miércoles, 1 de abril de 2009

El Doctor "Barbero" (continuación)


El doctor Barbero repitió:

-El suicidio asistido, tendría que ser un recurso válido en estos casos.

Los doctores presentes en la sala parecieron repentinamente absortos en la lectura de los historiales y no comentaron nada. Algunos alumnos desviaron la mirada, dispuestos a no inmiscuirse en las opiniones de un profesor. Para ellos, Barbero era su líder, su modelo a seguir. Tenía prestigio, fama internacional y un cargo muy importante en el hospital. De él recibían la ciencia. Y también los aprobados.

Álvaro, que hasta ahora había permanecido en silencio, contempló a su profesor con expresión turbada.

-¿Tiene usted algo que decir, Romero?- espetó el doctor Barbero.

“¿Es lícito matar?”- Tenía ganas de preguntar Álvaro. “Y si no lo es, ¿porqué quieres tomarte esa prerrogativa?”. En lugar de eso dijo con cautela:

-Yo siempre había pensado que colaborar con alguien en un suicidio es algo que va en contra de la ética médica.

-Claro, claro, es usted muy joven, y me figuro que habrá visto muchas películas - sonrió Barbero condescendiente. - El médico como héroe, ¡el gran sanador! Sí, yo también veo en la tele a esos médicos capaces con su habilidad de solucionar los grandes dramas de la humanidad y, a la vez, de enrollarse con la chica más guapa. ¡Es que lo tienen todo!- ironizó.

Los estudiantes rieron, aunque Álvaro se mantenía muy serio. El doctor continuó:

-Pero sepa usted, Romero, que la vida no es así. Madure un poco y comprenderá que muchas veces, los médicos apenas si podemos hacer nada por nuestros pacientes. En el caso de Pablo Hernández, yo ya he hecho todo lo que estaba en mi mano. Él quiere morir. ¿Tengo yo que obligarle a vivir una vida de sufrimiento?

-Bueno- se atrevió a decir Álvaro -yo creía que nosotros teníamos también la misión de preservar la vida en las mejores condiciones posibles.

Álvaro, muy nervioso, se daba cuenta de que esta conversación le iba a marcar para toda su carrera. Enfrentarse en público con el jefe del departamento de Neurología de un gran hospital universitario, titular además de la cátedra de esta asignatura, no podía ayudarle. Hizo una pequeña pausa esperando que alguno de los otros doctores presentes en la reunión se atreviera a intervenir, pero al mirar a su alrededor, comprendió que nadie estaba dispuesto a involucrarse, aunque se tratara de un tema tan crucial.

-Aquí dice- dijo Álvaro señalando el historial médico de Pablo –que este paciente está siendo atendido, además de por el departamento de neurología, por un internista, un urólogo, un médico rehabilitador, dos fisioterapeutas, un masajista, un ortopeda y una psicóloga. Parece que todavía hay muchas cosas que podemos hacer por él.

-Sí, claro, darle de beber con una pajita - ironizó el doctor Barbero, muy enfadado. –Y mientras tanto, dejar que el gasto médico suba a un nivel incalculable, que tarde o temprano tendrá que pagar la familia. Total, para que un hombre viva atado a una silla, sin poder ser útil a la sociedad. Pero en fin, nosotros no estamos aquí para filosofar, así que prosigamos. Y por cierto, Romero, venga a verme cuando hayamos acabado.

La reunión continuó. Álvaro volvió a coger sus apuntes e intentó concentrarse, pero por dentro temblaba de rabia y desilusión. No era la primera vez que había escuchado de un médico opiniones semejantes, pero nunca referidas a un paciente concreto. La inmediatez del problema planteado, el sufrimiento de un joven como él que apenas se encontraba dos pisos más arriba, convertían la situación en dramática.

Pero lo peor para Álvaro había sido la falta de reacción de los otros médicos presentes en la sala y de sus propios compañeros. Se negaba a creer que todos estuvieran de acuerdo con Barbero. ¿Es que a ninguno le repugnaba la idea de poner fin a una vida humana? Más bien creía que tenían miedo. Quizá los médicos estaban temerosos de perder su status, dada la influencia que Barbero tenía en el hospital, y los alumnos, sólo buscaban aprobar y no meterse en problemas. Le vino a la mente una frase que había leído hacía tiempo: “Lo más atroz de las cosas malas, es el silencio de la gente buena”.

Al finalizar la reunión, Álvaro se situó en la puerta de la sala, esperando a que el doctor Barbero terminara de hablar con otro médico. Al cabo de unos minutos, éste se le acercó y le dijo:

-Romero, solo puedo decirle que lo de hoy ha sido decepcionante. ¿cómo se atreve a contradecirme en público? Veo que aún es usted muy joven, de manera que madure, o no volverá a hacer prácticas hasta que haya terminado la carrera. Le espero aquí dentro de media hora para comenzar la ronda.

Y dando media vuelta, se metió en su despacho. Álvaro cabizbajo, se sentó en una butaca del pasillo a esperar.


14 comentarios:

Gloria dijo...

Que bueno Eli, me imagino que continua, xxGloria

ulpiano dijo...

Una buena continuación a la entrada de ayer. Estoy deseando saber como sigue.

Anónimo dijo...

El problema es que los médicos recibimos formación científica, pero no ética, porque la ética está desvirtuada. La influencia del relativismo es tan grande, que todo queda en la “opinión” de cada cual, lo que supone una aberración.

Mª Ángeles Cantalapiedra dijo...

Hooooooooooooooola, buenos días. me he leído de un tirón las dos entradas; quiero más, por favor...
besucos y buen día

Aguijón dijo...

Te recomiendo un libro "El médico" ... en el habla claro del "juramento hipocrático"... ese que hacen los médicos por el que se compromenten a salvar vidas...
un beso,

Natalia Pastor dijo...

Barbero tiene todos los visos para sustituir a Bernat Soria como Ministro de Sanidad(?) en la próxima remodelación de Gobierno.
O él,o el Dr Montes.

Guerrera de la LUZ dijo...

Espero que luego nos cuentes si esto es una historia real o una novela de terror. Y ya se que siempre la realidad supera la ficción.

Ah, mi amigo bebe con pajita, si. Y se la tienes que poner. Y desde su silla, está dándole a todos los que le rodean un ejemplo tremendo de fuerza vital y de alegría constánte.

En los años que lleva asi_y he compartido mucho tiempo con él, sólo un dia, estando de vacaciones en Tenerife juntos, sólo esa vez le oí quejarse, y sólo dijo que estaba hasta las narices de estar sentado, que tenía ganas de salir corriendo.

Qué lindo es...¿verdad?

En fin, qué pena de gente arrastrada por todo este tsunami macabro.

Besos.

Juanjo dijo...

Cuando se creó el niño medicamento, tampoco se escucharon muchas voces de científicos protestando por el ataque a la vida de seres humanos. Sabían que era un tema emotivo que, al ser su fin la curación de un ser humano, tendría la aceptación de una mayoría de la sociedad y prefirieron callar. Por cierto, ¿oíste a Rajoy hablar del tema de la selección embrionaria?

Carmen dijo...

Me gusta la historia, espero que siga. Y tambien el cambio de look en tu perfil!

Jesús Sanz Rioja dijo...

Quién fuera Álvaro. Me temo que todos los que jugaban a la subversión en los años 60-70 se van a enterar de verdad de lo que es resistencia y lucha.

Altea dijo...

Gloria quiere que siga la historia, y a muchos nos gustaría, pero lamentablemente es posible que termine aquí, como la vida misma. Hay muchos Álvaros que, por desgracia, no pueden hacer más desde su sitio.

Altea dijo...

Por cierto, ¿ese cambio de look? Qué simpático el robot.

Marta dijo...

Enhorabuena por tu blog, me gusta mucho.
Le verdad es que la historia de Álvaro no me resulta extraña, por desgracia no es infrecuente ese tipo de situaciones y comentarios en el mucno de la medicina. Yo lo empecé a experimentar en la facultad, cuando un profesor de pediatría decía que en nuestra sociedad ya no había espacio para los "feos, gordos, tontos, y mucho menos malformados...", y me sentí como ese estudiante del relato, protestando dicciéndole a mis compañeros que aquello era una barbaridad, pero todos me decían que me callara y siguiera copiando apuntes, que al fin y al cabo ¿qué importancia tenía? Con el tiempo me he ido dando cuenta de que las mentes están mucho más envenenadas de lo que yo creía.
Muchas gracias

Hilda dijo...

¿hay una tercera parte? mira que ya me quedé picada. Creo que al doctor Barbero le hace falta conocer a algunos tetraplégicos de México que gracias a la tecnología son útiles a la sociedad. Lo confieso pasar por esa prueba sería duro para mí, por lo mismo admiro a esa gente que puede decir "yo soy más que un cuerpo que no responde"
Además un estado irreversible no significa no tratar, lo dijo bien Álvaro hay que hacer que esté cómodo. Una cosa es evitar los tratamientos extraordinarios que efectivamente dañan y hacen sufrir a los pacientes terminales y otra cosa es no tratarlos y menos aún el matarlos directamente.
En fin. Saludos. Hilda

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