miércoles, 22 de abril de 2009

Una vida por vivir (6) "El bien del paciente"


No era esa la medicina que Álvaro deseaba ejercer. Observó a Pablo y se preguntó qué estaría pensando. Barbero continuaba al teléfono.

-Por supuesto, tendremos que comentar ese caso. Sí, ya te daré mi opinión... Mira, ahora no puedo hablar, estoy viendo pacientes... sí, luego te llamo. Hasta ahora.

Guardó el teléfono y se dirigió a los estudiantes con una sonrisa:

-Estos móviles... ¡qué esclavitud!- Se volvió mirando a Pablo. -Bueno, Pablo, ¿decías...?

Pablo permaneció callado. Su actitud pasiva obligó a Ángela a hacerse nuevamente responsable de llevar el peso de la conversación...

-Los análisis que pidió ayer ya están. Los tengo en el control de enfermeras.

-Bien, bien. Ya pasaré a verlos.

El teléfono sonó de nuevo.

-¡Vaya, hombre!- Con un gesto displicente lo cogió -Sí... no, hoy no puedo, ya he quedado para comer.- Se apartó un poco de la cama, consciente de la mirada de Pablo. -Si quieres, podemos dejarlo para el sábado... Sí... Bueno, espero a que me llames. Adiós.

Situándose nuevamente al lado de la cama y mirando a Pablo, el doctor intentó reanudar la consulta.

-¿Alguna otra cosa?

El silencio empezaba a pesar como una losa. Pablo notó la sangre hervir en su interior, allí donde teóricamente no podía sentir nada. Con una cierta objetividad, advirtió que la impotencia que le causaba su tetraplejia era más acusada cuando el médico estaba delante. ¿Lograría aguantar la enfermedad? Quizá. ¿Podría soportar la muerte? Seguramente. Pero no se sentía capaz de sufrir a este hombre ni un segundo más.

-Había pensado que hoy es un buen día para que Pablo tome el sol. No hace demasiado calor y...

Ángela continuaba intentándolo, pero Pablo era consciente de que se trataba de una misión imposible. El doctor Barbero, impaciente, la interrumpió con brusquedad.

-Bueno, me parece bien. Si no hay nada más...

Álvaro, que hasta entonces había permanecido callado, hizo ademán de intervenir, pero una mirada de advertencia del doctor Barbero le obligó a guardar silencio. A una señal del médico, todos empezaron a girarse para salir. Los estudiantes, con la misma indolencia que a su llegada, comenzaron a apartarse de la cama. De repente, Pablo habló con voz fuerte, enfadado y todos se sobresaltaron:

-Sí, hay algo más. Me gustaría saber si algún día podré hablar con mi médico a solas.

Uno de los estudiantes soltó una risita. Pablo le miró y gritó:

-¡Fuera! ¡Fuera! ¡Largo de aquí! - Respiró agitado, mirando al doctor Barbero. -En dos meses no he hablado con usted ni una sola vez en privado. ¿Cree usted que eso es tratar a un enfermo con dignidad?

El doctor Barbero le dedicó una sonrisa condescendiente. Su cara decía: “Te estás portando mal, pero, en tu situación ¿qué otra cosa puedes hacer? ¡Pobrecillo!”

-Ya sabes que los estudiantes acompañan a los médicos para aprender. No todo está en los libros. También hay que ver la parte humana, ¿verdad?

Miró a los estudiantes y algunos sonrieron. Sabían que por encima del paciente estaba el médico. Pablo insistió intentando dominarse:

-¡Pues la parte humana les dice que ya está bien! Que sigo siendo una persona y que no quiero estar siempre expuesto como un conejillo de indias. Existe algo que se llama privacidad. Creo que tengo derecho a hablar alguna vez con mi médico a solas...

(Continuará)

7 comentarios:

Guerrera de la LUZ dijo...

Ojalá haya pocos, muy pocos como este. Quiero creerlo.

Besos.

Juanjo dijo...

La relación médico-enfermo es una asignatura pendiente en España. Ayer comentabas que hay demasiado paternalismo. Es verdad.

Anónimo dijo...

Me gusta esta historia. No comento con frecuencia pero la sigo todos los días. Espero que veremos que sucede al final con Pablo. Un saludo.

Elvira

Altea dijo...

¡Ánimo, Pablo, ánimo, ánimo! ¡Que le cante las cuarenta a ese médico oportunista! :)

Fran dijo...

Este tema tiene mucha importancia y muchos no lo piensan por lo desconocido que es para ellos. Pero no sabemos si cualquier día nos encontraremos en circunstancias muy parecidas a las de Pablo. Podremos dar con personas buenas, como hay muchas, pero también es mucha la deshumanización que se da entre profesionales de la medicina y a todos nos afecta, por lo que deberíamos tomar en serio este tema, hablar claro cuando se presente la ocasión. Yo le agradezco este blog a Eligelavida.
A ver, tenemos las esperanzas puestas en Älvaro.

Marta dijo...

Parece mentira, pero la falta de privacidad es una de las cosas de las que más te resientes cuando estás en un hospital, sobre todo si tienes algo grave. Es lógico, pero también es cierto que hablar a solas con el médico y ver que te explican todo con detalle, da mucha tranquilidad. Lo digo por experiencia.

Marina dijo...

Espero el final, pero en la medida que se adentra la historia, recuerdo un articulo de prensa que titulaba, "Médico, paciente serás" y toda una reflexión de este trato tan impersonal, que se ve en la asistencia de la salud.

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).