viernes, 24 de abril de 2009

Una vida por vivir (7) "Una opción peor que la muerte"


Pablo intentaba dominarse:

-Sigo siendo una persona y que no quiero estar siempre expuesto como un conejillo de indias. Existe algo que se llama privacidad. Creo que tengo derecho a hablar alguna vez con mi médico a solas...

-De acuerdo, de acuerdo.

Sin perder la sonrisa, Barbero se dirigió a los estudiantes y les hizo una seña con la mano, indicándoles la puerta.

-Por favor, esperen fuera.

Los cuatro salieron murmurando y algunos incluso sonriendo con suficiencia. Ángela se quedó a la cabecera de la cama.

-Bueno, ¿qué es eso tan importante que querías hablar en privado?

Pablo hizo un esfuerzo intentando sobreponerse al enfado y tratando de hablar sin expresión dijo:

-Recuerdo que cuando llegué aquí usted me dijo que me ayudaría. Han pasado dos meses y no he evolucionado nada. ¿Hay alguna posibilidad de que mis músculos mejoren? Porque los fisioterapeutas me dicen que sí, que puedo mejorar algo la funcionalidad de los pocos músculos que aún puedo mover.

-¡Qué optimistas! Bueno, Pablo, tú eres una persona inteligente. Naturalmente que poco a poco tu cuello, a base de rehabilitación, puede fortalecerse, pero mejorar, lo que se dice mejorar... A estas alturas, la doctora Luna ya tendría que haberte advertido que tu estado es irreversible.

-Ya me lo han dicho... y muchas veces, pero no le hablo de eso.

Pablo meneó la cabeza, sintiéndose incomprendido e incapaz de expresarse mejor.

-Me refiero... - hizo una pausa para escoger las palabras –me refiero a qué avances se pueden lograr a partir de aquí... Me cuesta pensar en que de un momento a otro me van a dar el alta y me voy a tener que marchar a casa, a hacer mi vida en estas condiciones.

-Pues ya va siendo hora de que asumas que esto es lo que hay. Aunque no sé porqué tratas de este tema conmigo. Éste es un asunto para tratar con la psicóloga. Pide hablar con ella y coméntaselo, ¿eh? Yo ya he hecho todo lo que puedo hacer por ti. Si tienes miedo de irte a casa, háblalo con la doctora Luna.

-No lo entiende.- Dijo Pablo cada vez más frustrado.– Yo le hablo de mis músculos y usted me habla de la psicóloga. ¿No puede decirme si hay algo más que se pueda hacer?

Barbero extendió las manos en un gesto de impotencia.

-De donde no hay, no puede sacarse... Más vale que vayas asimilando tu situación.

Pablo comenzó a desesperarse. Cada vez se impacientaba más con los médicos. No sabía si no se enteraban o no querían enterarse. ¿Es que nadie podía comprender el desasosiego que le producía mirar al futuro?

Al principio de su rehabilitación, cualquier pequeño logro suponía para él un mundo, una nueva posibilidad de conseguir algo de autonomía. Después, cada avance era un motivo más para comprender que jamás volvería a ser el mismo. Ahora, se negaba a aceptar que tendría que vivir toda la vida sentado o tumbado, inmóvil y dependiente. “¿Es ese mi destino?”, se preguntó. “¿Estoy condenado a una vida de ataduras, a una vida sin libertad?”. Respiró profundamente y cambiando de tono dijo con sequedad:

-De acuerdo, de acuerdo. Le he comprendido. Pues entonces, tengo otra cosa que pedirle. En una ocasión me dijo que si no soportaba mi vida en estas condiciones me ayudaría para que no fuera consciente de mi propio sufrimiento. Pues bien, creo que ese momento ha llegado...

-Pablo, sabes que no es eso lo que quieres... –Ángela intervino precipitadamente.

Pablo apretó la barbilla y dijo en tono retador:

-Calla Ángela, tú no intervengas. El doctor Barbero me habló de ayudarme... Pues bien, si no tengo posibilidades de mejorar, creo que no voy a poder aguantar así ni un día más. Prefiero la muerte.

Miró a Barbero desafiante. Éste se rascó la cabeza y dio unos pasos antes de contestar.

-Sí, te hablé de ayudarte porque yo no soy partidario del sufrimiento inútil. Cuando tengo un paciente terminal, siempre procuro ayudarle para que no sea consciente de su dolor ni de su propia muerte. Para eso existe la sedación...

Ángela se sintió súbitamente asustada.

-Pero doctor..., Pablo no es un paciente terminal...

-¡Silencio, Ángela! Déjame acabar.

Barbero miró a Pablo y habló más despacio, como para asegurarse de que él le entendía bien:

-Como te decía, no soy partidario del sufrimiento inútil. Por desgracia, en este país, todavía hay mucha gente que no respeta los derechos individuales de las personas, por lo que la eutanasia aún no está admitida. Y mucho menos, se acepta el suicidio asistido médicamente. Tu caso es muy particular. En este momento no tienes un dolor físico insoportable ni eres un paciente terminal, pero es evidente que tu estado es incurable, irreversible, y comprendo que estás viviendo un gran sufrimiento psicológico. Ya sabes, porque te lo he dicho otras veces, que yo creo que no tienes por qué soportar esa angustia en la que ahora vives. Lo que puedo hacer de momento es darte un somnífero más fuerte para la noche y, si lo deseas, puedo tenerte también sedado durante el día. Así, pasarías el tiempo mucho más tranquilo. Al menos, hasta que tú y tu familia hayáis decidido... qué hacer... ¿Qué te parece?

El médico hizo una pausa esperando a que Pablo respondiera, pero éste no dijo nada.

-No sería una sedación fuerte - continuó - para que puedas seguir respirando por ti mismo, pero sí lo suficiente para que duermas la mayor parte del día. Lamentablemente, de momento, no puedo ofrecerte nada mejor.

Otra vez, miró a Pablo esperando una respuesta. Se hizo un silencio violento, pero Pablo permaneció callado. Fijó su mirada inexpresiva en un cuadro que colgaba al otro lado de la habitación. Había intentado hablar con el médico sobre su rehabilitación y no había obtenido respuesta. Sin embargo, en cuanto se había atrevido a hablar de acabar con todo, le ofrecían una alternativa... una opción peor que la muerte.

(Continuará)

6 comentarios:

Guerrera de la LUZ dijo...

Qué miedo Eli :(

Espero, de verdad, que en algún momento nos digas que esto no es un caso real.

Besos cielo.

Ricardo dijo...

Ufff… Creo que es verdad que hay gente que piensa que en España no se respetan los derechos individuales de las personas, porque la eutanasia y el suicidio asistido no están legalmente admitidos. Ojalá no lleguemos a ello, pero en muchos países se admiten como algo normal y es posible que aquí también suceda… y antes de lo que pensamos.

Anónimo dijo...

Creo que lo que planteas es muy interesante. Una persona que, debido a unas circunstancias muy dramáticas, no desea morir, pero tiene el lógico miedo a enfrentarse a su nueva vida. ¿Y qué encuentra a su alrededor? El utilitarismo que domina a nuestra sociedad y que le propone la muerte como una opción más “digna” que la de luchar en sus actuales circunstancias. Es triste, pero a veces sucede que el entorno del enfermo no ayuda, sino que empeora la situación.

Ignacio

ARCENDO dijo...

Verdaderamente...terrible, estoy con Guerrera, por favor, sacanos ya de este mal sueñooo, al menos dinos que, de momento, al menos, no es realll. Saludos.

icue dijo...

Bien el caso que p`lanteas para saber lo que no queremos para nosotros ni paea ningún se humano.
Un abrazo

eligelavida dijo...

Se trata de una historia ficticia. Simplemente, tomo un caso parecido al planteado en “Mar adentro” o en “Million dólar Baby”, con el fin de reflexionar acerca de la discapacidad, el sufrimiento, y las opciones que, desgraciadamente, presenta nuestra sociedad utilitarista como válidas para afrontar estas situaciones: la eutanasia y el suicidio asistido.

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