jueves, 23 de abril de 2009

Un testimonio estremecedor


Hoy os traigo el testimonio estremecedor de una mujer que relata como durante su infancia vio a su madre abortar en ocho ocasiones. Siendo apenas una adolescente intentó disuadir a su madre de que abortara sin conseguirlo. Sin ser creyente, era sin embargo consciente de la maldad de este acto.

Ayer vi por primera vez este vídeo en el blog Quartier Latin. Dura apenas cuatro minutos y merece la pena escuchar a esta mujer convertida ahora en testigo del Evangelio de la Vida.

6 comentarios:

Guerrera de la LUZ dijo...

Impresionantísimo.

Yo también sufro una especie de síndrome pos aborto, mi mejor amiga abortó el año pasado y no pude hacer nada para evitarlo, yo intuí que iba a hacerlo y me sigo culpando por no haber ido a Sevilla, donde ella estaba y habérselo impedido físicamente.

Es fortísimo el tema del aborto, nadie sabemos cuánto.

Un beso, gracias siempre.

Angelina de Maria dijo...

QUE TESTIMONIO!!!
HACE POCO DISCUTI CON UNA AMIGA,POR QUE YO LE CONTE ,QUE MI NIÑA ADOLESCENTE,MIRABA LOS TESTIMONIOS QUE PUBLICAS TU,ELLA DECIA QUE ERAN MUY FUERTES PARA LA EDAD,YO DECIA QUE ASESINAR A TU PROPIO HIJO ERA PEOR...
GRACIAS A DIOS,POR TI Y TU GRAN MOVIMIENTO A FAVOR DE LA VIDA.

ABRAZOS DE ANGELINA DE MARIA.

FOTELIAS dijo...

Sin Palabras, un testimonio desgarrador.
FOTELIAS

carmen dijo...

Probablemente ahora se hacen las cosas con más discreción, y quizá los hermanos no se enteran, pero el resultado es el mismo.

Ivan dijo...

De verdad que es estremecedor, solo de oirlo me duele.
¿cuando pararan de asesinar inocentes?

Luis y Mª Jesús dijo...

IMPRESIONANTE!!!!

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Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término (Evangelium Vitae). ---------------------------------------------------------Every person sincerely open to truth and goodness can, by the light of reason and the hidden action of grace, come to recognize in the natural law written in the heart the sacred value of human life from its very beginning until its end (Evangelium Vitae).