Bueno, esta entrada va a salir un poco desfigurada pero, como diría Bono, ‘ej que’ llevo un buen rato con un ataque de risa. Acabo de pasarme por el blog del inefable Pepiño Blanco y, no os lo vais a creer, pero lo de Pepiño, va en serio. Aquí os dejo un extracto:Soy católico
(si tú lo dices...). Como tal, estoy dispuesto a creer que el aborto es un pecado
(mira, por una vez y sin que sirva de precedente, tienes razón. El aborto es un pecado, porque es una gravísima ofensa a Dios. El Concilio Vaticano II lo califica como un “crimen horrendo”, porque consiste en quitar la vida a una criatura inocente, incapaz de defenderse).
Pero antes soy ciudadano y demócrata
(ya empezamos con la coherencia). Y como tal, no estoy dispuesto a creer ni a admitir que el aborto tenga que ser un delito
(eso es lo malo de tantos católicos, que anteponen el hecho de ser ciudadanos y demócratas al honor de ser testigos de Cristo).Como creyente
(¡y dale!), se me puede exigir que mi vida personal responda a los criterios morales derivados de mi fe
(pues, más bien sí…).
Pero como representante de los ciudadanos no se me puede exigir que pretenda imponer esos criterios por ley a toda la sociedad. Más bien se me tiene que exigir lo contrario: que defienda
el derecho de todas las personas a vivir de acuerdo con sus propios valores, religiosos o de cualquier otro tipo
(muchos estamos esperando que defiendas el derecho de todas las personas a vivir… sin más. Pero parece que podemos esperar sentados).
La confusión entre pecado y delito, la idea obsoleta de que el Estado debe actuar como brazo ejecutor de la doctrina de la Iglesia
(¿y esto quien lo dice?), la injusta pretensión de obligar a todos a vivir según las creencias de algunos
(esto se lo has copiado a Maritere de la Vega), la nunca abandonada aspiración de hegemonizar moralmente a la sociedad a través de las leyes
(tú has visto muchas películas), es la causa principal de que muchos sigan viendo hoy a la Iglesia Católica como un instrumento de opresión
(sólo tú y otros pocos herejes).Cuando Azaña pronunció su famosa frase: España ha dejado de ser católica, no quería decir que los españoles hubieran perdido la fe, sino que la religión había regresado al ámbito del que nunca debió salir, el de las convicciones íntimas y privadas
(veo que sigues con tu más puro estilo laicista. "Se habla hoy de pensamiento laico, de moral laica, de ciencia laica, de política laica. En la base de esta concepción hay una visión a-religiosa de la vida, del pensamiento y de la moral, es decir, una visión en la que no hay lugar para Dios" - Benedicto XVI).
No hay ninguna amenaza eclesiástica
(¿alguien te ha amenazado?) que pueda inducirme, como miembro del Parlamento, a promover una legislación que convierta en delincuentes a las mujeres que quieren decidir sobre su maternidad.
(Demagogia barata. La maternidad hay que decidirla antes de ser madre. Cuando se ha engendrado y se aborta, se es madre de un hijo al que has asesinado).
Y la obligación del legislador democrático, cualesquiera que sean sus convicciones íntimas, es garantizar que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos en condiciones de libertad y de seguridad
("La democracia necesita de la virtud, si no quiere ir contra lo que pretende defender y estimular" – Juan Pablo II).Porque si el aborto es un crimen que tiene que ser perseguido, lo será de igual manera con la ley que está en vigor desde hace más de veinte años que con la que ahora propone el Gobierno
(¡y yo que creía que eso sólo lo decíamos cuatro radicales!). Se trataría del mismo crimen cuando gobernaba el PP y se practicaban en España más de medio millón de abortos legales cada año que cuando gobierna Zapatero.
(¡Olé! Pues a ver si resulta que al final te ha iluminado el Espíritu Santo, porque tienes toda la razón. Es el mismo crimen, gobierne quien gobierne).Pero nada de eso sucede. Nadie llamó asesino a José María Aznar
(‘ejem’… algunos sí…), que gobernó ocho años con una ley que bajo el coladero del “daño psicológico” para la madre permite abortos prácticamente sin límite y sin control
(y que trajo a España la Píldora del día después y la Píldora abortiva. ¡Sí señor! Y si sigues escribiendo así de bien, voy a tener que darte un espacio diario en mi blog).
Hay más… (aciertos y sandeces, la mayoría sandeces, todo hay que decirlo). Si queréis leerlas, haced clic aquí.