martes, 26 de mayo de 2009

Anticoncepción y aborto: frutos de una misma planta


Vivimos inmersos en una sociedad donde la vida es considerada un bien relativo. Su valor depende del deseo de quien la engendra o de quien la vive.

Una forma de rechazo a la vida es la práctica de la anticoncepción. Curiosamente, a pesar del magisterio de la Iglesia, claramente opuesto a la contracepción artificial, muchos cristianos la practican argumentando que es la única forma de vivir una sexualidad responsable. El hecho es que cuando se hace referencia a un “embarazo no deseado”, lo que se está diciendo es que un ser humano ha sido concebido como resultado de una relación sexual en la que no ha habido una actitud de apertura a la vida, es decir, a la posibilidad de engendrar un hijo.

Cuando la sexualidad se vive al margen de la fecundidad o en contra de la misma, como si ser fecundos fuese una “enfermedad”, la llegada de un embarazo es visto por muchos como un problema, un fracaso, incluso un drama.

La realidad, sin embargo, es mucho más fuerte que los miedos, las ideologías y los prejuicios. En cada embarazo no deseado estamos ante la llegada de una vida humana: un hijo ha empezado a existir, y merece respeto simplemente por cuanto se trata de un ser humano. La mentalidad relativista y la confusión en torno al concepto de “matrimonio” está tan extendida que prácticamente no se oye hablar de lo que éste realmente supone: una recíproca donación personal, propia y exclusiva de los cónyuges, que tienden a la comunión de sus seres en orden a un mutuo perfeccionamiento personal, para colaborar con Dios en la generación y en la educación de nuevas vidas (Humanae Vitae). Por tanto, el origen de una persona humana debiera ser siempre el resultado de una donación.

El Papa Pío XI enseñaba que “cualquier uso del matrimonio, en el que maliciosamente quede el acto destituido de su propia natural virtud procreativa, va contra la ley de Dios y contra la ley natural, y los que tal cometen se hacen culpables de un grave delito” (Enc. Casti Connubii). Igualmente, en la Encíclica Humanae Vitae, Pablo VI declaraba que es intrínsecamente deshonesta “toda acción que, o en previsión del acto conyugal o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación”.

Ante esta doctrina, son muchos los cristianos que se plantean si no sería mejor aceptar la contracepción que arriesgarse a embarazos no deseados que pueden terminar en aborto. Al fin y al cabo, no es lo mismo rechazar la concepción de una vida humana, que eliminar una vida ya concebida. La anticoncepción se opone a los fines del matrimonio. Cuando se extiende fuera del matrimonio, “facilita” en teoría las relaciones extramatrimoniales sin tener que asumir la responsabilidad de las consecuencias que podrían derivar de esta relación. El aborto por su parte, es un asesinato, en cuanto a que priva de la vida a una persona, cuya dignidad es infinita y cuya vida es sagrada por el hecho de pertenecer a la especie humana. Son por tanto cuestiones diferentes. Pero curiosamente, están estrechamente ligadas. ¿Qué hacen las personas que no desean concebir cuando el método anticonceptivo utilizado falla? En muchas ocasiones se recurre al aborto. Incluso éste se justifica afirmando que cuando se práctica en las primeras fases del embarazo, es un simple anticonceptivo más.

Algunos de los llamados métodos anticonceptivos son en realidad métodos abortivos. Es el caso del DIU, Dispositivo Intrauterino, que evita la implantación del óvulo fecundado, o de la píldora anticonceptiva, que no siempre evita el embarazo imposibilitando la ovulación, sino que en determinados casos, tiene una acción anti-implantatoria, es decir, impide la implantación del embrión en el útero de la madre.

Nos guste reconocerlo o no, la anticoncepción está estrechamente ligada al aborto. No hay que olvidar que tanto la práctica de la anticoncepción como la del aborto tienen su fundamento en una mentalidad hedonista y utilitarista del ser humano, que quiere hacer uso de la sexualidad de una forma egoísta, sin asumir responsabilidades. De hecho, la “mentalidad anticonceptiva” se desarrolla en el momento en que se separan el sentido de la sexualidad y la procreación.

La experiencia demuestra que la contracepción no soluciona el problema del aborto. Por el contrario, vemos cómo la mentalidad contraceptiva deriva muchas veces en una mentalidad pro-abortista. De ahí que se utilicen con tanta frecuencia anticonceptivos que son o pueden ser abortivos, como sucede con el dispositivo intrauterino, la píldora del día después y otros productos químicos.

El Papa Juan Pablo II responde así en la Encíclica Evangelium Vitae a los que afirman que la anticoncepción es un buen remedio contra el aborto: “Se afirma con frecuencia que la anticoncepción, segura y asequible a todos, es el remedio más eficaz contra el aborto. Se acusa además a la Iglesia católica de favorecer de hecho el aborto al continuar obstinadamente enseñando la ilicitud moral de la anticoncepción. La objeción, mirándolo bien, se revela en realidad falaz. En efecto, puede ser que muchos recurran a los anticonceptivos incluso para evitar después la tentación del aborto. Pero los contravalores inherentes a la «mentalidad anticonceptiva» —bien diversa del ejercicio responsable de la paternidad y maternidad, respetando el significado pleno del acto conyugal— son tales que hacen precisamente más fuerte esta tentación, ante la eventual concepción de una vida no deseada. De hecho, la cultura abortista está particularmente desarrollada justo en los ambientes que rechazan la enseñanza de la Iglesia sobre la anticoncepción”.

Pienso que es una obligación para los cristianos dar a conocer esta doctrina y explicar que la mentalidad anticonceptiva suele derivar peligrosamente en el desprecio más absoluto hacía la vida humana y en una reafirmación del pensamiento hedonista y utilitarista que hace de la sexualidad una simple forma de placer y no un vehículo de unión entre un hombre y una mujer y una forma de expresión del amor conyugal. Por ello, es preciso recordar, con palabras de Juan Pablo II, que a pesar de su diversa naturaleza y peso moral, la anticoncepción y el aborto muy a menudo están íntimamente relacionados, “como frutos de una misma planta”.

14 comentarios:

Luis y Mª Jesús dijo...

Una exposición magnífica.
El sexo sin apertura a la vida no es mas que una utilización del otro, al que se desea siempre y cuando no nazca un nuevo ser. La no apertura a la vida demuestra una concepción utilitarista del amor, lo que es igual a decir que no hay amor, porque el amor exge entrega y aceptación totales de la persona, no admite condiciones.
Desde el punto de visa de la fe me gustó como en el libro "Roma, dulce hogar", el pastor protestante estudiando la Alianza de Dios con los hombres que se da en el acto sexual, decía que se dió cuenta que cada vez que usaba anticonceptivos era como si comulgara y escupiera a continuación. Es una imagen tremenda pero muy significatva.
Besos

Guerrera de la LUZ dijo...

Es súper necesario este post cielo, porque como bien dices, esto está extendidísimo.

El "Metodo Persona" es interesante ¿no?, natural y casi infalible. Seguro que mucha gente te agradecería si pudieras explicárnoslo bien.

Gracias, muchos besos.

Francisco Javier dijo...

Hola:

Excelente comentario sobre una temática que divide a muchas personas, pero que a la vez, unifica a otros en torno al amor de Dios.

Bonita reflexión... felicitaciones. Me gustó el blog, procuraré pasar por aquí a menudo.

Saludos desde Chile.

Anónimo dijo...

Felicidades por ser “políticamente incorrecta”. Por desgracia, el rechazo y el desprecio por la vida lleva a extender más y más la cultura de la muerte. Un saludo.

Ignacio

DasGretchen dijo...

Me ha gustado muchísimo tu entrada. Lo que no comparto y además me produce desazón son afirmaciones como esta:

"El sexo sin apertura a la vida no es mas que una utilización del otro, al que se desea siempre y cuando no nazca un nuevo ser"

No es verdad que el anticonceptivo lleve NECESARIAMENTE Y EN TODOS LOS CASOS PARTICULARES al abortismo. Creo que es justo una de las brechas por las que se cuelan los defensores del gran negocio de los condones.

Lo que ocurre es que el fomento del uso de preservativos implica la promoción de la imprudencia sexual. Pero esto no significa que SI A USA CONDONCES, A DESPRECIA LA VIDA. Ojo. Esto presupondría un USAR CONDONES IMPLICA EL DESPRECIO A LA VIDA.

He tenido la suerte de conocer a quien se le "rompió" el condón -eso en cuanto a lo del "sexo seguro"- y siguió adelante con su embarazo. En ningún momento dudó en acoger con cariño a su hijo. ¿Quién será el valiente que afirme que esa madre usó un condón porque despreciaba la vida? Hasta ahí podíamos llegar.

Creo que la tarea del cristiano no es juzgar las intenciones del prójimo (que por otro lado desconoce)...

Yuria dijo...

Llevo retraso en los blogs, por eso tanto tiempo sin pasar y por eso también sin ubicar aquel "premio" sobre el autismo, Recuerdas?, que se merece un post.

De inmediato, un saludo y decirte que te leo más de seguido y q sacaré el tiempo de donde no lo haya.

Besos.

eligelavida dijo...

Guerrera, creo que, como dices, explicar los métodos naturales es una necesidad. Pero más importante aún me parece que es entender la diferencia esencial que existe entre la anticoncepción artificial y el recurso a los métodos naturales, ya que, en ocasiones, se hace uso de ellos con la misma mentalidad, cuando en realidad existe una diferencia de orden antropológico, puesto que implica dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana, irreconciliables entre sí (cf. Familiaris consortio, 32).

Juanjo dijo...

Juan Pablo II acuñó el término “Cultura de la Vida” y muchos católicos no acaban de entenderlo. No se trata sólo de no matar, sino de respetar el sentido del matrimonio y proteger la vida, también y especialmente la pobre, enferma y débil.

eligelavida dijo...

Das Gretchen, gracias por tu comentario.

No es mi intención juzgar a quien hace uso de la anticoncepción, sino recordar cual es la doctrina de la Iglesia al respecto.

Ciertamente, muchas veces, a pesar de hacer uso de anticonceptivos, se produce el embarazo y la pareja, casi siempre con gran responsabilidad por parte de la mujer, acepta al hijo, y vemos el caso de muchas madres solteras que con valentía han acabado criando a su hijo ellas solas.

Pero qué duda cabe que quien utiliza anticonceptivos, dentro o fuera del matrimonio, es en principio aquel que desea mantener una relación excluyendo la posibilidad de que un hijo llegue de modo imprevisto y no deseado, lo cual prepara el camino para el aborto, que se convierte muchas reces en el recurso ante la anticoncepción fallida.

Hilda dijo...

Querida Eli, disculparás el atrevimiento de mi comentario, en ningún momento por supuesto deseo provocar una polémica, puesto que respeto muchísimo tanto tu sentir como el de tus lectores, sin embargo me siento con la confianza de visitar tu espacio y poder plasmar mis opiniones. Ya habrás notado que soy fiel lectora tuya y que estoy maravillada por lo que aquí escribes, pero desafortunadamente hoy temo no estar de acuerdo en su totalidad con lo que expones.
Coincido y estoy de acuerdo en que mucha gente tiene una mentalidad hedonista y utilitarista del ser humano. Creo que mucha gente está tomando el camino fácil y se niega a alas responsabilidades. Quiere solo los derechos y ninguna de las obligaciones. Coincido también que el repartir y usar anticonceptivos no sea la solución a los problemas del aborto, puesto que aquí el problema es la ausencia de una educación sexual integral y de una cultura que le falta respetar a la vida.
Sin embargo, no creo que por usar un método anticonceptivo se tenga forzosamente que estar en contra de la vida. Yo creo como Das Gretchen expone que no necesariamente el uso de anticonceptivos te lleve al aborto y que no sabemos con que intención sean usados estos métodos.
Sé que quizás opino sin fundamento, soy católica, soy médico, nunca he usado anticonceptivos porque nunca me he casado por lo que no tengo hijos, pero sí estoy segura que llegando el momento los usaré para planear una familia.
Creo sinceramente Eli que los anticonceptivos como herramienta no pueden ser juzgados más que por el uso que se les dé. Es obvio que cuando hablamos del uso anticoncepción de emergencia, algunos anticonceptivos hormonales inyectables y de depósito, o el DIU, pues origina tomar conciencia que son métodos que van a provocar un aborto y que por tanto, cualquiera que defienda la vida debe pensarlo dos veces antes de usarlos.
Creo sinceramente también y coincido contigo que las relaciones sexuales humanas tienen como parte de su sentido, el don de la reproducción y que cuando una persona tiene relaciones sexuales se dona y por tanto debe estar abierta al don de la vida. Pero la fecundidad es solo parte del sentido de las relaciones sexuales y del matrimonio, por lo menos yo no considero al matrimonio solo como fábrica de hijos.
Creo que es muy diferente un hijo no deseado a un hijo no planeado. Un hijo no deseado es un hijo que es producto de una relación sexual donde la apertura a la vida no se da, donde la gente tiene relaciones sexuales sin sentido y que entonces el aborto llega a ser considerado como una opción, con lo cual por supuesto estoy en contra.
Pero un hijo no planeado es aquel, que se da en un momento que no se esperaba, pero que se da en una relación de amor y de donación, por lo cual será quizás no planeado pero sí muy amado y aceptado.

Hilda dijo...

Creo firmemente que tener hijos es una enorme responsabilidad y no pretendo enseñarte a ti ni a nadie sobre la responsabilidad puesto que son padres y saben de que estoy hablando, lo que intento decir es que no se trata solo de estar abiertos a la vida, se trata de qué vas a hacer con esa vida. La felicidad física, económica, emocional, social y espiritualmente de un nuevo ser está en nuestras manos y tendremos que darle todas las condiciones para que el día de mañana podamos entregar buenas cuentas como padres.
Y en ese sentido, la planificación familiar es una gran arma. Médicamente, la planificación familiar es la determinación libre, consciente y responsable del número de hijos a los que pueda brindarse una vida decorosa, educación cimentada y protección moral y física.
A mí me gusta mucho esta definición y estoy de acuerdo con ella. No se trata de ser egoístas y utilizar los métodos anticonceptivos como licencias para tener relaciones, ni de negarse a la vida. Pero tampoco se trata de traer hijos al mundo sin ton ni son, de tal forma que alguna de sus necesidades no sea cubierta, por más que podamos aprender de la pobreza, de las limitantes, etc., una cosa es aprender de ello y otra exponer intencionalmente a otro ser a pasar por limitantes solo por estar "abierto" a la vida, a mi juicio, en cierta forma eso también es irresponsable.
Cuando uno utiliza métodos anticonceptivos no abortivos, como el preservativo, hormonales orales (estos son diferentes a la píldora de emergencia) o espermaticidas, definitivos o los naturales (los cuales para mí no son irreconciliables para la vida, ni con la persona, ni con la sexualidad); para planear una familia, de acuerdo a las circunstancias de salud, economía, etc. de la pareja, creo que está siendo abierto a la vida pero la está generando con cuidado, porque está consciente que traer un hijo al mundo no es cuestión solo de no matarlo o dejarlo venir, sino también de cuidarlo al cien por ciento. Y en ese sentido creo que cada pareja deberá decidir si tiene un hijo o veinte, porque el número no importa, lo que importa es el amor y la calidad de vida que se le de.
La fecundidad no es un problema ni una enfermedad por supuesto, pero dejarla a la naturaleza dado nuestros ciclos biológicos, equivaldría a tener hijos como conejitos, lo cual a mi juicio no es correcto. Insisto, tener hijos es un gran poder que hay que saber usar.
Por supuesto, esa es mi opinión y solo quise compartírtela, respeto mucho la tuya y la de tus lectores. Y al contrario, agradezco mucho me permitas decirla. Saludos desde México. Hilda

eligelavida dijo...

Hilda, ya sabes que siempre eres bienvenida.

Pienso que decir no a la anticoncepción artificial, como hace la Iglesia, no implica estar contra de la paternidad responsable, sino todo lo contrario. Lo que se nos pide a los católicos, es vivir esa paternidad responsable de acuerdo a la doctrina expresada en la Encíclica Humanae vitae y en la Exhortación Familiaris consortio.

Realmente es un tema muy interesante que procuraré tratar con más profundidad otro día. Gracias por tus comentarios.

Hilda dijo...

Gracias Eli por tus palabras. Coincido plenamente contigo, el único pero que le pongo a la anticoncepción natural es que no es cien por ciento efectiva, en el sentido que las mujeres no son cien por ciento irregulares. He leído varios estudios sobre la anticoncepción natural y su efectividad, pero ya en la práctica, por lo menos en México, hay muchas mujeres que son irregulares y que no les funciona.
Para mí lo ideal es lo natural pero si esto no siempre funciona, no le veo lo malo el ayudarnos un poquito y en ciertas condiciones.

Gracias por todo. Hilda

DasGretchen dijo...

Plenamente de acuerdo contigo, eligelavida. Un abrazo.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Mi foto
Spain
Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).