalismo o la emoción del momento, pero si recapacitamos veremos que no siempre es justo o moralmente válido lo que tiene un buen fin, sobre todo si los medios utilizados para lograrlo son inmorales (véase el caso del bebé medicamento).

Guerrera de la LUZ dijo...

No, gracias a Dios no está todo perdido. Hay muchísima gente buena y que defiende la vida y la disgnidad del ser humano en cualquier circunstancia. Pero vamos... que está todo muy mal Eli.

Un beso cielo.

Qué buena idea has tenido con publicar toda la saga de "Una vida por vivir".

Hilda dijo...

Yo creo que no todo está perdido, somos muchos los seres humanos médicos o no que no pensamos como Barbero. Saludos. Hilda

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