lunes, 13 de abril de 2009

Una vida por vivir (Prólogo)


Para Antonio, conducir era un auténtico placer. A sus cincuenta y cinco años, llevaba más de treinta conduciendo un camión. Después de muchos años de esfuerzo y trabajo, había conseguido independizarse. Ahora, tenía su propia empresa y conducía un vehículo último modelo.

El viaje se le había hecho especialmente largo. La mercancía que llevaba era muy pesada, y muchos tramos tenía que hacerlos en tercera, subiendo puertos con carreteras que dejaban mucho que desear. A su mujer, cada día le daba más miedo verlo partir para viajes largos y el añoraba su casa como nunca le había ocurrido en su juventud.

El día había amanecido frío y nublado. Una borrasca, con rachas de viento fuertes, había molestado a los conductores durante la tarde entorpeciendo el tráfico. Ahora, la lluvia caía con más intensidad y el viento se había convertido en un auténtico vendaval, por lo que Antonio se había visto obligado a aminorar la marcha. La tormenta había llegado a un punto álgido, donde relámpagos y truenos se sucedían a gran velocidad y la visibilidad era mala. El aguacero y la grava a los lados del arcén, convertían la carretera secundaria por la que circulaba en un peligro para los conductores. Por suerte, el tráfico, muy abundante a estas horas, se había ralentizado.

Antonio, acostumbrado como estaba a viajar, sintonizó su programa favorito de radio y se dispuso a tomárselo con calma. Al salir de una curva, vio como un gran Audi último modelo que realizaba un adelantamiento irregular se abalanzaba sobre él de frente a toda velocidad. Su primera reacción fue apartarse, pero la carretera era muy estrecha y en el arcén no había sitio para el camión. Las luces del coche lo cegaron por un momento. Antonio temió la embestida, aunque en su moderno camión, sentado a gran altura y con una carrocería fuerte, era consciente de que él no corría un gran peligro. Sin embargo se dijo: “Si le doy, lo mato”. Fue sólo una fracción de segundo la que tuvo para pensar y evitar el choque. Pisó el freno con fuerza y dio un volantazo. El coche que venía de frente, terminó airoso su adelantamiento evitando al camión.

Antonio apenas si tuvo tiempo para dar un suspiro de alivio. En ese mismo instante, sintió un gran golpe en la parte trasera del vehículo. Todo ocurrió con décimas de segundo de diferencia. Asustado, levantó la vista y miró por el retrovisor. El coche que iba detrás, se había incrustado a gran velocidad en su camión.

“¡Oh, Dios mío!”, pensó. Logró estabilizar del todo el camión, giró la cabeza y vio cómo el coche que había provocado el accidente, realizando un adelantamiento prohibido y peligroso, seguía su camino, en dirección contraria, a toda velocidad y sin pararse.

Antonio bajó del camión con las piernas temblorosas. “¡Qué gran injusticia”, pensó. El conductor irresponsable, causante del accidente había salido ileso de la situación. Antonio ni siquiera había podido tomar el número de su matrícula. Mientras se acercaba al coche siniestrado, el corazón le golpeaba el pecho con fuerza. Temía encontrarse con lo peor.

La lluvia caía pesadamente. El tráfico detrás suyo estaba totalmente parado. Varios conductores abandonaron sus vehículos y se acercaron a mirar. El coche accidentado, un Ford bastante antiguo, estaba completamente empotrado en la parte trasera del camión y ofrecía un espectáculo dantesco. El morro, completamente hundido, se asemejaba a un acordeón, y restos del motor, de la carrocería y de las llantas se desperdigaban alrededor del siniestro. A pesar de todo, la cabina del conductor había quedado bastante preservada.

Otros automovilistas, testigos del accidente, corrieron bajo la lluvia deseosos de ayudar. Antonio se acercó presuroso a la puerta del conductor e intentó abrirla.

-¡Llame a una ambulancia!- gritó a un hombre que se aproximaba al lugar.

La puerta del conductor estaba totalmente bloqueada. Con la manga de la chaqueta intentó limpiar un poco la ventanilla, cosa imposible porque el vaho la cubría por dentro. Miró a través del cristal. A pesar de la mala visibilidad, pudo distinguir una figura sentada en el asiento del conductor. Un joven se hallaba inclinado sobre el salpicadero, en medio de un amasijo de cristales rotos. Su cuerpo, con el cuello totalmente doblado sobre el tronco, estaba comprimido entre el asiento y el volante del coche. Parecía inconsciente y tenía un hierro clavado en una pierna. Sangraba abundantemente y no se movía.
Sin dejar de mirarlo, Antonio quiso gritar de nuevo para pedir socorro, pero sólo le salió una voz ahogada. Golpeó varias veces la ventanilla con fuerza en un intento vano de llamar la atención del conductor.

A su lado, alguien preguntó:

-¿Está muerto?

-No lo sé.- Antonio pensaba que sí. -¡Ayúdeme a romper el cristal de la ventanilla para que pueda llegar hasta él!

Oyó las sirenas de la ambulancia, la policía y los bomberos que, a toda velocidad, se abrían paso entre los coches parados y aparcaban sus vehículos cerca del lugar del accidente. Antonio, tembloroso, se alejó unos pasos de la ventanilla dejando hacer a los demás. Entre varios hombres, enrollaron una barra de hierro en un trapo y rompieron con cuidado la última barrera que separaba al conductor de la carretera. Unos bomberos se acercaron con una gran linterna que despedía una luz potente, y con ella, Antonio pudo ver que había salpicaduras de sangre por todas partes.

-Creo que está muerto- dijo uno de ellos. –Tiene el cuello en una postura imposible.

“¡Qué injusticia!”, volvió a pensar Antonio. “¡Qué gran injusticia!”.

El médico de la ambulancia metió la mano por la ventanilla y tocó el cuello del joven buscándole el pulso. Inmediatamente comenzó a hacer señas a sus compañeros para que actuaran con rapidez y gritando dijo:

-¡Está vivo!

14 comentarios:

Angelina de Maria dijo...

QUERIDA AMIGA QUE PROLOGO MAS INTERESANTE!!!!!!!!!!!!

ME QUEDO TRANQUILA TE LLEGO MI REGALO... DOY GRACIAS A DIOS POR TUS PALABRAS QUE ME ALIENTAN ,PUES A FIN DE AÑO SE VIENE EL SEGUNDO LIBRO..HOY ENTREGUE MI APUNTE A MI SACERDOTE CONFESOR...VAMOS VER SU OPINION.
TIENES MIS ORACIONES A TU DISPOSICION Y LA PODEROSA INTERCESION DE MARIA SOBRE TUS PROBLEMAS PARA AYUDARTE Y SERVIRTE ESTOY Y HOY GRACIAS A DIOS LAS DISTANCIAS NO EXISTEN Y PARA DIOS MENOS SU PODER Y BENDICION ESTAN CAMINANDO COMO JESUS AL LADO NUESTRO.
ABRAZOS DE ANGELINA DE MARIA

Marta dijo...

Estoy deseando saber como sigue… Espero que no tardes en continuar esta historia. Un saludo.

Carmen dijo...

Hola Eli. ¿Tiene esto algo que ver con la historia del doctor Barbero? Me quedé con las ganas de saber más.

Juanjo dijo...

Un buen relato, que si va adonde creo que va, puede ser un auténtico “mar adentro”. Abrazos.

ARCENDO dijo...

...Tremendo, me ha encantado. La vida resurge, de forma milagrosa y sorprendente...fantástico.
Saludos.

Terly dijo...

Ya de regreso a casa, después de diez días pasados en Alemania con mi mujer, hijas, yerno y nietos, vengo a desearte, aunque con un poquito de retraso, una feliz Pascua de Resurrección.
Confío y deseo que al igual que para mí, hayan sido para ti unos bonitos días de familia y recogimiento.
Intentaré ir leyendo y poniéndome al días de tus publicaciones, ahora, recibe un afectuoso abrazo.
PD.
Las poesías de mi madre y de mi padre, sí están publicadas, las mías no.
De nuevo un abrazo.

soy+pequeno dijo...

q eNTRaDiLLa + CHuLi.... eSPeRaRé GuaRDanDo La DiSTaNCia d SeGuRiDaD :s

DonJoan dijo...

Enhorabuena!

Tu blog va viento en popa!

Guerrera de la LUZ dijo...

Puf.. casos de estos hay a montones.
La cobardía, la falta de consideración hacia la vida de los demás...
A mi madre la atropellaron con 5 años y el coche se dió a la fuga, pero gracias a Dios sólo conserva una pequeña cicatriz en la sien. (milagro, que no le pasara nada).

Qué bien cuentas las historias. Gracias.

Felicísima Pascua de Resurrección para ti!!

Un abrazo.

m.jesus dijo...

No se como terminará la historia , espero que bien, pero esto lo vemos todos los días, cuantos conductores asesinos hay en la carretera, muchos ayer mismo yo ví varios. A veces me parece ver al demonio conduciendo.

Luis y Mª Jesús dijo...

¡MENOS MAL!. Espero que no haya quedado parapléjico.
La actitud cobarde del del Audi me exaspera, seguirá poniendo en peligro la vida de los demás; se puede tener un momento de obcecación, pero la huida sin atender al siniestrado es imperdonable.
Muchas gracias por el premio, me gustaría escribir un poquito en el próximo post para introducirlo.
Tenemos un amigo con un grado de autismo muy bajo pero aún así es muy muy difícil.
Un abrazo
María Jesús

Rosa dijo...

Feliz Pascua a ti también.

Salvador Pérez Alayón dijo...

La vida es un camino del principio al fin, más no sabemos cuando, donde y cómo será el fin. Lo que nos debe importar es que pasará después, y que sentido tiene el vivirla de una u otra forma.
De responder a esas preguntas derivará nuestra actitud ante la vida. La respuesta de aquel que sólo buscó su propio bien, después de haber, con su irresponsabilidad, provocado el accidente, obedece a una concepción de la vida egoísta, hedonista y caduca, pues no esperará nada al morir sino el vacío. Sin embargo, el conductor del camión se pregunta y busca la trascendencia y el sentido del vivir, por eso su actuación comporta otras actitudes, más cerca de personas que de animales.
Buenas reflexiones, eligelavida, que espero nos ayuden a discernir el trasfondo vital que en ellas se contienen.
Un fuerte abrazo.

Hilda dijo...

apenas inicié a leer el relato y me quedé pensando en aquello de la injusticia, si bien es la primera reacción, diría que cada quien tiene cosas que aprender. El año pasado una camioneta se le atravesó al chofer del bus donde yo viajaba, este frenó y yo caí porque iba parada. La camioneta siguió su curso como si nada y yo sigo pagando la rehabilitación de mi espalda que salvo un esguince cervical y lumbar grado II, de ahí no pasó. Creo que solo Dios sabe porque tenemos que pasar por algunas cosas, algo debemos aprender. Un saludo. Sigo leyendo. Hilda

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).