sábado, 2 de mayo de 2009

Una vida por vivir (12) ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?


Se interrumpió al ver que se abría la puerta y entraba el Dr. Barbero con un sobre en la mano.

-Ángela, precisamente te estaba buscando. Necesito los historiales de estos pacientes para esta tarde.

Le entregó el sobre mirando con disimulo a la doctora Luna.

-Sí, doctor.

-Por cierto, Julia, no sé si Ángela te habrá comentado la petición que me ha hecho Pablo hace un rato...

-Con permiso, tengo que seguir mi ronda.

Ángela se apresuró a disculparse e intentó pasar entre ellos con intención de salir de la habitación.

-Espera Ángela, no te vayas aún.

El tono mortalmente serio de la doctora Luna la frenó. Ésta continuó, mirando al doctor Barbero:

-Sí, me lo ha comentado, y yo no llamaría a eso “petición”. Tú sabes muy bien que cuando un paciente sufre un estado irreversible, cae en un abatimiento en el que no siempre es dueño de sus palabras. Su voluntad se mueve como un péndulo y, hasta que no acepta la situación, puede llegar a pedir la muerte, aunque ése no sea su verdadero deseo.

-Yo tan solo me he ofrecido a sedarle.- Barbero adoptó un tono conciliador, consciente de que sus diferencias con la psiquiatra en este terreno eran casi insalvables. -Mi intención es que, si no soporta el sufrimiento psicológico que acarrea su estado, al menos pueda abstraerse de él.

-Pero Pablo es una persona inteligente. Ayudémosle a pasar por este trance hasta que acepte su nueva condición.

Barbero suspiró y se sentó en el sofá.

-Seamos realistas. A veces se altera mucho... ¿verdad Ángela?

-Sí, un poco. Pero después recapacita y se calma...

-Ya. Pero, admítelo Ángela, ni aún entonces se siente plenamente feliz...

-Yo creo que sus palabras son sólo una petición de ayuda desesperada...

Ángela empezaba a ponerse verdaderamente nerviosa, pero aún así, no estaba dispuesta a ceder.
-¿Ahora eres psicóloga?- Se burló Barbero. Miró a la doctora Luna y continuó, encogiéndose de hombros. –Ángela cree que las palabras de Pablo son una petición de ayuda y yo me he ofrecido a ayudarle.

Julia notó como su jaqueca se acrecentaba. Varias veces había tenido con Barbero discusiones semejantes... Sabía que era un hombre ambicioso, un científico inteligente, buen conocedor de los problemas neurológicos. Pero era también un hombre frío, de los que miran a la médula en vez de al paciente. Aún así, intentó convencerle.

-Son etapas y tú lo sabes. Todos tenemos nuestros bajones, pero a ninguno se nos droga para que no seamos conscientes de nuestros problemas.

-Sí, pero el problema de Pablo no es solo de Pablo. Un paciente así da mucho trabajo. Su familia estaría mucho más tranquila si le viera bien atendido en una unidad de cuidados paliativos, sedado y en paz.

Julia no daba crédito a lo que estaba oyendo.

-¿De verdad crees que su familia lo ve sólo como una carga? Pero, por Dios, ¿no te das cuenta de lo que estás diciendo? Propones convertir a un ser humano en un objeto.

-Yo, ante un sufrimiento que no puedo solucionar, lo que propongo es la sedación.- Barbero seguía impertérrito. -Y si el enfermo, la familia y el médico están de acuerdo, ¿dónde está el problema?

La doctora Luna replicó:

-El problema está en que Pablo no es un paciente terminal y además, no necesita sedación, porque no sufre un dolor físico insoportable.

-Ya, pero estarás de acuerdo conmigo en que sí sufre un gran sufrimiento psicológico, o moral, como prefieras llamarlo.

-Sí - contestó Julia. –Y ahí es donde debemos insistir para intentar que lo supere.

Barbero replicó muy seguro:

-Pues yo, si no temiera ir a la cárcel, propondría el suicidio asistido para aquellos pacientes que no desean afrontar una situación como la de Pablo. Tendrás que reconocer que es triste vivir así. ¿Qué puede hacer ahora el pobre chico, salvo ser una carga para los demás? Es un hombre sin dignidad, y asistirle en el suicidio no sería más que un acto de compasión y nosotros, los médicos, somos los que mejor podemos llevarlo a cabo.

-No sabes cómo me apena oírte hablar así.- Julia se sentía terriblemente triste, y en cierto modo, culpable, por no ser capaz de hacer ver a un compañero, cual es el valor de una vida humana.

-Te olvidas de que los médicos no solo tratamos con cuerpos, también con almas- dijo en un último intento por convencerle. -Tratamos con personas que tienen derecho a que las consideremos como un todo. No sé cómo puedes decir que Pablo es un hombre sin dignidad. Su dignidad no depende de su “funcionalidad”. Un paciente puede estar muy disminuido por la enfermedad, pero su fortaleza y el amor de los demás pueden ayudarle a salir adelante.

-¿Amor?- El doctor Barbero sonrío, estirando el brazo por encima del respaldo del sillón. Él era un autentico médico, de los que se dejan la vida en los quirófanos, y pensaba con desdén que Julia Luna era una sentimental incurable, algo que un profesional de la medicina no se podía permitir.

–Mira, Julia, cuando me enfrento a mis pacientes, si puedo curar, curo y, si no, ofrezco otra alternativa... Pero no puedo dedicarme a pensar en cual va a ser su situación emocional, si van a recibir amor o no. Yo soy el médico de mis pacientes. ¿O soy acaso su guardián?

-Desde luego, nosotros no somos quién para decidir que su vida ya no vale la pena. Por suerte, sé que ni Pablo ni su familia consentirán que pongas en práctica la “solución” que les ofreces...

Barbero se levantó y se encogió de hombros.

-Bueno, como he dicho, yo sólo me ofrezco a ayudar... Reconozco que este es un tema demasiado complejo como para solucionarlo en unos minutos. Pero es bueno que los profesionales de la medicina nos lo vayamos planteando. Los tiempos cambian y, por suerte, también la mentalidad de la gente evoluciona.- Sin hacer caso de la expresión de la doctora Luna prosiguió -¡Quien sabe! Quizá dentro de unos años sepamos simplificar las cosas y seamos más eficaces a la hora de ayudar a los pacientes a los que no podemos curar... En fin, Julia, te dejo que tengo que ver a otros enfermos.

Sin darle la oportunidad de replicar, se dirigió hacia la puerta, saliendo con paso rápido.


(Continuará)

5 comentarios:

Hilda dijo...

Sigo felicitándote mujer por tu historia, el día que escribas un libro decidme, que lo compro jejeje.
Por otro lado, si algún día tuviese que pasar por tan dura prueba, quiero a cargo de mi tratamiento a una dra. Julia Luna!!
saludos. Hilda

Carmen dijo...

Hace tiempo que no escribo pero sigo fielmente la historia de Pablo. Por suerte ha aparecido alguien capaz de hacerle cara a ese dr. Barbero… Espero que todo termine bien.

Guerrera de la LUZ dijo...

Pues sí, gracias a Dios que está la doctora Luna y desde luego que Dios nos libre a cualquiera de caer en manos de un personaje como el Barbero.

Besos.

Angelina de Maria dijo...

QUE DIOS BENDIGA A TODOS LOS BUENOS MEDICOS!!!
LINDO ESCRITO AMIGA,ESPERO TUS COSAS ESTEN BIEN,QUE LA MISERICORDIA DE DIOS ESTE SOBRE TI EN TODO MOMENTO,Y POR SUPUESTO CAMINES SIEMPRE A LA LUZ DEL ALTISIMO...
TE ABRAZA ANGELINA DE MARIA,BUEN FIN DE SEMANA!

Salvador Pérez Alayón dijo...

Cuando nos enfrentamos a problemas que están fuera de nosotros, no en nosotros, con facilidad nos excluimos y nos borramos de toda responsabilidad. Mis ideas son éstas y punto. Sí piensan de otra manera allá ustedes.
¡Acaso soy yo el responsable o guardian de mi hermano? Esa pregunta o respuesta descubre enfrentamiento, exlcusión y no compromiso. Mi importa poco su problema. Es más, me molesta y lo mejor es acabar con él cuanto antes.
La dignidad, la persona, los valores, la solidaridad, la comprensión, todo queda relegado a los intereses y egoísmos. El amor queda reducido a un simple servicio justo y hasta cierto punto. La persona se identifica con un número o cosa, pues ha dejado de valer y contar como algo útil para la sociedad. Se ha perdido toda referencia del bien común, y se ha alejado de su propia esencia de persona, que es precisamente hacer el bien.
Elegilavida, tienes en mi blog de vivencias un premio que te brindo como sello de mi amistad sincera y que espero aceptes y recojas. No compromete a nada, y no tienes que compartirlo si no lo deseas, es sólo un testimonio de amistad que quiero compartir con personas que, como tú, pienso que lo que hacen lo hacen desde el compromiso de la verdad y el amor.
Un abrazo en XTO.JESÚS.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).